A sus 68 años el polémico clérigo se cataloga alegre y platicador, además le gustan los chistes; a sus 75 años tendrá que presentar su renuncia como obispo

Por Miguel de la Vega
AGENCIA REFORMA
CD. DE MÉXICO.- Tal vez no sea un santo, pero sin duda Raúl Vera tiene un encanto divino.
El obispo de Saltillo es alegre, platicador, le gusta contar chistes y todas sus respuestas reflejan la convicción y --hay que decirlo-- la fe con la que lleva a cabo su labor pastoral, tan distinta a la de otros prelados.
Porque monseñor Vera no es de los obispos que aparecen en las páginas de sociales, sino que se mueve en mundos menos glamorosos. Lo mismo apoya a las víctimas de Pasta de Conchos, que oficia misa en alguna prisión o encabeza una marcha por los derechos humanos.
A sus 68 años podría parecer cansado, pero es sólo eso: una apariencia. La realidad es que mantiene una actividad envidiable para muchos, dedicado a promover su evangelio social.
Cuando cumpla los 75 años, cuenta, tendrá que presentar su renuncia como obispo y, entonces, regresará al convento dominico al que pertenece... pero no para descansar.

¿Usted juega golf?
No, no juego golf. Siempre he jugado fútbol.

¿Tiene un Mercedes?
No, no tengo un Mercedes. Tengo una superiora en el convento de las Dominicas que se llama Mercedes y nos ayuda mucho, pero no conozco otra Mercedes.
Creo que es el único obispo que no juega golf y no tiene un Mercedes Benz.
Hacen mucho ruido los que juegan golf.

A eso voy: ¿es usted el último cruzado de la opción de los pobres?
Pues algunos creen eso y por eso me arremeten. Dicen que soy el único sobreviviente y eso me ha traído algunos problemas.

¿No sería muy triste que fuera el último obispo interesado en los pobres?
Mientras haya pobres en la tierra, que ahora ya hay muchos, no creo que Dios se va a olvidar de ellos. En lo personal yo no podría subsistir si no hubiera muchos apoyos en México y el mundo.

Puede haber un ejército, pero siempre se necesitan comandantes...
Don Samuel Ruiz decía: “yo soy efecto también de todos los pobres”. Cuando le preguntaban cómo le hacía para formar esos equipos, él respondía: “simplemente pido ayuda”. Y lo mismo yo: necesito ayuda.
¿Qué ve en los pobres?
La riqueza que hay en ellos. Son parte del futuro de esta sociedad y necesitamos de esa riqueza humana. Esto es lo que me ha movido mucho más, el decir: “ellos tienen que integrarse y para eso tenemos que remover muchos obstáculos”.

¿La Teología de la Liberación todavía existe?
Mientras haya pobres en el mundo, la relación teológica para descubrir el paso de Dios en medio de los pobres tendrá que seguir adelante. Es más: esa teología latinoamericana que empezó en los pueblos ya está en el magisterio de la Iglesia.

¿Entonces no ha muerto?
Los esfuerzos que hicieron algunos para que fracasara no funcionaron. Está viva, ¿y quién la mantiene viva?, pues esa sangre de mártir que se sigue derramando, siempre la Iglesia se ha visto alimentada por la sangre de mártires, como los que morían en el circo romano, ahora hay otras formas de morir.

¿Cuáles?
Pues los asesinatos que hacen. Ahora no usan gladiadores, ahora son militares, son seres humanos que se enfurecen y creen que van a salvar al mundo.

Usted practica un catolicismo muy difícil de seguir para muchos: el de la congruencia. ¿Cómo hace para convencerlos?
Pues que se confiesen cada tercer día, la debilidad humana siempre la llevamos todos y decía San Pablo: “yo que busco que se mantengan en pie, tengo que cuidarme de no caer”. Yo recomiendo que no hagamos una pastoral que no esté respondiendo a la realidad urgente que nos está desafiando el día de hoy.

La gran mayoría de la gente no lo ve tan claro como usted.
Creo que va a ser cada día más difícil que nos sigamos escondiendo de la realidad. Va a ser más difícil que sigamos encerrados en una espiritualidad individualista y en una Iglesia muy metida dentro de ella.

