Por Andrea Menchaca
AGENCIA REFORMA
CD. DE MÉXICO.- “Tengo 17 semanas y tres días de embarazo. Tengo el mismo peso que tenía cuando me embaracé, tal vez un poco menos, 68 kilos. Me peso cada día”, confiesa una mujer en un foro en internet.
En su escrito, ella señala sentir vergüenza ya que su esposo ha empezado a notar su obsesión por mantenerse delgada.
“No es que no esté comiendo, pero me estoy limitando... me aterroriza ganar mucho peso”, continúa.
Ésta es sólo una parte de una fuerte confesión en la que, además, acepta que su bebé no está progresando correctamente y aunque no quiere ser egoísta, no puede evitar alejarse de estos pensamientos.
La obsesión por conservar la figura es algo que también afecta a algunas embarazadas.
Aunque no ha tenido una paciente que reúna las condiciones para sospechar de un trastorno alimenticio, el ginecólogo Sergio Villarreal sí ha notado que algunas embarazadas están obsesionadas con su peso.
“(Son) pacientes que te dicen que están alimentándose bien, que están tratando de llevar un embarazo con una dieta saludable, pero a pesar de eso, no suben mucho de peso”, describe.
Marisa Fernández, fundadora de Comenzar de Nuevo, centro que atiende a pacientes con trastornos de conducta alimentaria, señala que sí han atendido casos con problemas en el embarazo.
“Cuando alguien está muy obsesionado por su figura, obviamente esta transformación de su imagen corporal les empieza a hacer ruido”, explica.
“Hay chicas que no están conscientes de la necesidad de nutrición en su cuerpo y el que es afectado es el producto, el niño o niña que venga en este embarazo”.

Conflicto y terror
Aunque no existe un nombre específico en la literatura científica, popularmente se ha descrito como “pregorexia” a las conductas de trastorno alimentario que tienen las mujeres embarazadas, dice Eva Trujillo, médica especialista en conducta alimentaria.
Roger Harms, vicepresidente del Departamento de Obstetricia y Ginecología de Mayo Clinic, señala que aunque el término “pregorexia” aún no es reconocido, el comportamiento es real y puede dañar la salud del bebé.
“La pregorexia es poco frecuente; es mucho más común que las mujeres embarazadas ganen demasiado peso, en vez de muy poco”, señala en la página de Mayo Clinic.
“No importa qué diga la escala, aun así, algunas mujeres se preocupan en exceso sobre el aumento de peso y experimentan problemas de imagen corporal en el embarazo”.
En su experiencia como directora médica de Comenzar de Nuevo, Trujillo ha visto el conflicto que les causa a algunas embarazadas el subir de peso.
“Cuando una persona tiene un trastorno de conducta alimentario y tiene que subir de 9 a 16 kilos, como en cualquier embarazo normal, puede ser una aventura aterradora.
“Para quien padece anorexia nerviosa o bulimia nerviosa, el embarazo puede influir fuertemente en el curso de la enfermedad”, describe.
Algunas mujeres sobrellevan su ganancia de peso con la idea de que “es un sacrificio por una buena razón” y se dan ciertos permisos con la comida.
“Pero para otras puede ser algo sumamente fuerte que las hunda en depresión o ansiedad”.
La pregorexia no sólo se presenta en mujeres que ya padecían trastornos alimenticios previo al embarazo, puede presentarse en quienes ya tienen un antecedente de conductas alimentarias de riesgo.
“Las conductas alimentarias de riesgo incluyen la dieta restrictiva y problemas como la imagen corporal, conductas de atracón o purgación (uso ocasional de laxantes o medicamentos o ejercicio con la idea de bajar de peso)”, explica Trujillo.
La experta agrega que diferentes estudios han reportado que los síntomas de trastorno alimentario más frecuentes en embarazadas son los episodios de atracón y la excesiva preocupación por el peso y la figura corporal.
“Conductas purgativas como vómito autoinducido o laxantes son menos frecuentes, pero sí las reportan. El ejercicio excesivo está reportado como en un 1% de las embarazadas”, indica.

Se vale ganar peso
“Es importante entender que subir de peso no significa que la mamá engordó”, subraya Sergio Villarreal, profesor de la Escuela de Medicina del Tec.
De ese incremento de peso, al final del embarazo, tres kilos y medio corresponden al bebé, y otro peso similar puede corresponder a un incremento real de masa corporal.
“El resto implica un incremento en la cantidad de volumen plasmático, de la masa de células del útero, que se va a reducir, y de la presencia del líquido amniótico, que se va a eliminar”.
Villarreal advierte que si una embarazada no se alimenta bien puede desarrollar desnutrición, después anemia y esto reduce la capacidad de oxigenar y enviar nutrientes a su bebé. Al paso del tiempo, esto puede desarrollar una restricción en el crecimiento intrauterino.
Luisa Martínez, nutrióloga del Instituto de Bienestar Integral del Centro Médico Zambrano Hellion, quien también ha tratado embarazadas estresadas con subir de peso, recomienda que haya cinco tiempos de comida.
La alimentación, dice, debe incluir todos los macronutrientes principales de forma balanceada: carbohidratos, proteínas y grasa.
En general una embarazada puede subir de 9 a 11 kilos, sin embargo, para ser precisos la nutrióloga señala que el peso recomendado depende del índice de masa corporal pregestacional.