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EL UNIVERSAL
CD. DE MÉXICO.- La reaprehensión de Joaquín “El Chapo” Guzmán ocurrida el sábado pasado en un hotel de Mazatlán recuerda a otras capturas de capos del narcotráfico, pero es la historia del colombiano Pablo Escobar la que tiene mayores similitudes.
Luego de que el Gobierno Federal capturó a “El Chapo”, el procurador Jesús Murillo Karam reveló que el líder del Cártel de Sinaloa escapó previo a su captura por una red de casas y túneles.
El 1 de diciembre de 1993, las fuerzas armadas de Colombia abatieron en el techo de una humilde casa de Medellín a Pablo Escobar, quien en huida por diversas casas, disparó en contra de los agentes.

Cuestión de teléfonos
Ese 1 de diciembre de 1993 en que el capo colombiano Pablo Escobar fue abatido se le localizó casi idénticamente que a “El Chapo”: por una llamada telefónica.
Escobar llamó a su hijo con un teléfono satelital, mientras que Joaquín Guzmán hizo una llamada a un colaborador para que le ayudase a huir del hotel en Mazatlán.

En su tierra
Guzmán Loera fue recapturado en Mazatlán, Sinaloa. Él es originario de Badiraguato, un Municipio cercano a Culiacán, capital del Estado.
Mientras que Escobar murió en Medellín, el sitio donde construyó el cártel del mismo nombre, el más poderoso de su época. Escobar era originario de Antioquía, donde también estuvo encarcelado.
Ambos se fugaron del penal y su carrera delictiva despegó.

Enlistados en Forbes
Tanto Joaquín Guzmán Loera como Pablo Escobar fueron ubicados por la revista Forbes como multimillonarios. Dicha publicación los ubicó como hombres de dinero, lo que causó que su imagen se masificara como la cabeza del negocio de las drogas.
El hijo de Pablo Escobar, conocido ahora como Sebastián Marroquín, ha dicho en el documental Los pecados de mi padre, que la publicación de Forbes le causó decenas de intentos de secuestro, pues todo el mundo pensaba que su familia tenía muchísimo dinero.

Mediáticos
Que ambos capos sean la cara de los grandes cárteles del narcotráfico es lo que más similitudes crea en la memoria colectiva.
Sus historias han sido publicadas en series televisivas, canciones y en miles de revistas, páginas web y periódicos.

No todo es igual
Sin embargo, “El Chapo” no es Escobar, ni México es Colombia, por lo que hay destacadas diferencias en ambas historias. Los dos países han vivido distintos tiempos del narcotráfico y con ello, condiciones diferentes.
Pablo Escobar tejió su historia con sangre en una Colombia que quedó arrasada por la guerrilla, los paramilitares, el narcotráfico y la corrupción en los ochenta y noventa, cuando el Cártel de Medellín imponía ley.
Guzmán Loera ascendió en el narcotráfico luego de su fuga del penal de Puente Grande, en un escenario en el que la guerrilla no interviene en el tráfico de drogas. Aunque la corrupción y la lesión en el tejido social están presentes.

Destinos distintos
Tras la muerte de Escobar en 1993, el grupo delictivo que encabezaba quedó acéfalo, lo que desencadenó violencia por “heredar” el puesto de “El Patrón” del crimen colombiano.
En el Cártel de Sinaloa, sin embargo, quedan dos cabezas: Ismael “El Mayo” Zambada y Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul”.
A diferencia del Cártel de Medellín, el de Sinaloa funciona como una “federación”, un término que se utilizó para definir a la alianza que Guzmán Loera, Zambada, Ignacio Coronel, los hermanos Beltrán Leyva y Esparragoza hicieron en contra de los Arellano Félix.

En la política
A diferencia de Escobar, “El Chapo” no participó directamente en la política, ni tuvo cargos públicos. La BBC en español realizó una nota donde destacaba esta diferencia entre los capos. En esa información se recuerda que Escobar tuvo un escaño en el Congreso colombiano por Antioquía, su pueblo natal.