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El subcomandante revela en entrevista que cambiaría ser tan protagónico en los medios

Por Laura Castellanos

EL UNIVERSAL

CARACOL DE LA GARRUCHA.- Aquella tarde fresca el rebelde del Sureste mexicano regresaba del recorrido por el Norte del País, como parte de las actividades de La Otra Campaña, una caravana en la que encontró poblaciones desgarradas por el crimen organizado y territorios indígenas devastados por los despojos. Lo vi agotado, abatido. Tosía por momentos. Sin embargo, durante la conversación mostró al humano detrás de la capucha, así como aquella agudeza y humor ya legendarios. El EZLN estaba por cumplir 14 años de vida.

El jefe guerrillero llegó armado, montando a caballo, acompañado de otros dos jinetes zapatistas. La charla tuvo lugar en un galerón del Caracol de La Garrucha, en el corazón de la Selva Lacandona, el 2 de noviembre de 2007. Ahí, el subcomandante insurgente Marcos dio la que sigue siendo considerada su última entrevista formal con medios de comunicación.

Hablando de aniversarios, ¿cómo llegas al catorce aniversario del EZLN? ¿Con qué sensación, con qué sentimiento, después del recorrido de “La Otra Campaña”? ¿Después de todo lo que ha pasado desde que llegaste aquí hace 24 años? -le pregunté al ser humano, más que al personaje-.

Hay una duda, una gran duda de si hicimos bien en detenernos en enero de hace 14 años (1). Y si fue un acierto, ya incluso con todos los fracasos, haber insistido tanto en la interlocución con arriba. Hay compañeros que dicen que no, que como quiera sirvió, pero yo siempre tendré la duda si...

¿Tú hubieras seguido? -lo interrumpo-.

No, yo creo que hicimos lo que teníamos que hacer, y yo hice lo que tenía que hacer. Pero siempre voy a tener la duda de qué hubiera pasado si no hubiéramos parado, si hubiéramos interpretado la movilización ciudadana de otra forma. Qué hubiera pasado si hubiéramos interpretado el cese al fuego de (Carlos) Salinas de otra forma, porque nosotros estábamos con planes militares ya hechos, ya estaban rodando cuando se para todo.

¿Y qué planes militares eran? ¿Hacia dónde se iban a extender?

Avanzar -me contestó haciendo una pausa- hasta la ciudad capital -remató, riéndose-. Está la duda de qué hubiera pasado. Porque era tanto el descontrol de la clase política, bueno de todo mundo, que nosotros tampoco lo podíamos prever. Sí sabíamos que había fisuras adentro, pero no de tal magnitud. Todos se volteaban a ver quién era el que podía estar detrás del levantamiento del EZLN. Porque nadie pensó que era un movimiento legal. Todos pensaban “no, es el otro, el que le está buscando arruinar a Luis Donaldo Colosio” o que era Manuel Camacho o Fernando Gutiérrez Barrios o incluso Salinas de Gortari.



- La carga de ser “Marcos”

¿Y qué otras dudas tienes de las decisiones que tomó el EZLN en estos 14 años? -le dije pensando que me hablaría de alguna otra decisión militar-.

Si fue correcto haber permitido que se concentrara tanto la atención en la figura de Marcos, un individuo. A veces pienso que sí, que sirvió para asomarse a lo que estaba pasando dentro del movimiento. A veces pienso que no, que muchos se quedaron nada más en la figura y no vieron lo que estaba detrás. Incluso esta sospecha es más fuerte que la otra que fue histórica, y ésta fue propositiva. Y cuando nos dimos cuenta de lo que estaba pasando dijimos: “Bueno, usemos la figura de Marcos para esto”. Siempre está la duda, y a veces pienso que a lo mejor en unas épocas sirvió y en otras no.



¿Es mucha carga ser “Marcos”?

Aparte de lo que tengo que cargar en la mochila...

Digo, con la reflexión que me estás diciendo, y con lo que está detrás en este momento, ¿es mucha carga?

Sí.



¿Nunca has pensado: “¡Basta! ¡Ya no quiero ser Marcos!?”

Después de cada entrevista -continuó en tono serio-. Es mucha carga porque aunque esa responsabilidad se está diluyendo en la división de trabajo, aún prevalece la opinión de que los errores del EZLN son errores de Marcos, y que los aciertos son de las comunidades. A nosotros nos ha servido de mucho ser como el pararrayos. Pero entre los compañeros esta división del trabajo les provoca preocupación. Porque dicen, también por lo mismo, si hay un golpe, van sobre ti.

Lo imaginé en su camioneta, en sus recorridos de La Otra Campaña por el País, protegido por una escolta desarmada.



¿A veces te sientes vulnerable?

Sí, sobre todo cuando salgo en La Otra Campaña me siento completamente indispuesto porque no es mi territorio. No tengo los medios, no están mis compañeros, no tengo los recursos.

Qué pasaría si de pronto -no me deja formular la hipótesis de que sufriera un ataque-.

Lo pensamos para las salidas. Ahora con lo que está pasando (2), pues dicen los compañeros que probablemente no salga nadie más.



“Lo haría otra vez”

Bueno -continué con terquedad sobre el motivo de su persona-, hace 24 años llegaste, resume esa experiencia en una palabra o frase.

¿En una palabra? Aprender.

En una frase: volver a nacer.

