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Por Vania Pigeonutt
EL UNIVERSAL
TECPAN DE GALEANA.- Francisco Rivera no ve “lo duro, sino lo tupido”. Desde el sismo del 18 de abril de 7.2 grados en escala de Richter, la casa que compró con mucho esfuerzo sufrió daños en la estructura, pero pensó que tendría arreglo.
Este jueves, a 20 días del primero, perdió la esperanza: su casa se derrumbó.
Desde hace 10 años, Francisco, quien maneja un carro de volteo y así mantiene a su familia, les compró a sus hermanos la casa materna hecha de adobe y techo de teja. Reforzó la construcción, de 90 metros cuadrados, con madera, para que él, su mamá, de 79 años, su esposa y su hija vivieran “felices” en la comunidad de San Luis San Pedro de este Municipio.
En su pueblo, la mayoría de la gente vive en casas como la que él perdió. Sus techos de teja y las paredes de adobe, que los protegen del calor abrumador la mayor parte del año, no aguantaron el temblor.
Este jueves, cuando ocurrió el sismo, la familia vio caer pedazos de la vivienda que tardaron en arreglar 10 años. “Fue cuestión de segundos, estábamos en un cuarto que construí apenas, platicando, cuando nos salimos y casi casi quise ir a abrazar mi casa para que no se cayera, pero fue inevitable”, relata.
En minutos, los vecinos de su calle, la Cuauhtémoc, estaban en la casa de don Paco. Su esposa lloró al ver las camas quebradas y sus recuerdos dentro de su hogar. Sus amigos la reconfortaron, él mismo lo hizo porque a esa hora “no me había caído el veinte de que lo perdimos todo”. Y comenzaron a mover los escombros.
A su tragedia se le suma que no paró de llover mientras trataba de recuperar las pocas pertenencias que quedaron entre palos, trabes de madera y pedazos de tierra.
Por lo menos 10 hombres ayudaron a don Paco a remover la tierra, que nunca le había pesado tanto. “A lo mejor era el agua que caía sobre mi espalda, o saber que lo que recogía era mi vida entera. Muchos años de trabajo, de esfuerzo mío y mi esposa. Ya cuando vi la de a de verás me dolió mucho, con ganas de que las lágrimas se me confundieran con la lluvia”.
Su familia se espantó y a su mamá que “tiene discapacidad” la tuvo que cargar en la espalda. El estruendo del temblor fue tan fuerte que pensó en su hijo que estudia en Chilpancingo.
Desde la tormenta tropical “Manuel” que inundó su casa, “alguien mal informó que yo tenía dinero y no me dieron la tarjeta de enseres ni otro apoyo; con el sismo pasado (el del 18 de abril) vinieron, me censaron y es la hora que no llega nada…”