Martes, 01 de Enero de 2013 07:00
Cecilia González
La polarización política en Argentina se fortaleció en 2012 con el inesperado regreso de los “cacerolazos”, la convocatoria a una huelga general y la pelea entre el poderoso Grupo Clarín y el gobierno por la polémica Ley de Medios.
El 13 de septiembre pasado, una multitud se concentró en Buenos Aires para repudiar, cacerola en mano, al gobierno de la Presidenta Cristina Fernández por temas tan diversos como la inseguridad, la corrupción y la defensa de la democracia.
La “ruidosa” movilización, con miles de cacerolas siendo golpeadas al unísono, nació en las redes sociales y luego fue impulsada por la prensa opositora, pero el éxito en su nivel de convocatoria sorprendió a quienes la apoyaron y preocupó al Gobierno.
El repudio, que incluía exigencias para que Fernández renunciara al cargo, se repitió el 8 de noviembre y en esa oportunidad fue aún más multitudinario, pero no tuvo mayor impacto real ante la falta de claros liderazgos opositores.
Lo que sí demostró la marcha fue la cada vez más acentuada división social entre kirchneristas y antikirchneristas, enfrentados por los beneficios sociales alcanzados en esta década que defienden unos y la corrupción que denuncian otros.
La polarización social fue evidente una vez más el 20 de noviembre, cuando un sector de la Central General de Trabajadores (CGT) convocó a una huelga general que si bien no fue tal, porque no todos los gremios se adhirieron a la protesta, sí afectó servicios.
La disputa por la construcción del relato de la realidad entre el gobierno y la prensa opositora redundaron en una caída de la popularidad de la Presidenta Fernández de Kirchner, quien termina el año con apenas un 25% de aceptación.
El bajo nivel de respaldo ciudadano al gobierno de la sucesora y viuda del ex presidente Néstor Kirchner está muy lejos del 54 por ciento de los votos que, apenas en octubre del año pasado, le permitieron ser reelecta para gobernar hasta 2015.
Sin embargo, la Mandataria argentina cuenta con la ventaja de una oposición política debilitada que no logra posicionar a ningún líder para hacer frente al kirchnerismo, que el próximo año cumplirá una década en el poder.
Por eso es que el principal papel opositor lo han jugado los medios de comunicación, en particular el Grupo Clarín, que a través del diario homónimo y sus cientos de licencias de radio y televisión, replica críticas y consignas contra el gobierno.
La línea editorial de Clarín se enmarca en la batalla comenzada hace cuatro años con Fernández, y que se consolidó con la aprobación de una Ley de Medios que es impugnada por el principal multimedios argentino.
El litigio judicial se convirtió este año en una de las principales peleas culturales que protagonizó el kirchnerismo, ya que implicaba el debilitamiento de Clarín, porque la empresa tendría que vender cientos de licencias de radio y televisión.
En diciembre, el gobierno esperaba que Clarín se ajustara por la fuerza a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, conocida como Ley de Medios, pero a última hora el grupo mediático fue beneficiado por un amparo del tribunal.
Sin embargo, Clarín al final perdió su larga batalla legal, luego que el juez Horacio Alfonso ratificara el pasado 14 de diciembre la constitucionalidad de la Ley de Medios, por lo que la empresa deberá acatar la normativa.
El problema para cumplir ese objetivo son las múltiples apelaciones realizadas por Clarín, que espera como última alternativa, luego del revés judicial sufrido en diciembre, un fallo favorable de la Corte Suprema de Justicia, que podría darse en 2013.
Diciembre también trajo una serie de saqueos a supermercados en varias localidades argentinas, con un saldo de tres muertos, acción que el gobierno de Fernández adjudicó a grupos sindicales opositores.