¿Cuál es su cruz?
Experimentar mi propia debilidad; que pueda perder la fuerza del amor hacia todos, incluso a los que me hagan daño; que yo pueda en un momento dado ser incongruente. Actualizarme de manera que no abrigue yo desesperanza, que no abrigue yo repugnancia ante el mal, que no llegue a perder la esperanza de que el ser humano pueda rehacerse.

¿Todos pueden salvarse?
Tuve la oportunidad de trabajar con presos. He estado tres veces en las Islas Marías, sigo cerca de las prisiones y veo la gran capacidad con la que Dios busca que el hombre se recupere. Yo tengo ese referente de que las personas pueden cambiar.

¿A qué le tiene miedo?
A perder la esperanza, a perder el amor, a perder el don de la fe. ¿Cuál es mi cruz? Es el sufrimiento que tiene la gente, si no tengo la capacidad de compadecerme, que no es sentir lástima sino padecer con, eso pasaría si yo perdiera la esperanza y la capacidad de amar. Y no quiero eso. También me gustaría ver que la Iglesia se moviera más.

¿Cuál es su mayor pecado?
Mi mayor pecado son dos: el egoísmo y la banalidad, esa es la cosa peor.

Si usted es egoísta ¿dónde nos deja a los demás?
Jajajajajajaja. Decía Santa Teresa de Ávila que el egoísmo se muere 15 minutos después que nosotros.

¿Cree en los milagros?
Sí creo en los milagros, porque creo en el poder de Dios, pero en los milagros no en las fanfarronerías.

¿Cuál es la diferencia entre uno y otro?
Porque en el milagro ves la acción de Dios. El bautizo más extraordinario que he hecho fue en una cárcel. Un preso que no estaba ahí por haber robado chocolates quería el bautismo. Y cuando lo recibió empezó a llorar, ahí delante de todos.

¿Qué milagro le gustaría vivir en México?
No espero un milagro. ¿Qué me gustaría? Que pudiéramos ponernos a trabajar y construir un México diferente desde un proceso del que hagamos sujetos a todos los mexicanos.

¿Cómo enfrenta sus demonios?
En primer lugar, sé que no debo abandonar la oración. Segundo lugar, sé que no debo abandonar la palabra de Dios. Y tercer lugar, sé que tengo que tener higiene física, echar fuera las toxinas, hacer ejercicio. Si yo descuido mi salud, me les pongo histérico.
¿Alguna vez ha llegado a dudar de su fe? No. Cada día hago esfuerzos para tener más confianza en Dios. La fe es precisamente el mover el sujeto social, a la persona, a la grandeza en la realización de la persona, en el amor.

¿Se ha llegado a sentir solo?
Hace mucho tiempo que no me siento solo, precisamente porque he buscado la construcción de una comunidad. Al principio, cuando estaba en una espiritualidad individualista, cuando empezaba mi vida de fraile, sí llegaban momentos en que sentía soledad.

¿Cuáles son nuestros mayores pecados cómo mexicanos?
No tener una reacción fuerte, hay muchas injusticias que tenemos que reclamar más. No hablo de una revolución, pero tenemos que hacernos más responsables unos de otros.

Hablando de perdón, ¿usted le perdonaría sus pecados a Felipe Calderón?
Si él se arrepiente. Yo no le puedo ofrecer el perdón a quien no lo pida.

Él es católico y basta con que se confiese, ¿no?
Cuando alguien quiere confesarse conmigo hay veces que pregunto: ¿por qué te confiesas?, ¿vas a dejar de hacer esto y esto?, ¿estás arrepentido?, ¿estás dispuesto a cambiar?, ¿vas a devolver lo que no es tuyo? Mi principal requisito es la disposición.

¿Entonces Calderón ya se salvó?
Si nuestro señor ex Presidente Felipe Calderón quiere venirse a confesar conmigo, él sabe lo que yo he dicho. Es más, con su esposa Margarita yo nunca he tenido problema, la veo mucho más coherente.