En una entrevista con Gabriel García Márquez hablas de tu proceso formativo, de tu familia, de tus padres como maestros. Veinticuatro años aquí... Y yo te pregunto: ¿ha valido la pena?

Sí, si tuviera, lo haría otra vez, sin cambiar nada más que esa parte.



¿Cuál? ¿Haberse detenido en el 94?

No, lo mediático.



¿Qué hubieras hecho?

No sé. A lo mejor... hacer un esfuerzo para que se concentrara menos la atención en la figura de Marcos, precisamente en los primeros años. Porque más tarde quisimos remediarlo y ya no se podía. Por ejemplo, ahora valoran la presencia o ausencia del EZLN en los medios como la presencia o ausencia de Marcos. En ese punto hay un fracaso. Nosotros pensábamos que íbamos bien cuando nos abrimos y entró la prensa, porque fue así como se vio directamente a las comunidades, y se hicieron muchas entrevistas. De ese modo se conoció que el EZLN sí tenía base social. Pero en muchos medios se frivolizó, como en la película del mestizo que se va con los indígenas. ¿Cómo se llama?... ¡Danza con lobos! Y eso era lo que vendían algunos medios.

Veo que eso te pesa. Ya me has hablado dos veces sobre la presencia mediática de Marcos -pensé en voz alta-.

Si algo pensaría en cambiar sería eso, no haber sido tan protagónico en los medios -dijo por tercera vez-.



¿Eso también representó que mataras metafóricamente a Sebastián Guillén? ¿Quién es él? -suponía que “Marcos” debió anular su identidad original-. Puso cara de sorpresa.

¡Ah! ¡El tampiqueño! -me dijo en tono de burla, moviendo una mano-. ¡No!, ¡No sé por qué insisten en la historia del tampiqueño! ¡Y yo ¿por qué voy a matar a alguien? ¡No, yo no maté a nadie! Yo entiendo que tú como reportera quieres darle por ese lado, pero ese no soy yo. Y el nombre completo es Rafael Sebastián Guillén.

Me refiero a esto. Después de 24 años aquí ¿qué pasó con ese otro que no eres tú? ¿Qué se quedó atrás?

De esa persona que yo era antes, nada bueno. Yo pienso que si ese que yo era antes hubiera seguido las pautas tradicionales, o sea, si no me hubiera venido yo para acá, ¡uf!, sería diputado, senador del PRD, algo horrible pues. Ni siquiera algo más respetable, como capo de un cártel, que merece incluso más respeto. Pienso que las opciones que eliges tienen que ver mucho con el medio en que te mueves.

Y creo que lo fundamental de la vida de Marcos, considerando lo que fue y lo que es, es el momento en que decide quedarse aquí. Eso del PRD es una jalada. Pero hubiéramos seguido la línea de las guerrillas urbanas tradicionales.

A lo mejor habríamos llegado a ser conocidos o no -continúa-. A lo mejor terminábamos arrepentidos. Pero el proceso de formación de Marcos como ser humano ocurre fundamentalmente en las comunidades, y como parte de la generación a la que pertenezco, con la que entré a la clandestinidad, que es la del viejo Antonio -el indígena de la Selva Lacandona que lo acercó a la cosmovisión indígena-, que no tiene que ver con esta, la nueva generación.



- El origen del protagonismo

“Esta comunidad, el Caracol de la Garrucha, está más urbanizada. Fue hasta mero adentro, en la zona más aislada, más puramente maya, en la Selva Lacandona, donde vi lo que ocurría con la niñez de esas comunidades. No había niños. Se morían. Y las mujeres parían y se morían. Eso cambió todo. Y a partir de ahí, el proceso de formación consistió en que los compañeros que ahora son comandantes, y entonces eran contactos con los pueblos, se reeducaran. Ellos, los de mero adentro, empezaron a explicarnos lo que es la tierra, la cultura, el modo, lo que llaman usos y costumbres allá fuera, y nosotros llamamos “nuestro modo”. Nosotros decimos que entre las pocas virtudes que tenga Marcos la mejor es reflejar de alguna forma con palabras lo que está pasando”, dice el comandante, y en ese momento pensé en sus expresiones literarias.

¿Eso desde un principio se consideró parte de la estrategia? Porque los primeros comunicados tras el alzamiento eran muy de los años setenta -recordé-.

Cuadrados, ortodoxos. No, el plan no era ese. El plan era que el comité fuera vocero. Pero el 1 de enero se ching... todo. El 1 de enero, un grupo de comandantes de los Altos iba a dar las explicaciones del alzamiento a la prensa pero por culpa de un turista francés, el asunto se desvía.

El turista francés llega a la Plaza de San Cristóbal, que tenemos tomada. Yo ando por Rancho Nuevo. Me llaman y me dicen que hay un periodista que supuestamente habla inglés y que no le entienden, me piden que vaya para que traduzca.

Regreso a la Plaza de San Cristóbal, y resulta que se trata del turista francés, que está preguntando cuándo puede salir, y le explico que no puede salir. En eso llega la prensa y toma las primeras fotos. Y de ahí resultan las primeras versiones de la policía de que yo era francés, un extranjero. Yo le decía a los periodistas: ‘ahí está el comité, vayan para que les explique’. ‘Y usted ¿quién es?, ¿el comandante Tigre o el comandante León?’, preguntó un periodista de Tuxtla. ‘No, yo me llamo -le dije, a la James Bond- Marcos, subcomandante insurgente Marcos, y ahí ya se ching... Roma -y soltó una carcajada-.