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Por Ángel Villarino
AGENCIA REFORMA
CD. DE MÉXICO.- El diario The New York Times bautizó en 2011 al octogenario John Tanton como el “cruzado antiinmigración” y hoy este oftalmólogo retirado es considerado la persona más influyente del movimiento.
Hijo de un canadiense y bisnieto de inmigrantes alemanes, no se mancha en manifestaciones callejeras, ni suele aparecer en público, sino que se viste con esmoquin para influenciar a la alta política.
Lo hace presionando tanto a legisladores federales como estatales a través de organizaciones millonarias que ha ido creando en las últimas tres décadas, con donaciones de particulares y grupos nacionalistas.
Su activismo empezó hace más de medio siglo, cuando Tanton se enroló en movimientos ambientalistas, plantando árboles, limpiando acuíferos y protegiendo la naturaleza.
Su lucha contra la inmigración nació precisamente ahí.
Si la población sigue creciendo en Estados Unidos, suele argumentar, será imposible preservar virgen la naturaleza.
Tanton se sintió atraído por corrientes ideológicas de la época como el llamado “crecimiento cero”, que busca estancar la evolución demográfica para evitar que la “plaga humana” devore el planeta.
En 1979, fundó la Federación para la Reforma Migratoria Americana (FAIR), un potente think tank que promueve acabar con la inmigración ilegal, reducir al mínimo la legal y expulsar a los 12 millones de indocumentados.
Su cuartel general es una espaciosa oficina de vidrieras situada a diez minutos andando del Capitolio y frente a las oficinas de la Agencia de Inmigración y Aduanas en la capital.
Como cualquier think tank, su organización redacta documentos, organiza conferencias y elabora informes que nutren el argumentario de legisladores y funcionarios.
Presentan un discurso moderado y presentable, tratando de encajar dentro de los márgenes de lo políticamente correcto para tener más prédica en el Congreso.
Uno de sus portavoces, John Martin, accedió a una entrevista. En un excelente español, hizo notar su “gran relación” con México.
“Incluso trabajé como cónsul en Chihuahua”, dijo.
La preocupación de FAIR ante la llegada de inmigrantes no tiene nada que ver con el racismo, ni con el rechazo cultural a las comunidades extranjeras, insistió Martin.
“Las raíces de nuestro movimiento son medioambientales”, sostuvo. “Creemos que Estados Unidos no puede recibir más población porque no tiene recursos”.
Enfatiza que no hay agua ni comida suficiente para seguir absorbiendo migrantes.
“Además, los inmigrantes generan un costo económico enorme a los contribuyentes americanos”, añadió.
Diferentes investigaciones retratan un perfil muy distinto de John Tanton y sus organizaciones, donde las ambientales no son sus únicas preocupaciones.
Buceando en cartas privadas, discursos y documentos de los últimos 30 años, los investigadores del SPLC encontraron, por ejemplo, decenas de referencias supremacistas.
En sus escritos, Tanton habla de la “tradición de las mordidas” y la “falta de interés por los temas públicos” como potenciales problemas de una sociedad estadounidense con creciente población mexicana.
También insiste en que Estados Unidos no debería permitir que los “blancos europeos”, a los que llama homos contraceptivus (por sus menores tasas de natalidad), cedan terreno ante los latinos, a quienes considera homos progenitiva (porque engendran muchos hijos).
A través de una firma editorial, Social Contract Press, Tanton ha contribuido a difundir ideas supremacistas y escritos xenófobos.
Y, como todos los grupos antiinmigrantes, los think tank de Tanton tienen en su punto de mira al Presidente Barack Obama.
“Creo que ahorcarlo, arrastrarlo y descuartizarlo sería incluso poco (para Obama)”, dijo a finales del mes pasado Stephen Steinlight, analista del Centro de Estudios Migratorios, otro centro de estudios fundado por Tanton.