Por Federico Osorio Altúzar


AYER Y HOY: CAJEME EN EL CABÚS DEL PRESUPUESTO


Mal le va a Cajeme según noticias en "Tribuna del Yaqui" y "Crítica" de Hermosillo, y de acuerdo con el juicio de Rogelio Díaz Brown quien deplora cómo, respecto del ejercicio fiscal 2014, recién aprobado, no hay un "solo peso etiquetado" para el Municipio. Y como si fuera poco, dio a conocer que en 2013 Cajeme había recibido la asignación de cien millones de pesos. Pero los cuales, comentó, no llegan aún a las arcas municipales.
Vamos así, de mal en peor. Al daño se añade paladinamente la ofensa. Y es de temer, aunque sería el colmo, que con los ciento veinte millones de pesos procedentes de la Federación merced a la eficiente y tenaz intermediación de los legisladores sonorenses, se tuviesen que allanar compromisos que urgen a la población y que corresponde ser atendidos con recursos propios de la Entidad.
Queda corto el dicho aquel de que los amigos se conocen y reconocen en la nómina. Aquí se sustituye con la conseja según la cual entre los no amigos, por decir lo menos, en la nómina presupuestal el poderoso, el más fuerte en lenguaje platónico, castiga y atropella al más débil, al indefenso en las actuales circunstancias, sin tomar en cuenta que el débil puede convertirse en fuerte a muy corto plazo y el que ahora está en desventaja puede resultar y ser el que se alce con el triunfo.
Mientras tanto, Cajeme confinado en el cabús del flamante Presupuesto de 2014 padece crecida inseguridad y violencia a manos del crimen organizado. Sigue su marcha triunfal el golpeteo del desempleo con todo y los esfuerzos de la administración política local que hace hasta lo imposible para sacar adelante los programas de convivencia urbana, los proyectos de desarrollo social en los poblados periféricos requeridos de servicios públicos, de inmuebles escolares funcionales, de instalaciones deportivas con el fin de respaldar la política de convivencia en paz.
En resumidas cuentas, la inanición presupuestal llega a la situación de tener que acudir al endeudamiento por casi encima de la capacidad para hacer rendir óptimamente los haberes del magro erario municipal.
Palanca de desarrollo es el presupuesto. A una rigurosa política de ingresos le corresponde, asimismo, una planificación técnica, equitativa, para ejecutar la distribución de los recursos.
Por el contrario, en manos proclives a la anarquía administrativa el presupuesto es, puede serlo, arma punitiva y de control, medio para hacer quedar mal al adversario, al que no es de la misma camarilla, del que no comulga con la personal ideología y acaso piedra de escándalo en daño y perjuicio individual. Así, el presupuesto se vuelve forma de castigo, garrote vil en manos semejantes.
La penalidad infligida en estos casos, al margen de la ley, no deja de causar graves dividendos. Origina descrédito a quien incurre en ello. Sobre todo, cuando a las conductas ilícitas se añade la impunidad. Y cuando la ausencia de controles o la indiferencia mezclada con la apatía para darles eficacia, lleva al encubrimiento y a la confabulación. Finalmente, el susodicho proceder motiva desconfianza hacia la organización en la que se escuda el supuesto manipulador, devolviéndole mal por bien, perjuicio en vez de buena paga; es decir, ingratitud en última instancia.
Cajeme es, ni quien lo dude, un Municipio cargado de historia forjada con hechos y sucesos de reciente factura. No llega aún a los dos tercios de siglo y da la impresión de haberse iniciado a grandes zancadas o impulsos, por el esfuerzo, la tenacidad y la inventiva de sus líderes y progenitores.
Ha transitado con donaire, por decirlo así, de una demarcación caracterizada por su auge agroindustrial a un estatus de señorío en donde lo económico se imbrica en lo cultural y humanístico. Sus instituciones educativas lo expresan de ese modo, con particular elocuencia.
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