Martes, 25 de Diciembre de 2012 07:00
Madres lloran por la ausencia de sus hijos, a los cuales no pierden la esperanza de encontrar
Staff
AGENCIA REFORMA
CD. DE MÉXICO.- Algunas escriben dirigiéndose a ellos, a sus hijos desaparecidos. Otras redactan a manera de biografía, ya sea en papel o por correo electrónico.
Unas alternan destinatarios en sus misivas: les hablan a los hijos, pero también a los que se los llevaron. Escriben de manera coloquial, muy sentida; a veces con dolor y en otras ocasiones con alegría por la vida que compartieron.
Unas más hacen de sus cartas un ruego.
De esta manera, por primera vez, madres de desaparecidos en los últimos años se dirigen a ellos.
Convocadas por Grupo REFORMA y con la ayuda de la asociación Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos (CADHAC), madres de familia les escriben a sus hijos previo a la Noche Buena. Para hacer presentes a los ausentes.
Para decirles, y para decirnos, que no se han ido.
‘Al verlos, los
comería a besos’
David, mi niño querido; Joce, mi niña hermosa...
David, parece que fue ayer cuando te llevaba en mi vientre. Fuiste muy tranquilo los nueve meses de embarazo, te amé desde el momento en que supe que estaba embarazada de ti. ¡Por poco y naces en el carro (tu Mazinger Zeta, decías)! Parecía que tenías muchas ganas de conocer el mundo al que venías. Yo le di gracias a DIOS por la nueva joya que me mandaba para aumentar el tesoro que me dio para cuidar.
Joce, parece que fue ayer cuando en noviembre de 1982 me dijeron que de nuevo sería mamá. Se me hacían tan largos los meses para tenerte entre mis brazos y llenarte de besos. Recuerdo y me parece sentir cómo te movías inquieta en mi vientre, por lo que pensaba que estabas impaciente por nacer. Y el 14 de julio de 1983 le di gracias a DIOS por la nueva joya que me había mandado, pues Beria y tú eran mis dos primeras joyas del tesoro que me encomendó DIOS para cuidar. Te veías tan tierna y hermosa que me enamoré de ti irremediablemente.
David, mi niño: tenías 4 años y siempre andabas atrás de mí cantando y platicando por toda la casa. Te decía: Davicito ¿no te cansas de hablar?, y me contestabas: no, como Chabelo, hablo mucho, y seguías platicando. Decías que ibas a ser torero y si veías a tus hermanas o a los perros agachados los picabas con dos palos, porque decías que eran tus banderillas.
Joce, niña mía: tú fuiste creciendo cada día más inquieta por descubrir el mundo, siempre preguntando qué era esto o para qué servía aquello. Recuerdo cuando tenías 2 ó 3 años, yo me recostaba un rato con ustedes y no me dejabas dormir pues me abrías los párpados y me decías: no te duermas, aquí estamos nosotros. También, cuando tu papá se iba de viaje por cuestión de trabajo y hablaba por teléfono para saber cómo estábamos, tú le decías papá bom bom para que te trajera dulces. Que días aquellos de felicidad.
En el kinder, David, a tu maestra le causaba admiración que hablaras tan propio para tu edad y en el festival de primavera nunca te pusiste el disfraz de árbol que te hice, por más que te insistí, y fuiste el único que se graduó con botas. En la primaria te gustaba participar en los bailables, eras muy amiguero e inquieto, tanto, que Beria siempre llegaba enojada pues te ponías a platicar con cualquier persona en el camión o te ponías a cantar y a bailar. En la secundaria seguiste igual, tu carisma hacía que tus amigos te escogieran de líder, pues siempre el que te conoce se hace tu amigo; tienes el don de dirigir a la gente al ser una persona en la que se puede confiar.
Eres responsable, amable, muy noble, te gusta ayudar a todas las personas al igual que a tu familia. A esa edad empezaste a trabajar con tu papá, eres su brazo derecho en su empresa y, a pesar de graduarte en Ingeniería en Electricidad y Comunicaciones, no dejaste de ayudarlo. Te gusta estar inventando muebles o accesorios para la casas, has trabajado de chofer, asesor de campañas y de empresas. Cómo extraño que me despeines y me digas cabecita blanca, lo mismo que oír tus cantos por toda la casa, tu risa contagiosa, tus bromas, y que a pesar de mi comida fea, la casa y la ropa sucia así me amabas. Cómo extraño nuestras largas pláticas, que a veces nos amanecía solos, otras junto a tus hermanos, tus pequeños detalles que me llevabas.
Tú, Joce, en el kinder fuiste la flor más bella del festival de primavera, siempre alegre y juguetona. En la primaria siempre te la pasaste ayudando a tus amigas si tenían problemas, así es tu forma de ser, pues con la familia también eres muy acomedida. Cuando entraste a la secundaria te gustaba participar en todas las actividades culturales y también en los deportes. A los 15 años dejaste de ser el botón de flor para convertirte en una bella rosa, como tu nombre Jocelyn (Bella) lo dice. En la prepa seguiste de amiguera e inquieta, siempre responsable. Te gustaba ser la organizadora de las tareas y actividades que les encargaban, y cuando entraste a estudiar licenciada en educación trabajabas y estudiabas para ayudar en los gastos de tu carrera.
Tantos y tantos planes, tantos sueños que tenían, hijos míos. Tu mayor ilusión, David, es poner en tu casa un salón de fiestas con los muebles que tú diseñaste y mandaste hacer, y otros negocios para que tu papá y yo nos fuéramos de viaje, porque él ya había trabajado mucho y merecía relajarse. Por tu parte, Joce, tu mayor ilusión es casarte con el amor de tu vida, Ángel, y formar una familia, tener hijos, ponerle a tu primera hija Ivy Monserrat. Extraño tanto tus pláticas, cuando me pedías consejos, ver películas o novelas acostadas con tus hermanos, tus comidas, tus bromas. Cómo te preocupabas cuando alguno de nosotros enfermaba. Ahí estabas siempre solícita y amorosa para atendernos. Tu amor era la mejor medicina.
Yo sé que todo esto lo van a hacer realidad, porque DIOS los va a traer de su mano. De niños nunca quise llevarlos a lugares con mucha gente por temor a perderlos y mira lo que son las cosas: ahora de grandes los perdí y siento un dolor tan grande de no saber dónde están, mis pequeños. Me duele que personas tan malas hayan truncado todos sus sueños e ilusiones. Su vida entera.
Cómo quisiera que esta NAVIDAD y todos los demás días que nos restan estuvieran con nosotros y, al verles, los comería a besos, los abrazaría hasta que me dolieran los brazos. Palabras, palabras no podría decirles porque sé que el llanto no me dejaría, pero les haría sentir todo mi Amor por ustedes.
Su madre que
los adora
Virginia Buenrostro Romero.