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EL UNIVERSAL
VILLAHERMOSA.- Aunque afuera el sol brilla radiante, en la sala de espera del Hospital de la Mujer prevalecen el dolor, pues aquí se encuentran los familiares de algunas de las 36 víctimas del trágico accidente.
Unos están reunidos en privado con el secretario de Gobierno, César Raúl Ojeda, quien les explica el procedimiento a seguir para el traslado de los cadáveres y la identificación de cuerpos. Otros permanecen en la sala, al lado de una fuente. En uno y en otro lugar hay consternación, dolor, lágrimas.
Son pocos, apenas dos, los que acceden a dar testimonio del trágico momento.
Una es Jacqueline Hernández, quien perdió a seis familiares: su hermano Edison Hernández Chablé, los hijos de éste Anel Yasemit Hernández, Alan Hernández, Anahí Yesel Hernández y Eddie Hernández, además de su yerno José Manuel de la Cruz.
Cinco de ellos eran originarios de Villahermosa, a excepción de José Manuel, que era de Centla.
“Son cosas que no se pueden evitar”, dice resignada Jacqueline. “Iban de vacaciones al DF, pero antes iban a hacer escala en Puebla”. Planeaban entrar al estadio Cuauhtémoc a ver el partido entre América y la franja, y después seguir su camino.
Francisco Javier Sandoval Zapata era un joven de 23 años, oriundo de Jalpa de Méndez. Vivió un año en Toluca y en marzo pasado regresó a su Municipio natal. El sábado abordó el autobús rumbo al DF, donde lo esperaba su esposa Carolina, para bautizar a su hijo Tonatiuh. La idea era que en breve su señora y su bebé vivirían también en Tabasco.
El joven había regresado a Jalpa porque su papá, Francisco Javier Sandoval, le consiguió trabajo como obrero en una plataforma de Pemex en Carmen, Campeche.
La tragedia para don Francisco Javier padre pudo ser peor, pero esta vez le ayudó la falta de recursos. José Antonio, su otro hijo, tenía pensado ir con su hermano, pero no hubo dinero para comprarle boleto. “Nos queda uno porque no tuvimos dinero para que se fueran los dos”, dice consternado.