Por Luis Cruz
AGENCIA REFORMA
CD. DE MÉXICO.- Dentro del Penal Femenil de Santa Martha Acatitla, 115 mujeres batallan todos los días para satisfacer las necesidades de sus hijos, que viven con ellas.
Sus principales dificultades son obtener los recursos suficientes para adquirir lo que los niños requieren y conseguirles una buena alimentación.
La Subsecretaría de Sistema Penitenciario proporciona alimentos a las madres en reclusión y a sus hijos que viven con ellas, pero las internas aseguran que la comida no es suficiente, por lo que deben comprar más cosas a precios elevados.
Tania y Alma, quienes viven con sus hijos en el penal, coinciden en algo: si la vida es cara en libertad, en prisión cuesta el doble.
De 28 años de edad y presa desde el 2009 por secuestro, Tania relató que trata de cocinar todos los días para su hijo, pero resulta muy caro.
Sólo preparar una sopa y tres tacos de papa para ambos cuesta al menos 130 pesos, dinero que obtiene vendiendo cuadros de pasta. Pero por más esfuerzos que hace, Tania no logra darle a su hijo todo lo que desea, pues en prisión hay cosas inalcanzables.
“A mi hijo lo estoy privando de sabores, por ejemplo, no conoce el sabor de la uva, porque es una fruta prohibida en prisión, son cosas que no le puedo dar aunque trabaje lo que trabaje”, refiere.
El niño tampoco ha probado nunca la guayaba, pues como la uva, es una fruta que no puede entrar a la cárcel, ya que con ellas los internos pueden hacer “pulque”, bebidas fermentadas con algún grado de alcohol.
Tania espera que en agosto su caso se resuelva y la absuelvan, pues asegura que está en prisión por culpa de su ex pareja, que se dedicaba al secuestro sin que ella lo supiera.
Está consciente de que pueden condenarla a muchos años de prisión, y sí eso sucede, decidió que le entregará su hijo a su mamá.
Alma también enfrenta problemas para ejercer su maternidad en prisión.
Sentenciada a 35 años de cárcel por fraude genérico y asociación delictuosa, tiene una niña de 2 años que concibió con un interno de la Penitenciaría al que conoció durante una audiencia.
Ambos arman cajas de madera y las decoran para venderlas en la visita, con lo cual se mantienen.
Al menos deben obtener mil pesos semanales para poder comprar los insumos para cocinar, sin contar la leche, los pañales, la fruta, la ropa, las cobijas, los dulces y juguetes.
Su clientela sólo acude al penal cuatro veces a la semana, los visitantes siempre son los mismos, al igual que el producto que ellos ofrecen, por lo que tienen dificultades para obtener recursos.