LA ESPERANZA EN PEÑA NIETO

El próximo sábado primero de diciembre, Enrique Peña Nieto se convertirá en el Presidente de la República número 106 desde aquel 10 de octubre de 1824, cuando José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix “cambió su nombre a Guadalupe Victoria en un momento de delirio patriótico para transformarse en el símbolo vivo de la causa de la Independencia”... y será el número 43 desde mayo de 1867, cuando se dio la primera elección presidencial posterior al triunfo de la República -derrotado Maximiliano- y cuando en México se institucionalizaron los procesos electorales para operar los relevos del poder en todos los órdenes; Benito Juárez, de 61 años, fue elegido como Presidente constitucional en ese entonces.

De esas fechas a nuestro tiempo y en relación a la Presidencia de la República, se han dado casos como el de Antonio López de Santa Ana, que fue Presidente en once ocasiones, Benito Juárez casi 15 años, Porfirio Díaz 31 y Pedro Lascuráin 45 minutos.

Porfirio Díaz llegó a la Presidencia en 1877, después de haber sido candidato derrotado en tres ocasiones. Francisco I. Madero fue candidato en dos ocasiones y Álvaro Obregón en dos. En los tiempos recientes, Cuauhtémoc Cárdenas lo fue en tres ocasiones y Andrés Manuel López Obrador lleva ya dos. En el transcurso del siglo XX fueron asesinados tres presidentes y tres candidatos a la presidencia: Madero (1913), Carranza (1920) y Obregón (1928), y Francisco Serrano (1927), Arnulfo Gómez (1927) y Luis Donaldo Colosio (1994), respectivamente. Fracturas políticas en materia de sucesión presidencial se presentaron en 1940, 1952, 1988 y 1994.

Muchos pensaron que con el exilio de Porfirio Díaz se iban a calmar las cosas en México; pero no fue así. Apareció Victoriano Huerta, quien mediante golpe de Estado impulsado por el clero y los Estados Unidos asaltó la Presidencia tras asesinar al Presidente Madero y al vicepresidente Pino Suárez. La Constitución de 1917 estableció la no reelección, desapareció la vicepresidencia y consolidó la separación de la Iglesia y el Estado. A finales de los veinte, la reelección propició el asesinato de Álvaro Obregón, y las reformas constitucionales relativas a la libertad de conciencia generaron entre 1926 y 1929 el llamado conflicto cristero.

Se dice fácil el llegar ahora a un relevo pacífico y sin crisis política para un País que ha vivido experiencias traumáticas como muy pocos desde 1824, cuando se funda la República, que incluyeron revueltas, tres constituciones y cambios profundos que transformaron al Estado mexicano. Se dice fácil después de los cambios generados desde 1930, hasta llegar a la transición pacífica de cambio de partido en el poder en el 2000, pasando por las tensiones, los conflictos y las crisis de 1968, que dieron pie a las reformas políticas de 1977 en adelante; por la fractura en el PRI en 1988, que obligó a cambios institucionales de alta trascendencia; por la revuelta indígena y los asesinatos de 1994, que aceleraron las transformaciones constitucionales y políticas que llevaron a un Gobierno dividido en 1997 y al cambio-pacífico- de partido en el Gobierno tres años después con Vicente Fox en la Presidencia.

Como resultado del modelo político diseñado por lo mejor de los mexicanos del siglo XIX y el XX, la nación pudo sortear las crisis provocadas por los conflictos internacionales (dos guerras mundiales) y la inestabilidad política y social regional (la crisis de las dictaduras militares). Durante muchos años, sólo México y Costa Rica tuvieron Gobierno civiles, el resto sucumbió ante los golpes de Estado, incluidos aquellos países de larga tradición histórica con democracia e instituciones sólidas como Chile y Uruguay, con largos tramos de oscuridad, represión y retrocesos en todos los órdenes, batallando enormidades para regresar a la senda de las libertades, los procesos democráticos y los derechos humanos.

La Revolución Mexicana entre 1910 y 1917 sentó las bases del modelo que propiciara estabilidad y avances; la combinación en el texto constitucional de libertades individuales con derechos sociales. El liberalismo social según algunos, en un debate que da para mucho.

