Por Leo Zuckermann


¿Y tú, Fernando, qué propones hacer con las dictaduras?


Fernando Escalante, editorialista de La Razón, a menudo critica los males que aquejan a la prensa mexicana. Hace bien. El problema es que a veces él cae en los mismos errores que objeta. Por ejemplo: citar mal, algo que debió haber aprendido a hacer como buen académico que es. Dice Fernando (y yo sí lo cito como debe ser, completo y entre comillas): "Leo Zuckermann encontró la cuadratura del círculo. Nada con las dictaduras, salvo que haga falta: ‘hay situaciones en que un Gobierno democrático debe reunirse con una dictadura porque le conviene a sus intereses', porque es ‘un socio económico importante' o ‘una potencia mundial'. Es la versión neoliberal de la política exterior: hay que defender enérgicamente los principios morales, a menos que sea buen negocio renunciar a ellos -¡quien da más!"
Esto es lo que yo dije: "Cuando un Gobierno democrático legitima a una dictadura sólo puede justificarse porque le conviene a sus intereses. Ya sea porque la dictadura en cuestión es un socio comercial importante, una potencia mundial o un País que puede ayudar en mucho a la democracia en cuestión. Y hasta en esos casos incluso resulta cuestionable. Por razones morales, nunca una democracia debe apoyar una dictadura. A un demócrata debe avergonzarle darle la mano a un dictador a menos, y con mucha reticencia, porque a su País le conviene muchísimo. Los beneficios deben ser clarísimos para justificar una legitimación de este tipo".
Yo no renuncio al argumento moral o de principios de la política exterior. La clave está en la frase: "Y hasta en esos casos incluso resulta cuestionable". A propósito la puse por que sé que el tema no es nada fácil: ¿cuál debe ser la relación de un País democrático con una dictadura? ¿Qué debe prevalecer: principios o pragmatismo?
Escalante admite que el asunto es complejo: "La idea de emplear la política exterior para imponer estándares morales en la comunidad internacional es un disparate peligroso. Veamos: ¿Dónde habría que poner el límite? ¿Tendríamos que romper relaciones con Zimbabwe, donde gobierna Robert Mugabe desde hace treinta años, o con Guinea Ecuatorial, por los desafueros de Teodoro Obiang? ¿Y con Arabia Saudita, con Irán, que tienen una idea de los derechos humanos muy distinta de la nuestra? ¿Y Bielorrusia, Kazajstán, Angola?"
Difícil tema, sin duda. México, que en las épocas "doradas" de la política exterior no era una democracia sino un régimen autoritario, rompió relaciones diplomáticas con la dictadura de Francisco Franco para mantenerlas con una República que sólo existía en el exilio español. Mis respetos por esa decisión. Igual por la decisión de romper relaciones con otro dictador de derecha, Augusto Pinochet, de Chile. Pero Fernando, siguiendo su argumento, seguro considera ambas decisiones como "disparates peligrosos". ¿O no?
En contraste, México, incluso ya en épocas democráticas, ha mantenido relaciones, con muchos festines y apoyos, con la dictadura cubana. Nuestro Presidente incluso le fue a rendir pleitesía hace poco a Fidel Castro. ¿Pues cuál es la diferencia? ¿Qué lo explica?
Efectivamente: el asunto no es fácil. Yo por lo menos he tratado de explicarlo: cuando conviene a los intereses y hasta en esos casos resulta cuestionable. Escalante, en cambio, se sale por la tangente. Afirma que "nos hace falta algo más sólido, mejor pensado, de mayores alcances -que seguramente será una puesta al día de la política de principios". ¡Que cómodo! Habrá que esperar a que alguien nos ilumine de como debe ser nuestra política exterior en el actual contexto democrático. Y, mientras tanto, ¿qué hacemos?
Me gustaría saber cual es la opinión de Escalante. Y no se trata, como él dice, de "fervorines democráticos". Se trata de delimitar las fronteras de lo que debe hacer un País democrático como el nuestro cuando se trata de mantener relaciones con regímenes dictatoriales.
Aclaro que respeto muchísimo a Escalante. Que admiro su trabajo académico. Que disfruto sus editoriales en La Razón. Que me parece importantísimo que siga criticando los males de nuestra prensa. Por eso espero que no caiga en el error de citar mal con el fin de simplificar un argumento y endilgar, así, etiquetas como las de "neoliberal". (La verdad me recordó a un conspicuo político que, ante la falta de argumentos, le pone este epíteto a todo lo que le disgusta). En fin, concluyo insistiendo en mi atenta solicitud: Fernando, danos tu opinión de cual debe ser nuestra política exterior con las dictaduras tratando de evitar fervorines democráticos.
Twitter: @leozuckermann