Millones de mexicanos le profesan su fe

Por Andro Aguilar

AGENCIA REFORMA

CD. DE MÉXICO.- El último miércoles de mayo, el padre Raúl advierte a sus feligreses sobre las “nuevas Atenas” que venden dioses falsos. La Atenas-Internet y su dios pornografía, su dios Facebook, su dios YouTube; la Atenas-televisión y su dios sensualidad, su dios futbol.

“Le exigimos más al Piojo que a Peña Nieto”, lanza desde el púlpito de la Parroquia de San Gabriel Arcángel en el antiguo pueblo de Tacuba. Lo hace frente a unos 100 fieles, delante de un Cristo crucificado de 5 metros de altura y a un costado del “Niño de los Milagros”, un niño dios de medio metro de altura, vestido con el atuendo de un icono de los “dioses falsos” que enumeró el sacerdote: un uniforme de la Selección Mexicana de Futbol.

Desde el pasado 27 de mayo, el Niño de los Milagros ha vuelto a conjugar en el templo dos grandes pasiones: la fe católica del 84 por ciento de los mexicanos y la afición al futbol del 70 por ciento.

Una tradición con más de 20 años, cuya efigie se imprime en estampas con valor de 5 pesos que conmemoran el nacimiento del “Niño Futbolista”, durante la Copa del Mundo de Italia 1990, a la que el Tri no asistió por el escándalo de los cachirules.

Desde entonces, en cada competencia que participa el equipo nacional, al Niño de los Milagros también lo visten de seleccionado. Y a él acuden algunos aficionados para pedirle que interceda por el equipo. Pero el milagro aún no llega.

La misa del padre Raúl finaliza poco antes del inicio del último juego del equipo mexicano en territorio nacional antes de su partida a Brasil. El destino quiso que, en la despedida, el Tri derrotara a Israel, el País donde nació el Niño Dios que en Tacuba viste la verde.

Cinco días a la semana, desde hace ocho años, en la Iglesia María Magdalena de la colonia Anáhuac, en la Ciudad de México, un atlantista de hueso colorado oficia misa ante unos cuantos feligreses.

Es el sacerdote José Reyes Chaparro, un hombre de 84 años de edad, con piel y cabello muy blancos, quien usa unos anteojos dorados sobre sus ojos claros y una boina oscura antes de vestirse con sotana.

De joven quiso ser futbolista profesional y se probó en las fuerzas básicas de su adorado Atlante, pero en el seminario descubrió su vocación sacerdotal.

Durante 35 años, de 1970 a 2005, José Reyes Chaparro fue el párroco en el Templo de San Gabriel Arcángel en Tacuba, periodo en que surgió el Niño de los Milagros y la tradición de vestirlo como futbolista de la Selección Nacional.

Apenas llegó a la parroquia, mandó a hacer con un artesano de Xochimilco una figura del niño dios para colocarlo en el nacimiento del templo. Pero la imagen resultó demasiado grande, por lo que decidió sentarla sobre una silla de terciopelo rojo dentro de una vitrina, a un costado del altar principal.

Pronto, a la figura se le adjudicaron milagros. Unas mujeres narraron que, gracias a los rezos que le ofrecieron, sus difíciles embarazos se lograron sin contratiempos. Los feligreses eligieron su nombre.

El sacerdote asegura haber testificado otras dos obras del santo. La primera ocurrió cuando los padres de un niño desahuciado por los médicos solicitaron consuelo al sacerdote.

-Pídanle mucho al Niño

y verán cómo se los sana- les aconsejó

El otro caso es el de una chef llamada Anahí, quien dedicó su tesis de licenciatura al santo luego que, gracias a los rezos que sus padres le ofrecieron, ella no murió como pronosticaron los médicos al haber nacido de forma prematura.

Pero la idea de vestirlo de futbolista fue de una administradora de la parroquia que se apellidaba Torres Maruri.

-Oiga, vamos a ponerlo de futbolista ora que va a ser el mundial de Italia- le propuso al sacerdote.

-No, se va a ver muy raro- se resistió él.

-Yo me encargo de que se vea bonito- le dijo ella para convencerlo.

La mujer le confeccionó el uniforme y como sello distintivo le bordó la palabra “PAZ” del lado izquierdo del pecho.

-¿Y no tomaron a mal los feligreses que se vistiera a un santo como futbolista?- se le pregunta al sacerdote.

-Para nada- niega con la voz y se ayuda con la cabeza y la mano derecha-. Al contrario. Mandé a hacer unos pósters con su traje de futbolista y se vendían como pan caliente. Es famosísimo en Cuba y en muchos lugares. En la parroquia tiene una alcancía que la gente casi llena de limosnas.



La alcancía que

menciona el padre José Reyes está colocada justo frente a la vitrina que resguarda la figura del Niño de los Milagros

La figura está rodeada por globos infantiles. Sobre la vitrina hay un montón de pelotas. Dentro, los juguetes se mezclan con peticiones escritas en cartas y fotografías que los fieles introducen por una rendija.

Algunas personas le llevan ropa de bebé para que el santo la vista durante una semana, y después les sea devuelta para usarla con niños reales. Otros les llevan uniformes de clubes mexicanos como América, Guadalajara o Atlas, que la administradora del templo, María del Carmen Alvarado, nunca le pone. “No tenemos preferencias”, explica.

Es común mirar a las personas pararse frente a él, persignarse y tocar con la palma el cristal que protege la imagen. Algunos, incluso, se untan en el cuerpo un ungüento imaginario tras tocar el cristal.

En estos días previos al Mundial de Futbol, los aficionados no se han hecho tan presentes. Pero María del Carmen Alvarado asegura que desde el domingo pasado algunos le preguntaron por qué todavía no visten al Niño.

Gran parte de las personas que se acercan al santo son mujeres embarazadas o padres de familia que piden por sus hijos pequeños. A la mayoría le gusta ver por temporadas al santo vestido de futbolista, aunque hay algunos que preferirían que no se hiciera, como Alejandro Luna, un joven de 22 años que se sorprendió al verlo con la camiseta verde.

“Hay mejores cosas que pedir”, dice respecto a la posibilidad de que el santo ayude a la Selección en el Brasil.

Aun con la indumentaria de futbolista, entre las peticiones al santo prevalecen la salud y el empleo.

Don Pablo, uno de los dos sacristanes de la parroquia, dice que ha sus 67 años de edad ha presenciado la fe que le profesan muchos de los asistentes.

-Ora sí que cada quién -dice-. Yo, por ejemplo, no le voy a negar que lleno los seis botes de agua bendita de la llave, pero en la mañana el padre me las bendice y ahí cambia la cosa.

“Los jugadores deberían venir a que los iluminen, no a que los eliminen”, bromea.

Desde el surgimiento del “Niño futbolista”, la Selección Nacional ha participado en cinco mundiales de futbol sin alcanzar siquiera los cuartos de final.

José Reyes, el sacerdote que lo llevó a Tacuba, duda que éste sea distinto.

“Siempre la gente va y le encomienda a la Selección, pero la selección en México se conforma con jugadores que no se dedican a jugar siempre como selección, por eso nos va tan mal. En lugar de pensar en milagros habría que ponerse a trabajar. No creo que hagan un buen papel en este Mundial. Para nada, no hay conjunto”, sentencia.