Por Guadalupe Loaeza


Las mujeres de Paz

Quiero pensar que Octavio Paz tuvo tres mujeres que amó profundamente: Elena Garro, Helena Paz y sobre todo, Marie Jo. A las tres les escribió poemas bellísimos (especialmente a su viuda). Puesto que conocí a las dos primeras y tengo el gusto de conocer a Marie Jo, hoy quiero hablar de ellas, como un homenaje personal por haber sido, de alguna manera, musas del poeta.
Con Elena Garro platicaba en su casa en Cuernavaca, mientras sus 15 gatos (los franceses y los mexicanos) se paseaban por nuestras piernas. "Octavio iba a mi casa, más que para verme para platicar con mi padre, José Antonio Garro. Con él, hablaban de libros sagrados de la India y de la historia de México. Entonces yo era bailarina y coreógrafa de Julio Bracho en la UNAM. Nos casamos en 1937. Ese año nos fuimos a España. A Octavio lo habían invitado al II Congreso Internacional de Escritores e Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, en Valencia. Te voy a regalar una foto, donde los dos estamos caminando por la calle. Bueno, después nos fuimos a París. Cuando descubrimos el ‘futbolito' en un café que estaba cerca de nuestro hotel, ya no volvimos a ver París de día. Pasábamos la noche entera pegados a aquella mesa de futbol. Paz descubrió que era absurdo que lo prolongáramos hasta las cuatro de la mañana. Debíamos ir a la Sainte-Chapelle, al Louvre, al Museo de Cluny, a la Embajada soviética por las visas, a la Embajada de México a saludar al embajador, pero el ‘futbolito' no nos daba tiempo de nada. Él me ayudó a publicar Los recuerdos del porvenir. Me impulsó a escribir. Como no podía con mi novela Felipe Ángeles, nos encerramos los dos en un cuarto y la escribimos juntos, hasta que terminamos. A mí me escribió "Piedra de Sol". ¿Cómo iba? ¡Ah sí! Voy por tu cuerpo como por el mundo/ tu vientre es una plaza soleada/ tus pechos dos iglesias donde oficia/ la sangre sus misterios paralelos/ mis miradas te cubren como yedra/ eres una ciudad que el mar asedia/ una muralla que la luz divide/ en dos mitades de color durazno".
Durante esas visitas también platicaba con Helena Paz Garro. En una ocasión me enseñó unas fotos de cuando era niña y le gustaba ir mucho al circo. "Mira, aquí estoy cuando fui nombrada Campeona Juvenil de ski! Aquí, a los 16 años recibiendo mi diploma de baccalauréat (bachillerato). Creo que mi padre sí estaba muy orgulloso de mí. Aunque a veces nuestros diálogos eran difíciles, pero eso sí muy inteligentes, no obstante nuestras ideologías eran distintas. Me gustaba acompañarlo a los cócteles. Me aconsejaba lecturas. En una ocasión mi padre me envió una carta con una poseía de D. H. Lawrence titulada "Elegía de una hija", la cual me conmovió mucho. Le dio mucho gusto saber que en el liceo La Fontaine, en París, tuve un promedio de 19 sobre 20. A los 18 años me convertí en ‘La plus pariesienne des débutantes'. Él me compró el vestido blanco que llevaba al baile de Versalles. Era de chez Lavin. Se divertía cuando le platicaba de todo el jet-set internacional que invitaban a sus fiestas. También le hablaba de Jünger y le leía mis poemas. Le contaba de mis pretendientes millonarios como Taki Theodoracopulos), Georges Livanos (hermano menor de Tina Onassis), Peter Rockefeller, el conde André de Saint Sauveur y del príncipe Faucigny Lus(C)inge. Un día le platiqué que le había escrito al escritor y filósofo novelista Ernst Jünger y que me había contestado. Incluso aceptó prologar mi primer libro Onyx, editado en Francia por la editorial Arfuyen. Por las noches estrelladas, si no estoy muy cansada, me gusta salir al balcón del edificio y mientras me fumo un cigarro, repito muy quedito el poema que me escribió mi papá y que se llama "Niña": Nombras el árbol, niña/ Y el árbol crece, sin moverse/ Alto deslumbramiento/ Hasta volvernos verde la mirada/ Nombras el cielo, niña/ Y las nubes pelean con el viento".
Conocí a Marie José Tramini, hace muchos años, por fotografía. Me parecía guapísima. Sabía que era francesa originaria de Córcega. Sabía que Paz y ella se habían conocido en la India y que se habían casado en 1964. Pero lo que más sabía era que el poeta estaba enamoradísimo y que con ella había rejuvenecido. Ayer por la tarde platiqué con Marie Jo: "Las últimas palabras de Octavio fueron de agradecimiento por haber sido tan feliz a mi lado. Él me escribió muchos poemas de amor. Ahora van a volver a publicar ‘Viento entero', de 1965. Lo escribió cuando tenía 50 años, era embajador de México en India. Es un poema muy bonito. Casi inédito", me dijo con cara de enamorada. Después de que Paz escribiera La llama doble, confesó que era un hombre feliz simplemente porque "Marie José existe: eso es todo".

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