Por Federico Osorio Altúzar


Evitar la huelga y honrar la palabra y los acuerdos


Los paros de labores no ocurren por causas indefinidas. La huelga de Cananea, histórica como preanuncio y prolegómeno de la Revolución, hace 108 años, se produjo por el desdén sistemático a los mineros, el incumplimiento reiterado a las promesas y a los compromisos de la empresa. Asimismo, por la serie de abusos de los concesionarios extranjeros, sumado todo ello a las humillaciones en el trabajo, las retribuciones sin equidad y a las provocaciones en contra del gremio obrero y de sus representantes.
Sonora acaba de pasar por una huelga que sólo en apariencia deja incólume a la principal casa de estudios en la Entidad. Las heridas al sistema educativo ocasionadas por impericia de la dirigencia académica o por la tozudez del sindicato, tardan mucho en cerrar. Las cicatrices permanecen para siempre.
En este caso, el SICTUHSA pone la condición para evitar la huelga anunciada, el cumplimiento a las resoluciones y a los acuerdos. Se dice fácil, pero bien se afirma que palabras no son hechos. Las promesas se las lleva el viento, sobre todo cuando quien o quienes las emiten, son indignos de confiar.
El derecho de huelga está consagrado en letras indelebles, pervive en las tablas de la Ley. No hay modo de eludirlo, a menos que supongamos que vivimos en un Estado de intereses, de arreglos y pasiones convertidas en Gobierno y legítima autoridad.
El sindicalismo, por otra parte, no es en sus orígenes y en su proceso de madurez el denuedo de la clase obrera para asumir las riendas de la organización productiva y suplantar en su provecho a los factores de la producción. No es esta la vocación del sindicalismo mexicano que, desde sus raíces y ramificaciones, ha hecho y hace lo conducente para alcanzar la convivencia armónica entre el capital y el trabajo organizado.
Corresponde, así, a la parte patronal actuar con arreglo a su capacidad negociadora; es decir, según los principios que hacen posible el diálogo, el entendimiento y el acuerdo con su contraparte laboral.
Piden los representantes de SICTUHSA que se actúe de buena fe en el sentido de acatar lo convenido. En otros términos, demandan a la parte patronal que haga honor a la palabra concertada. Y en esto asiste la razón, indudablemente, a los dirigentes sindicales.
El costo de la huelga siempre es motivo de preocupación, sobre todo cuando los efectos tienen que ver con los sectores más desprotegidos en lo social y lo económico, sin descontar los sectores productivos. En otras palabras, con la población en general a la mayoría, quienes requieren la prestación de los servicios implicados.
Los costos podrían ser sumamente altos por lo que se refiere a la esfera política, a la luz de las tensiones actuales que se registran y en donde se advierten fracturas irreparables entre sociedad y autoridad. Los costos económicos, asimismo, resultarían calamitosos, justo cuando se hacen al día cálculos desfavorables en la producción de trigo, por razones del bajo rendimiento y por los precios en competencia del mercado exterior.
En suma, el panorama, a escasos 5 días del emplazamiento, no es tranquilizador. Las negociaciones han comenzado. Y todo indica que van por buen camino, a menos que se desvirtúen los acuerdos y haga acto de presencia la frívola irresponsabilidad.
De consumarse el emplazamiento, directamente lesionada resultaría la sociedad civil en la que se incluye trabajadores lo mismo que productores e intermediarios que prestan servicios a la comunidad.
De superarse el conflicto, de acuerdo con la negociación entre las partes, se habrá dado apertura a un nuevo y plausible capítulo de concertación y de entendimiento. Sería un importante punto de partida a fin de resolver otros temas pendientes. Asuntos, no pocos, ni de poca monta.

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