Es un doble sueño: para los que acudieron al reclutamiento significa la posibilidad de obtener un trabajo; para el Estado, el anhelo de contar con la corporación policiaca ideal. Ninguno de los dos deseos se está cumpliendo


Por Andro Aguilar
AGENCIA REFORMA
CD. DE MÉXICO.- Un policía con el ceño fruncido da indicaciones a medio centenar de hombres y mujeres alineados sobre la banqueta como en un paredón. Intenta, con voz firme y marcados ademanes, que los aspirantes a integrar la Gendarmería Nacional dimensionen el tamaño de la institución a la que desean ingresar.

-No es una empresa de lácteos ni de galletas, tampoco de refrescos. Están ante la Policía Federal -les advierte en tono enérgico.

En efecto, el edificio ubicado en la colonia Vallejo de la delegación Azcapotzalco está lejos de parecer una refresquera. Varias camionetas con la cromática de la Policía Federal están colocadas en la entrada principal resguardada por agentes armados. En ocasiones, la gente que espera a sus familiares es retirada de la acera por los policías con el argumento de que se trata de una zona federal.

-Ya los llamaron. Den buena imagen -indica el agente con una lista con los nombres de las personas citadas en la mano derecha.

-Usted: ¡sáquese las manos de las bolsas! -ordena a uno.

-¡Quítese la gorra por favor! -le dice a otro que obedece al instante.

-Derechos, que no parezca que están en la fila de las tortillas o la del Metro. Esto, jóvenes, es la Federal.

Con la espalda pegada al muro gris, los aspirantes echan los hombros hacia atrás, endurecen la mandíbula, responden meneando la cabeza o con monosílabos, imitan la rigidez de los uniformados que custodian con sus armas largas las instalaciones.

Los jóvenes quieren cumplir el sueño de integrar la agrupación proyectada por la Presidencia de la República como el remedio para un País lastimado durante años por la violencia.

Saben del terror que ejercen los grupos criminales en el territorio mexicano. Algunos se han enterado por los medios de comunicación; otros lo conocen por los relatos de sus vecinos de Valle de Chalco, en el Estado de México, o de sus familiares de Huetamo, en la Tierra Caliente de Michoacán.

Llegaron de distintas entidades del País a la Coordinación del Sistema de Desarrollo Policial en la Ciudad de México para demostrar que son capaces de constituir el grupo de gendarmes que prometió Enrique Peña Nieto como candidato, anunció como Presidente electo y firmó en el Pacto por México -compromiso 76- junto con los dirigentes del PAN y el PRD al día siguiente de tomar posesión en el Congreso.

Una corporación que, a más de 18 meses de su anuncio, sigue siendo un sueño.



Sin marco legal

Este lunes el Mandatario se reúne en el Auditorio Nacional con elementos de la Policía Federal para entregar condecoraciones y otorgar ascensos. Una celebración en la que los gendarmes siguen ausentes.

Luego de que en campaña fue prometida como uno de los ejes para satisfacer una de las demandas más altas de los mexicanos -la seguridad-, la propuesta de la Gendarmería Nacional se ha desinflado en el primer año del Gobierno peñista.

La falta de claridad y la desorientación en el proyecto derivaron en meses de discusión sobre el perfil de sus integrantes.

De inicio, sería una fuerza alimentada por 40 mil elementos del Ejército y la Armada. Al estilo francés, dijo Peña Nieto en su gira como Presidente electo por Europa, pero en su estrategia de seguridad la promesa fue reducida a 10 mil.

La última cifra fue definida en agosto pasado por el comisionado nacional de Seguridad, Manuel Mondragón y Kalb: 5 mil integrantes, ninguno militar, adscritos no a una nueva corporación, sino a la que será la Sexta División de la Policía Federal, a partir de julio de 2014. La misión de los gendarmes será resguardar rutas de tránsito de migrantes y mercancías, y otras que pudieran encontrarse vulneradas por la delincuencia en zonas rurales o marginadas.

Las modificaciones legales para la estructuración de la Gendarmería programadas en el Pacto por México para el segundo semestre de 2013 no se cumplieron, ni siquiera se enviaron las iniciativas del Ejecutivo, y los mil 500 millones de pesos que le fueron asignados en el Presupuesto de Egresos 2013 no habían sido ejercidos hasta septiembre de este año.

De acuerdo con el investigador Ernesto López Portillo, director del Instituto para la Seguridad y la Democracia, Insyde, ni el Presidente, ni el secretario de Gobernación, ni el comisionado de Seguridad han podido responder claramente para qué México requiere a la Gendarmería.

