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Por Cristina Pérez- S.
EL UNIVERSAL
CD. DE MÉXICO.- El abordaje del vuelo 184 de Volaris con destino a Monterrey con 180 pasajeros a bordo estaba marcado para las 21.30 de la noche. Era el viernes 20 de junio. Los pasajeros entraron al avión en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México una hora después y tomaron sus asientos.
Juan, uno de los pasajeros que es asmático, relata que desde que tomó su asiento a las 21 horas sintió falta de aire e intentó darle vuelta a la perilla del aire acondicionado, sin éxito, pues en el avión no fluía el aire.
Una de las aeromozas explicó a Juan, y a María su madre, que el aire comenzaría a fluir en cuanto el avión despegara. No fue así. Trascurrieron dos horas más sin aire en un avión con niños, niñas, y pasajeros en general ya desesperados por falta de agua y sobretodo porque no tenían ninguna noticia del capitán. “El calor era asfixiante, el capitán no se dirigió más que una vez hacia la tripulación para decirnos que había cierto retraso en la pista, pero que saldríamos a la brevedad. Nunca más volvimos a escuchar al capitán”.
Fue entonces cuando el ambiente comenzó a crisparse y las personas a desesperarse. Algunos niños volvían el estómago, otros comenzaron a tener ataques de pánico y claustrofobia. Se pidió a las aeromozas alguna explicación, que hablaran con el piloto, pero ellas decían no poder decidir nada sino lo hacía el capitán. Hombres y mujeres comenzaron a llamar a la puerta de la cabina del capitán pero nadie respondía. “Llegué a pensar que estábamos secuestrados, pues el hermetismo era total, y nadie nos explicaba absolutamente nada”, agrega uno de los pasajeros, un hombre de alrededor de 60 años de edad.
Eran las 22 horas con 10 minutos, y hubieron de transcurrir otras dos horas para que los pasajeros pudieran descender de la aeronave pues varios hombres decidieron abrir la puerta del avión, estacionado en la pista del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
“Tardaron otra media hora en irnos sacando del avión”, dice Ana, de 20 años quien dice que fueron tratados como animales y no como seres humanos.