Recordemos que a la URSS su revolución le duró sólo 72 años (1917-1989); a los países de la Cortina de Hierro -con todo y su pena- 40 años; a los nicaragüenses su revolución le fue expropiada en sólo 10 años; los chilenos tardaron 18 años en librarse de Pinochet; y en Argentina la crisis llegó a un nivel tal que entre 2001 y 2002 tuvo cinco presidentes en un mes. Las crisis llegaron también a Perú, Honduras, Venezuela y Paraguay, entre otros.

A Madero le frustraron la revolución en 1913, sin embargo, a las fuerzas que lo derrocaron el poder les duró 17 meses. Coahuila y Sonora se encargarían de rescatar el movimiento y consolidarlo posteriormente.

Argentina (Carlos Menem), Chile (Michelle Bachelet),Uruguay (José Mújica) y Brasil (Dilma Rousseff) por ejemplo, han tenido recientemente presidentes que -apenas en los setenta- pasaron por la amarga experiencia de la cárcel y la tortura. Mujíca incluso como ex Tupamaro estuvo recluido 15 años.

Con todo y sus crisis, México ha avanzado con el modelo original del Constituyente de 1917 y la reforma permanente de sus instituciones. Conscientes de que: “Cuando los seres humanos se libran de la miseria, de la ignorancia, del miedo, del dogmatismo y del odio -elementos claramente interrelacionados- evolucionan de manera muy parecida hacia la racionalidad, la libertad individual, la democracia, las seguridades jurídicas y las políticas de solidaridad”. (Marina).

Para 2012, México es la onceava economía del mundo, el 14 en superficie geográfica, con la mayor parte de las enfermedades infecciosas históricamente erradicadas, el 12vo. lugar mundial en usuarios de internet con 32 millones, con el 78% de su población viviendo en áreas urbanas, con 20 millones de teléfonos caseros y 92 millones de usuarios de celulares. El País número 11 lugar en materia de población, con 115 millones de habitantes, con 14 años de escolaridad promedio por habitante y 15,100 dólares de ingreso per cápita (lo que nos ubica en el lugar número 81 en el mundo). La educación, la salud y la urbanización han contribuido notablemente a la movilidad social de los mexicanos.

México, con 3,141 km de frontera con los Estados Unidos de América, 962 con Guatemala y 250 con Belice, es ahora uno de los pocos países que han manejado sus procesos políticos con estabilidad y orden en los últimos 82 años, mediante ajustes, conciliación, desarrollo social, avances políticos y la transmisión pacífica del poder.

En su desarrollo los mexicanos hemos visto la creación de partidos políticos que han aglutinado a las mayorías nacionales y han garantizado avances en la normalidad democrática: el PNR en 1929, el PAN en 1939, el PRD en 1989 y distintas formaciones partidistas menores entre 1946 y el 2010.

Ahora y de cara a lo que sigue, los tres partidos políticos con mayor representación están en crisis. El PRI con la urgente necesidad de reforma en lo que sería su IV etapa histórica desde 1946. El PAN con una enorme necesidad de reforma que empiece por su propia autocrítica, en relación al desplazamiento del poder apenas a los 12 años de haber llegado. Y las izquierdas en pleno proceso de fractura, por la escisión de cuadros del PRD a la nueva formación política Morena, que encabeza el candidato presidencial que mayor número de votos le acarreara en las dos últimas elecciones presidenciales.

El reto parece complicado, sí, pero formidable y de extrema necesidad para la viabilidad de los proyectos de cada una de las organizaciones políticas. Seis años son muy pocos como para perderlos en la inacción, la confusión, los triunfalismos o las amarguras.

Hay asuntos pendientes que el Estado mexicano no ha podido enfrentar con éxito a causa de su gradual debilidad y al crecimiento de los poderes fácticos, los monopolios y la falta de liderazgos renovados.

En los últimos años hemos avanzado en la cultura democrática, pero hemos retrocedido en la movilidad social. México enfrenta una aguda concentración del ingreso en muy pocas manos y una crecimiento sin freno del número de pobres que medio sobreviven apenas con 30 pesos al día y a veces ni eso.