López Portillo lamenta que, al igual que en el sexenio calderonista, este Gobierno priorice aumentar el número de policías como solución a la violencia. Y advierte el riesgo de que el nuevo grupo se contamine de las prácticas violatorias de derechos humanos en que han incurrido los integrantes de la Policía Federal.

La formación de los cadetes será policial y militar, como lo señaló Enrique Peña Nieto el 27 de agosto en sus "10 estrategias de la Política Pública de Seguridad y Justicia", durante la 34 Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública.

Una contradicción, califica López Portillo, que violaría el Artículo 21 Constitucional que señala que la policía debe ser de "carácter civil y disciplinado".

La disciplina militar -asegura el especialista- inhibe y debilita la responsabilidad de los policías en la calle para ejercer un criterio autónomo en la resolución de problemas, y los coloca en una línea de mando donde tienen que acatar instrucciones y ser sujetos a una férrea disciplina para cumplirlas.

Los jóvenes seleccionados para conformar la agrupación serán capacitados en cinco unidades: tres enfocadas en la proximidad social y el respeto al marco legal, y dos para desarrollar habilidades físicas, de defensa e investigación.

De acuerdo con la oficina de Comunicación de la Policía Federal, cerca de 4 mil agentes reciben capacitación en el Centro de Formación Policial, en San Luis Potosí. Algunos de ellos brindarán asistencia y apoyo técnico a los viajantes en las carreteras del País durante este periodo vacacional.

En ese sentido, López Portillo subraya que la proximidad policial debe responder a una filosofía institucional que invierta en capacitación, diseño de indicadores y de modelos de despliegue, pero principalmente de evaluación. No a un calificativo bordado en el uniforme policial.



Sin método

Eduardo Guerrero, director de Lantia Consultores, coincide en que el anuncio de la Gendarmería lanzado por Peña Nieto se hizo sin tener claro lo que se quería, pero destaca su importancia para garantizar la presencia del Estado en zonas del País con pobreza e inseguridad, y para ayudar a atender oportunamente las demandas de la población y así evitar la propagación de grupos de autodefensa.

El especialista señala que la nueva agrupación debe de englobarse en un ámbito de prevención, donde el crimen organizado no cuente con arraigo social, por lo que la cantidad inicial de gendarmes parece insuficiente.

Para 2014, en el Presupuesto de Egresos de la Federación se destinaron a la Gendarmería 4 mil 500 millones de pesos, menos del 10% de lo que recibirá la Secretaría de la Defensa Nacional, con 65 mil 236 millones, y apenas el 18% de lo destinado a la Marina, con 24 mil 602 millones de pesos.

Guerrero lamenta que el fondo en 2014 para la Subsecretaría de Prevención y Participación Ciudadana, organismo encargado de la política preventiva de seguridad en México, sea de 2 mil 500 millones de pesos, menos de la mitad que lo que en el sexenio anterior se envió al programa "Todos Somos Juárez" (6 mil millones de pesos entre 2010 y 2011).

El especialista calcula que la Gendarmería necesitará entre ocho y doce meses para crear vínculos con la comunidad y generar información sobre los posibles riesgos de inseguridad y conflictividad social.

Y subraya que, para que esta agrupación realmente funcione, la estrategia de seguridad debe contar con algo fundamental: método.



Reclutamiento

Durante más de dos meses, a las instalaciones de la PF han llegado alrededor de 20 mil aspirantes: meseras, albañiles, abogadas, mecánicos, costureros, policías municipales, madres de familia, criminólogos. Con ropa deportiva y sus documentos de identidad en sobres amarillos o carpetas transparentes, buscan probar que son aptos para el reto.

Pasaron un primer filtro al prerregistrarse por internet y fueron citados para presentar las primeras pruebas. Sin tatuajes ni perforaciones en la piel, "con vocación de servicio, honestidad, lealtad y disciplina", les advirtió la Comisión Nacional de Seguridad en la convocatoria lanzada desde septiembre pasado.

Los que cumplen con los requisitos obtienen una nueva cita para realizar las pruebas físicas y psicométricas.

Algunos de los aspirantes tienen el anhelo de ser policías federales desde muy jóvenes; a otros los mueve la promesa de un sueldo seis veces superior al salario mínimo en México, además de seguros médico y de vida, y otras prestaciones por parte de una corporación cuyo número de integrantes creció 600% en el sexenio de Felipe Calderón.

A unos metros del muro donde los jóvenes están formados, sus esposas, hermanos, amigos o padres los miran enfilarse al interior de la institución.

Esperan sentados en la banqueta más de tres horas a que los aspirantes salgan con buenas noticias. Ellos también comparten el sueño de la Gendarmería.