Lunes, 03 de Diciembre de 2012 07:00
Por Nurit Martínez
EL UNIVERSAL
CD. DE MÉXICO.- El combate al crimen organizado “es deber irrenunciable del Estado” e implica no sólo en el uso legítimo de la fuerza sino respetar en todo momento los derechos humanos, salvaguardando la tranquilidad social e impulsando una educación para la paz y en los valores que rehaga el tejido social, planteó la jerarquía de la Iglesia Católica al presentar los que considera nueve retos para el Presidente Enrique Peña Nieto.
El cardenal Norberto Rivera Carrera, por su parte, manifestó su esperanza y expectativas para que el Gobierno del priísta traiga “tiempos mejores”.
Durante su homilía en la Catedral Metropolitana, dijo ante los fieles católicos que es momento de albergar esperanzas, pero también “que no nos defrauden, así estamos comenzando un nuevo sexenio a nivel federal, somos muchos los que esperamos tiempos mejores”.
Señaló que es momento de que todos se comprometan y colaboren para que las cosas pasen, se cumplan los deseos y las exigencias de la sociedad. Indicó que no solamente es estar sentado, “esperando la pasada del autobús” que nos llevará a mejores destinos, sino que se requiere participar en este nuevo escenario.
Bajo el nombre de “Los Retos del Presidente Peña Nieto”, la Arquidiócesis de México planteó nueve desafíos a enfrentar.
En el Semanario Desde la Fe, señaló que la llegada de Peña Nieto abre nuevas expectativas de desarrollo en una sociedad divida ideológicamente, “abrumada por la pobreza, la desigualdad social y la falta de oportunidades para las nuevas generaciones”.
La Iglesia señaló que ningún buen mexicano debe apostar al fracaso del nuevo Gobierno; y dijo que a pesar de que la realidad es “desoladora”, es momento de hacerle frente.
Propuso la promoción de un auténtico humanismo que permita que la capacidad de servicio esté por encima de los intereses partidarios o particulares, de gremios o ideologías.
Consideró que la educación debe ser entendida también como una formación integral de valores y no sólo de transmisión de conocimientos. Convocó a promover y fortalecer la figura de la familia como palanca para la generación de valores e integración en el desarrollo social.
Explicó que México es una sociedad “herida por el flagelo apocalíptico de una violencia demencial desatada por el crimen organizado e impotente ante un nuevo sistema judicial ineficiente y corrupto”.
Exhortó a combatir la injusticia social mediante la creación de empleos debidamente remunerados; la implementación de programas sociales libres de paternalismo y clientelismo político; lucha contra la arraigada corrupción; y a que se promuevan las iniciativas de desarrollo económico, a través de reformas constitucionales.