Estado y sociedad han devenido en deficitarios en lo que al cumplimiento de las obligaciones sociales se refiere; actualmente existen más derechos plasmados en la Constitución que recursos y programas para lograr su instrumentación. El Estado ha caído en la contradicción de establecer derechos, pero cumplirlos a medias. No hay suficientes espacios en las instituciones de educación superior para absorber a los jóvenes egresados de la educación media superior. No hay plazas para los profesores egresados de las escuelas normales. Tampoco abundan las de médicos en el Sector Salud. Tampoco hay los empleos suficientes para el millón de jóvenes que anualmente demandan una oportunidad. Tenemos un Seguro Popular más en el papel y cacaraqueado en los medios que en la realidad.

El crecimiento económico cayó en la mediocridad en los últimos 12 años.

Las instituciones de seguridad social federales y estatales se encuentran colapsadas con problemas reales de viabilidad futura, y las agudas crisis financieras en los municipios contradicen las presunciones de un federalismo que distribuyó recursos, pero nunca vigiló con eficacia y transparencia su aplicación. A la República le urge un replanteamiento a fondo de la cuestión municipal. Ahí se encuentra el verdadero circulo vicioso de la Inseguridad y la pobreza, sumados a la crisis de sus finanzas.

La gente está harta de los gasolinazos y el alto costo de los energéticos y no parece ver claro con las recetas que ahora se aplican. Y qué decir del hartazgo de la violencia cotidiana, con miles de muertos y desaparecidos.

Las soluciones no serán mágicas, mucho menos considerando la situación del País que Peña Nieto recibirá después de 12 años de improvisación, torpezas y de colonización administrativa por parte de Acción Nacional. Así como la alternancia no resolvió de fondo los problemas, es evidente que no puede haber un modelo restaurador ni de PRI ni de Gobierno al estilo antiguo. Sostener lo contrario es pura perversidad.

Se trata de rescatar modelos eficientes de operación gubernamental y una actualización de los principios que le han permitido a nuestro País navegar por años entre tensiones internas y presiones externas.

El hecho de que a México no se le arrebatara su Revolución como sucedió en otras realidades, es en extremo significativo. Habla de una conducción histórica de gobiernos que aprendieron a responder a las necesidades históricas y también de generaciones de mexicanos innovadores, patriotas y responsables que construyeron un amplio tramo de la historia y estuvieron siempre a la altura de los desafíos. Diseñaron un modelo político e institucional que aguantó años, los conflictos, las tensiones las crisis y los cambios. Tuvieron la sabiduría para imaginar las soluciones que en su momento México demandaba. Por eso, y a pesar de todo, no es gratuito que la gente le haya dado una nueva oportunidad al PRI.

Por eso seis años son pocos, y en ese trayecto habrá quienes harán todo lo posible por no dejar gobernar al PRI, y desearle su fracaso -ya vemos en las izquierdas, quienes desde el principio le apuestan al naufragio del Gobierno del PRI y promueven -¡desde ya!- candidaturas anticipadas para el 2018-. Riesgo de las libertades y de la democracia. Y está por verse que el PAN siga el esquema de colaboración ya sin Calderón como Presidente. Eso no quiere decir sin embargo que el Presidente Peña Nieto -que no es mago para resolverlo todo de un plumazo- se oriente a realizar alianzas al vapor con costos políticos muy altos, que pudieran distorsionar el proyecto político del PRI de la nueva oportunidad sacrificando principios y legitimidad exponiendo al partido al riesgo de regreso a la oposición dentro de seis años.

Finalmente y siguiendo a Séneca: “El buen piloto, aún con la vela rota y desarmado y todo, repara las reliquias de su nave para seguir su ruta”. Hay emoción por el regreso del PRI al Gobierno, sí, pero mucha más por los nuevos retos y los cambios que necesariamente tendrán que promoverse en beneficio del pueblo; esa masa de gente, auténtica, e indiscutible fuente de legitimidad de los gobiernos, que hoy está con la esperanza muy bien asentada y a la expectativa optimista-y crítica- de lo que viene.

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ANALISTA POLÍTICO