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La salud de la encargada del albergue “La Gran Familia” ha mejorado tanto que hasta hace bromas sarcásticas

EL UNIVERSAL

ZAMORA.- “No te saques una foto conmigo, no ves que soy una asesina”. Lúcida, Rosa Verduzco no sólo goza de buena salud, sino que se encuentra bromista y con ganas de usar el sarcasmo que le es característico.

En su habitación 206 del Hospital San José, donde ha permanecido los últimos cinco días, Mamá Rosa habla con Kena, un familiar cercano que le llama desde Italia al nuevo número de celular, luego de que los federales la despojaron, el día de su detención de su celular, su manojo de llaves “y hasta una libreta y su peine”, se queja.

El Universal tuvo acceso a la habitación de Rosa Verduzco la mañana del pasado domingo, un día especialmente caluroso de esta temporada de verano.

Mamá Rosa viste una bata amarilla de puntos negros encima de su camiseta de Minion Rojo, mientras su nuevo celular color verde no para de sonar.

Su semblante está tranquilo y su humor relajado. A su cuarto llega uno de sus muchachos que al verla llora y la abraza y exclama: “a pesar de todo, la quiero mucho. Es la única y verdadera madre que he tenido”, expresa.

Con voz piadosa Mamá Rosa le dice al muchacho: “tienes que salir adelante y tienes que portarte bien y levantarte. No quiero que vayas a andar de vago, borracho, tienes que trabajar, casarte y tener hijos con una sola mujer. Por cierto me saludas a la Lupe”.

El joven moreno, de ojos negrísimos y tupidas pestañas, le informa entre sollozos que ahora se ha ido a vivir a Guadalajara para trabajar con otro amigo. Mamá Rosa asiente y lo escucha con una expresión comprensiva y maternal.

Una llamada telefónica interrumpe el momento. Es una mujer, familiar de sangre de Mamá Rosa que le llama desde Italia. Es Kena, su sobrina.

Mamá Rosa le relata entonces a su familiar que “las playeras las hizo Eréndira y Sergio le dio para que las pagara”.

Le informa también que mañana –lunes-- “me harán un cateterismo en Guadalajara”, para el cual sus médicos la trasladarán a Guadalajara, en vez de al Distrito Federal, donde ya estaba todo dispuesto, gracias a uno de los cardiólogos más importantes del País, Guillermo Soberón, su amigo personal, quien le habría arreglado un espacio y el cuidado en el Instituto Nacional de Cardiología.

“Me iban a llevar en helicóptero, Kena, pero decidieron mejor que en ambulancia, porque si me da un infarto no podrían atenderme en un espacio tan pequeño”.

Se ríe divertida y en segundos, el muchacho lloroso, que vino a verla desde Guadalajara se borra de su escenario y no existe ahora nadie más que Kena y Abejita, la hija de ésta.

“Abejita, cómo estás? Cuando vengas tráeme algo... Ya sé que me puedes traer. Una bendición del Papa con un rosario de barro cocido, de Tierra Santa”. Ríe a carcajadas, mientras el tristísimo muchacho se guarda discretamente el cariño y las palabras que tenía para Mamá Rosa, en la bolsa trasera de su pantalón.

Verduzco continúa con su soliloquio frente al teléfono: “No, mejor ya sé qué me vas a traer. Tráeme el pedo de Judas. El pedo ponlo en un pomito y no lo abras porque si no se sale...”, vuelve a reír la michoacana a carcajadas.

Han pasado más de cinco minutos y Rosa Verduzco sigue al teléfono contándole a Kena que el albergue le fue incautado, pero asegura triunfante que “el licenciado Bautista me lo va a recuperar”.

Verduzco no sabe, según sus familiares, que los internos del albergue que fundó, ya no estarán donde los dejó, como tampoco sus animales, sus empleados y las cosas viejas, malolientes y podridas que acumuló por varias décadas.

Este domingo partió otro convoy con 27 menores del albergue para ser repartidos en los DIF del Distrito Federal (24 infantes) y Tamaulipas (tres niños).

Sabe de sus ocho empleados-celadores que fueron detenidos junto con ella y que ahora enfrentan procesos judiciales en un penal de Nayarit.

“Nosotros no queremos que se entere, le puede hacer daño”, comenta uno de los presuntos ex habitantes de ese lugar.

Todo el domingo Rosa Verduzco ha recibido visitas. Se saca fotografías con todos, se deja querer. La abrazan, la consienten y la miman todos los que llegan.

Mientras, en el albergue de Mamá Rosa continúan los trabajos de limpieza, reorganización, recepción de documentos, reubicación de internos y localización de familiares de 314 menores que aún permanecen en el lugar.