Martes, 11 de Diciembre de 2012 07:00
Por Antonio Baranda
AGENCIA REFORMA
CD. DE MÉXICO.- El sacerdote Alejandro Solalinde lanzó ayer una advertencia tras recibir el Premio Nacional de Derechos Humanos 2012 de manos del Presidente Enrique Peña Nieto: México está muy mal y requiere dar un vuelco en su forma de gobernar.
“México está pasando (...) por un momento muy difícil. Debemos escuchar muchos gritos de personas que están sufriendo, que debemos hacer algo por ellos, no nada más por los migrantes. Y cambiar (la) dinámica que hemos tenido.
“Cuando está uno en crisis necesita uno buscar soluciones profundas que no pueden ser epidérmicas. México está mal, hay que decirlo, y ya la forma tradicional, las estructuras tradicionales que teníamos ya no alcanzan, ya no. Necesitamos mirar de otra manera, empezar a ver de otra forma”, demandó.
En presencia del Mandatario, así como el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y del Ombudsman nacional, Raúl Plascencia, Solalinde pidió poner los derechos humanos en el centro de la agenda pública.
El fundador y presidente del Albergue “Hermanos en el Camino”, de Ixtepec, Oaxaca, planteó además escuchar a los jóvenes y a las mujeres, para buscar soluciones conjuntas que estén aisladas, dijo, de parcialidades y diferencias políticas, ideológicas y religiosas.
“Ya no se vale trabajar y vivir para un sólo partido, para una sola facción. Necesitamos unirnos, crear sinergias para ayudarle a México. Solamente así nosotros podemos salir adelante. Lo importante es que nos unamos de verdad y que nuestros ejes sean buscar la justicia, la transparencia, la rendición de cuentas.
“Hemos tenido un estilo de gobernar que debe quedar en el pasado, debemos, ciertamente, tener como un eje transversal los derechos humanos para todos y para todas, no nada más de un sector. La respuesta tiene que ser el diálogo y tiene que ser el acercamiento”, expresó.
Solalinde, quien dedicó el premio a quienes han perdido a sus hijos o no los encuentran, aseguró que hasta ahora el estilo del poder ha sido deductivo, autoritario y hasta paternalista, por lo que propuso a los servidores públicos de todos los niveles cambiar esa dinámica para escuchar y acercarse a la gente.
En la Residencia Oficial de Los Pinos, urgió a adoptar un espíritu de servicio que también fomente sinergias y nuevas estructuras de participación ciudadana y autogestión, que pondere el diálogo, supere las actuales “estructuras machistas” y acepte la crítica.
“No hay que tener miedo, no podemos tener miedo a nuestro pueblo, a nuestra gente. La disidencia es normal y más en este tiempo de crisis que vivimos. Es lógico que un País con tantos rezagos, con tanta sed de justicia, hundido en la corrupción y en la impunidad, quiera cambios. Es normal y los tenemos que dar a todos los lados.
“Ciertamente, la represión no es la solución, sino es el diálogo. Si nosotros privilegiamos el diálogo por encima de todo, vamos a encontrar, ciertamente, respuestas para todo”, expresó el presbítero, quien recibió una medalla de oro, un diploma y un cheque de 250 mil pesos.