Padecen mujeres en campo abusos

Por Henia Prado

AGENCIA REFORMA

CD. DE MÉXICO.- La miseria en La Montaña de Guerrero ha convertido a las mujeres indígenas en “esclavas” de los campos agrícolas de México.

Entre 2006 y 2012, cerca de 49 mil jornaleros de los pueblos Na Savi, Me’phaa, Naua y Nomndaa salieron de sus comunidades para emplearse en la siembra y recolección de frutos.

No obstante, se estima que en el último año, 47% de los migrantes eran mujeres, advierte en Centro de Derechos Humanos Tlachinollan.

En su informe “La Montaña de Guerrero. Tierra de Mujeres Migrantes”, se detalla que las trabajadoras son niñas, adolescentes, adultas y ancianas procedentes esencialmente de los municipios de mayor marginación a nivel nacional.

Muchas de ellas son captadas por enganchadores que les ofrecen trabajo en campos del Norte del País.

El traslado se hace en camiones inseguros que suelen descomponerse y sufrir accidentes.

Al llegar a su destino son establecidas en cuartos sin servicios básicos y los contratos sólo son verbales.

La incorporación de mujeres indígenas a las labores rurales obedece a una creciente demanda de mano de obra barata, temporal y flexible.

A los patrones sólo les interesa que sepan trabajar la tierra y se sometan a jornadas extenuantes, reprocha Tlachinollan.

“Se trata de un sector de la población pobre y olvidada, que enfrenta condiciones donde el trabajo, las normas sanitarias, el alojamiento, el transporte y la educación son inferiores a lo señalado por las normas nacionales e internacionales, lo que provoca que en muchas ocasiones enfrenten condiciones que bien pueden calificarse como formas modernas de esclavitud”, señala.

Además de los horarios de trabajo, también cumplen rol de madres, esposas y amas de casa.

A las 4:00 horas se despiertan y preparan el desayuno, alistan a los niños, van a su lugar de trabajo y su jornada concluye a las 7 de la noche.

Les está prohibido descansar, resguardarse del sol o ir al baño, pues deben sacar la producción del día.

Tal esfuerzo va en detrimento de su salud pues son blanco frecuente de enfermedades provocadas por falta de descanso, desnutrición, exposición a agroquímicos y al sol, por lo cual muchas de ellas mueren.