Por Antonio Baranda
AGENCIA REFORMA
CD. DE MÉXICO.- El capo Nazario Moreno González, “El Chayo”, no sólo era un líder intelectual y operativo, también espiritual.
Nacido en Apatzingán, Michoacán, el narcotraficante dio el toque místico a la extinta Familia Michoacana, cártel que derivó en Los Caballeros Templarios.
De acuerdo con reportes federales, Moreno fue católico, testigo de Jehová y luego líder de su propio culto de corte cristiano.
Por encima de sus creencias, era un seguidor del poeta y ensayista libanés Gibrán Jalil Gibrán y de su obra “El Loco”, de la que tomaba otro de sus motes: “El Más Loco”.
Moreno se autodenominaba ante sus fieles como el “salvador de su pueblo” y en las congregaciones que presidía en sus centros religiosos, los devotos le aclamaban como tal.
Logró tal penetración que, tras su supuesta muerte en diciembre 2010, en la región de Apatzingán se colocaron altares en los que era venerado como si fuera un santo.
“Oh Señor todo poderoso, Líbrame de todo Pecado, Dame protección Bendita, A través de San Nazario”, reza una oración dedicada al individuo.
A fines de los 80, migró a Estados Unidos y trabajó en Redwood, San José, Fresno y Palo Alto, de acuerdo con reportes estadounidenses.
Su primer antecedente con el narcotráfico data de 1994, cuando fue capturado por vez primera en Mc Allen, Texas, por transportación de droga.
Años después, la DEA lo volvió a ubicar en el tráfico de marihuana de Reynosa a Mc Allen, bajo las órdenes de su mentor Carlos Alberto Rosales Mendoza “El Tísico”, detenido desde hace una década.
La Corte Federal del Distrito Sur de Texas ordenó su aprehensión por 6 transacciones de droga entre el 15 de junio de 2002 y el 21 de agosto de 2003, para introducir más de 5 toneladas de marihuana.
Sin embargo, Moreno logró huir a México y es entonces cuando construye un liderazgo criminal al amparo de las creencias.
“El Más Loco” estructuró una cadena de centros de rehabilitación de adicciones y envió brigadas de voluntarios para limpiar las calles de indigentes drogadictos; el tratamiento incluía un adoctrinamiento religioso.
En los centros no se cobraban ni un peso, pero la contraprestación para los rehabilitados era servir a La Familia.
Moreno comenzó esta labor de reclutamiento cuando a principios de la década pasada “El Tísico”, compadre de Osiel Cárdenas, lo convirtió en jefe de plaza en Michoacán.
Un pleito entre Rosales y Armando Valencia “El Maradona”, entonces socios, dividió a la organización y provocó que Osiel enviara a Michoacán una avanzada de “Zetas” para eliminar a los Valencia.
El liderazgo de “El Chayo” en parte se gestó porque todos sus superiores y enemigos fueron capturados en un breve lapso: Osiel, el 14 de marzo de 2003; “El Maradona”, el 15 de agosto del mismo año y Rosales, el 24 de octubre de 2004.
Pero a partir de este último año, “Los Zetas” fueron el principal obstáculo para el liderazgo de Moreno y por ello el 6 de septiembre de 2006 les declaró la guerra, con la decapitación de 5 sicarios en Uruapan y el anuncio de una nueva organización: “La Familia Michoacana”.
“El Chayo” asumió el liderazgo junto con José de Jesús Méndez Vargas, “El Chango”, y Servando Gómez Martínez, “El Profe” o “El Tuta”. El primero fue detenido en junio de 2011 y el segundo aún está libre.
La Familia es acusada de enviar toneladas de metanfetaminas a Estados Unidos, cuyo Gobierno reconoce que se convirtió en una de las fuentes más importantes de esa droga.
Entre sus negocios también están el transporte de cocaína y marihuana a EU; así como la extracción y exportación ilegal de mineral de hierro a China.
Según un testimonio de “El Chango”, desde antes de entrar en conflicto interno, La Familia operaba en Guerrero, Guanajuato, Estado de México, Querétaro, Chiapas, Sonora y Colima, además de las ciudades de Reynosa y Tijuana.
Fuera del País, dijo, tenían presencia en Colombia, Panamá, Costa Rica, Sudáfrica, España, Estados Unidos y Guatemala.