Domingo, 02 de Diciembre de 2012 07:00
Francisco Suárez Dávila
Comienzo por la parte positiva: México no padece una crisis económica y financiera como buena parte del mundo avanzado. Hay estabilidad de precios, salvo cuando se va al supermercado a comprar alimentos; equilibrio fiscal bajo una definición, no las otras; la gran banca está sólida, no sus matrices; la deuda es la mitad de los países de la OCDE, pero aumentando; “un veranito de crecimiento al 4%, pero a la baja”.
México, económicamente, está nuevamente de moda. Lo evidencia el número especial de The Economist: “México en ascenso”. Hace mucho que no leía algo tan elogioso. Sin embargo, cada vez que se comienza a hablar de México como milagro, preocupa. Pasamos con gran facilidad del catarrito a la pulmonía, al espejismo. Limantour hizo la mayor y más exitosa operación de deuda del porfiriato, meses antes de que estallara la Revolución. Mis amigos de Hacienda y el Banco de México deben sentirse satisfechos. Han actuado con prudencia, congruencia y éxito en términos de los objetivos que se propusieron.
Los financieros de Calderón fueron dignos seguidores de Hayek, Von Mises y Friedman, evocados en un libro reciente (Masters of the Universe) y de la escuela de política económica de la señora Merkel. El problema es que México no es Alemania, no tenemos su elevado nivel de ingresos, su sistema de bienestar social, su tecnología o capital.
El lado más negativo es que el sexenio siguió el rumbo del “estancamiento estabilizador”. Se privilegió la estabilidad pensando que el crecimiento brotaría por arte de magia. El crecimiento mexicano de la última década es en extremo mediocre, el acumulado es 18.7%, 150º lugar en la comunidad de naciones, el más bajo de América Latina junto con Haití. El problema es que sin crecimiento no se generó suficiente empleo, o fue de baja calidad; la masa salarial no creció, la pobreza aumentó, la desigualdad se mantuvo, el Seguro Social está quebrado porque no aumentan los derechohabientes, y así siguió toda la cadena.
Es verdad que sufrimos una crisis muy severa en 2008-2009. México fue de los países que tuvieron la mayor caída, 6.5%, porque no pudimos, o no quisimos llevar una política contracíclica eficaz, como otros países emergentes menos afectados. Nos recuperamos cuando se recuperó Estados Unidos, como California y Puerto Rico. Ese es el otro problema, tenemos una gran dependencia de la economía de Estados Unidos.
Las exportaciones son enormes, 350 mil millones de dólares anuales. ¡Qué bien! Lo que no se dice es que importamos la misma cantidad. Somos una gigantesca maquiladora. Esa dinámica no se traduce en crecimiento económico porque no hay liga, o limitada, entre lo externo y el mercado interno; no hay cadenas productivas porque no hay política industrial ni tecnológica moderna. El éxito se mide en número de tratados comerciales negociados.
No ha preocupado a las autoridades que la banca presta poco a la actividad productiva, menos de 20% del PIB. Según el Banco Mundial ocupamos el lugar 140º después de Mongolia. Se presta al consumo: “tarjetazos” sin intereses, crédito con garantía al salario, como nueva tienda de raya. Generamos consumidores, más endeudados y no productores con mayores ingresos.
La banca de desarrollo está en el 2º sótano. Su actividad principal sigue siendo redescontar facturas de grandes empresas públicas y privadas. Las actividades de fomento de Nafinsa, son una “caricatura grotesca”: sustitución de electrodomésticos, algunos miles de coches, créditos educativos y, Bancomext, a la antigüita, rescata aerolíneas quebradas. El crédito al campo es una tragedia: Financiera Rural, chiquita; la banca comercial presta 1.5% de su cartera y no hay seguro agrícola.
El régimen deja herencias complicadas, generadas no en los últimos meses, sino a lo largo del sexenio: no hay margen fiscal, por ejemplo, para políticas contracíclicas porque prevaleció un déficit primario, significando que nos endeudamos para pagar deudas. El sobre endeudamiento de algunos estados y municipios no cuenta globalmente, pero sí individualmente; es síntoma de descuido regulatorio que dará dolores de cabeza. Miles de Sofomes, cajas de ahorro, uniones de crédito, escasamente reguladas y supervisadas significan riesgo latente para el sistema financiero. La “bomba de tiempo” de pensiones, con sistemas quebrados federales, estatales, paraestatales y universitarios. Con este escenario de “desaguisados” por resolver, resulta ilusorio pensar que se logre salud, pensiones y seguro de desempleo universales, todo con cargo a un IVA homologado. Si no somos Alemania, tampoco queremos ser Grecia o España. Lo que debe privilegiarse es lo que estuvo ausente: el crecimiento y la inversión productiva.
Comentarios: @suarezdavila