Lunes, 31 de Diciembre de 2012 07:00
Por Federico Chávez Manjarrez
TRIBUNA
A pesar de la falta de recursos por parte de Fundación Produce para los Programas de Investigación, Validación y Transferencia de Tecnología, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales Agrícolas y Pecuarias, INIFAP seguirá apoyando la siembra de maíz de verano.
Considerando los buenos precios internacionales que se tienen para el cultivo de maíz y los buenos rendimientos que se lograron el pasado verano 2012, el grano es una muy buena opción de siembra para el próximo año.
Alejandro Ortega y Corona y Jorge Humberto Castro Campoy, promotores de la siembra de maíz de verano de la variedad H-431, señalaron que este año Estados Unidos sufrió la peor sequía de los últimos 50 años, lo que provocó que el precio del maíz alcanzara su máximo histórico de más de cuatro mil pesos por tonelada e incluso cuatro mil 400 pesos como pago este año la AOASS.
Esta situación puso en evidencia la dependencia alimentaria de países en desarrollo como México, Colombia, Ecuador, Guatemala, entre otros hacia el País norteamericano. En el caso particular de México, existe un déficit de 43% en la producción del maíz, a pesar de ser el grano más importante en la cadena alimentaria de los mexicanos, el País importa la tercera parte de su consumo aparente.
Actualmente México produce 22.5 millones de toneladas de maíz al año y para lograr la soberanía alimentaria necesita aumentar su producción 10 millones de toneladas. México no sólo puede producir esta cantidad para dejar de depender en el abasto del grano sino convertirse en un neto exportador puesto que tiene un gran potencial desaprovechado y sin necesidad de recurrir a los transgénicos según el experto.
Para alcanzar el objetivo de dejar de depender de Estados Unidos en el abasto del maíz, se proponen la creación de políticas y paquetes tecnológicos disponibles en México, tales como incrementar la productividad de tierras cultivadas, darle seguimiento a las razas híbridas generadas en México, reactivar el extensionismo participativo para asegurar el funcionamiento de las inversiones y activación de nuevas políticas y recursos para la producción de maíz.