POR GERARDO ARMENTA BALDERRAMA


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Tres nuevos partidos políticos están listos en México para sumarse a los existentes. Ello sucederá a partir del venidero mes de agosto. El más conocido hasta ahora de esos partidos es Morena.
Los otros dos que están por empezar sus funciones se llaman Encuentro Social y Frente Humanista. Por las denominaciones de ambos, parecería que son todo, menos partidos políticos. Los tres tienen ya dirigentes formalmente reconocidos.
En el caso de Morena se sabe bien que el ex perredista Martí Batres es el presidente de su Comité Ejecutivo Nacional. Del mismo modo, Hugo Eric Flores está al mando de Encuentro Social e Ignacio Irys Salomón jefatura el Frente Humanista.
Morena aspira a ser la fuerza izquierdista por definición en un país como el nuestro. De los otros dos partidos políticos no es mucho lo que realmente se sabe. Pero si se juzga por su identificación, se advierte que acaso sus dirigentes no estarían muy interesados en que se les ubique como practicantes de una corriente política en particular.
Genéricos en sus denominaciones, los mandos de esos partidos políticos seguramente se dan por bien servidos con la oportunidad que se les brindará para que salten a la palestra electoral. Insístase en que no se sabe con qué fines o propósitos determinados. Pero el hecho cierto es que su quehacer incrementará la nómina destinada oficialmente a la manutención de la estructura partidista existente en México.
El nuestro es un País en el que por lo visto se piensa que no hay (o no debe haber) ningún problema si se multiplica el número de los partidos políticos que se tienen. Lo cierto es que no se percibe mayor utilidad en la decisión que ha creado tres agrupaciones más de ese carácter. Aunque bien podría entenderse el surgimiento de Morena como motor de la izquierda nacional.
De Morena se sabe casi todo a partir de la ruptura (agudizada en los días recientes) de Andrés Manuel López Obrador con el PRD, donde no quieren creer que este distanciamiento le causará un enorme perjuicio. Batres dice que la gente dice "yo estoy con Morena porque es el partido de López Obrador". Debe ser cierta esa actitud.
Pero en su misma concreción está el riesgo para Morena, en tanto que López Obrador trasladó a este otro ámbito partidista el caudillaje que ejercía en el perredismo. A querer y no (seguramente con más intención que rechazo), López Obrador debe sentirse bien con el ropaje casi mesiánico que le obsequian sus seguidores, por más que él diga lo contrario.
Aparte, no hay muchos motivos que sustenten una comparación entre López Obrador y los promotores de los otros dos partidos políticos. Hugo Eric Flores e Ignacio Irys Salomón (Encuentro Social y Frente Humanista, respectivamente) distan mucho de acercarse al trazo de la personalidad pública que ostenta López Obrador, cuya idea de fundar un partido como Morena tiene el sustento que todo mundo conoce en su finalidad y objetivos, así como en sus antecedentes.
Varios fueron los intentos que se hicieron en el pasado reciente para formalizar la creación de más partidos políticos en el escenario mexicano. No prosperaron mayormente hasta ahora que se sabe de la decisión oficial que benefició a los organismos citados renglones arriba. Pero importa ser francos. Con excepción de Morena, no se percibe qué utilidad social o pública podrán representar los otros dos partidos políticos gratificados con el registro pertinente.
El problema es que nadie explicará seguramente por qué fueron autorizados esos partidos. Por lo demás, es real que en México existe una crisis con cargo a la denominada partidocracia, o sea, el gobierno de los partidos. Pero es evidente que tal crisis no se resolverá añadiendo más elementos a los que originalmente la propiciaron.