Por Natalia Vitela
AGENCIA REFORMA
CD. DE MÉXICO.- En México, los casos de cáncer infantil aumentan y los especialistas escasean.
Los oncólogos pediatras saben que, en promedio, una tercera parte de los niños que atienden puede morir y que les espera una sobrecarga de trabajo.
De acuerdo con datos del Hospital Infantil de México “Federico Gómez” hace 20 años esta institución recibía un caso nuevo al año, ahora atiende a 250 en este lapso.
Algo similar ocurre en el Hospital Infantil del Estado de Sonora: hace dos décadas recibían a 30 niños por año y actualmente llegan 70.
A nivel nacional no hay datos estandarizados sobre los casos de cáncer en esta población, admite el Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia de la Ssa.
Lo grave, advierte Aurora Medina, jefa del departamento de Hemato Oncología del Hospital Infantil de México, es que en México no hay oncólogos suficientes para atender a los niños.
Según el Consejo Mexicano de Oncología, el País cuenta con 165 oncólogos pediatras certificados.
La asociación reporta que en Baja California Sur, Nayarit, Coahuila y Querétaro no hay ninguno y en 10 entidades sólo se cuenta con uno.
El resultado, advierte Fernando Sánchez Zubieta, jefe del servicio de Hemato Oncología pediátrica del Hospital Civil de Guadalajara, es el aumento de la mortalidad del niño.
“Si el niño se complica con fiebre por baja de defensas, de aquí a que viaja seis horas de una ciudad a otra, fallece. Es de vida o muerte. Hay cosas muy urgentes de manejar en estos niños”, advirtió.
Otro problema es el desaire a plazas de oncopediatría, lo que ocurre en el Hospital Federico Gómez.
Para 2014 hay seis plazas disponibles y dos están vacantes. En 2012 quedó una plaza sin ocupar y dos residentes se fueron, sólo permanecieron tres especialistas, aseguró Aurora Medina.
La oncóloga considera que el impacto psicológico ante el dolor y deterioro de los niños y la carga de trabajo hace poca atractiva esta especialidad.
“No todos los médicos soportan esto. Hay quien me ha dicho: ‘Me gusta la oncología pediátrica, pero no lo soporto, me lastima’. (...) Ese sufrimiento es una de las razones por la que los residentes se van”, explicó.
“Hay años que a la primera semana se van. Generalmente el que se va a ir lo decide tempranamente, se da cuenta de que eso no es lo suyo”, señaló.