Por Henia Prado
AGENCIA REFORMA
CD. DE MÉXICO.- Hasta hace siete días, Uriel Sandoval Díaz era un estudiante común de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) que tenía planeado sumarse a las protestas por la toma de posesión de Enrique Peña Nieto como Presidente de la República.
Pero luego de perder el ojo derecho a consecuencia de un proyectil que recibió en la cara durante los disturbios del 1 de diciembre, en los alrededores de la Cámara de Diputados, hoy es considerado como un “mártir” de la lucha contra la nueva Administración.
Ayer, un centenar de jóvenes de distintas universidades se congregaron afuera del Hospital General de México para respaldar al joven de 22 años de edad, quien fue dado de alta tras ser sometido a una intervención quirúrgica para colocarle un implante.
“Ni con palas ni metrallas a Uriel no lo callan” y “Uriel aguanta el pueblo se levanta”, coreaban los jóvenes al tiempo que hacían una valla afuera del inmueble.
Era mediodía, la espera era tensa y los ánimos comenzaron a elevarse.
Las consignas lanzadas al aire por manifestantes aturdían a enfermos que, con el semblante pálido, se veían obligados a taparse los oídos cuando atravesaban el cerco humano.
Fue a las 12:15 horas cuando el estudiante del primer semestre de la licenciatura en Medio Ambiente y Cambio Climático apareció en silla de ruedas. Usaba playera gris, pantalón de pijama, chanclas, tenía los ojos cubiertos con gafas oscuras y la nariz vendada.
Su salida causó revuelo pues los jóvenes aventaron a la prensa, hubo manotazos, empujones e insultos. Uriel se colocó en el centro de un semicírculo y comenzó a hablar.
“Pido liberación de los compañeros que injustamente fueron presos en esta lucha que no terminará hasta que la miseria termine. Un ojo no es nada. Muchos seres humanos no tienen que comer todos los días, los obreros tienen que ir a las fábricas agachando la cabeza para darle de comer sus hijos, los campesinos pierden sus tierras y nadie hace nada.
“La libre manifestación de las ideas es un derecho que todos tenemos y que el Estado no nos puede arrebatar. Basta de estarnos peleando entre los desposeídos, hace falta organización entre nosotros y realmente luchar por ese mundo diferente el cual todos debemos de vivir. Basta de ser individualistas y egoístas, busquemos realmente esos ideales de solidaridad, de igualdad... organicémonos, unifiquémonos, luchemos y vencemos”, sostuvo.
Mientras hablaba el silencio fue absoluto. Los micrófonos le fueron colocados encima de la cobija que tenía entre sus manos, su madre y su abogada lo flanqueaban.
El discurso provocó la efervescencia de la multitud quien lo calificó hasta de héroe y le aplaudió.
“Te queremos Uriel no estás solo”, gritaron sus compañeros.
El joven, según sus abogados de la Liga Mexicana por la Defensa de los Derechos Humanos (LIMEDDH), caminaba el 1 de diciembre en los alrededores de San Lázaro cuando se vio inmerso en una nube de gases tóxicos y de repente recibió el impacto de un proyectil, aparentemente detonado por la Policía Federal.
Cuando se pidió que Uriel diera su versión de los hechos, la abogada Abigail Escalante argumentó que el joven se sentía mal pese a que éste se mostraba tranquilo y en condiciones estables. Y enseguida fue sacado del lugar.
Ramiro López, presidente de LIMEDDH, recalcó que el estudiante fue impactado por una bala de goma, no obstante, reconoció que carecen de pruebas contundentes y oficiales para demostrar tal afirmación.
Uriel regresó a casa arropado por sus compañeros, sin embargo, teme ser hostigado por el Estado o que se gire una orden de aprehensión en su contra.