Pedro José Peñalosa

Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace.
Jean Paul Sartre

La oleada de movimientos juveniles y estudiantiles de este año han mostrado la riqueza e imaginación, en sus demandas políticas, sociales y culturales, de una generación que ha confluido con sus propios equipajes organizativos.
La aparición y recreación del Movimiento #YoSoy132 expresaron el estallido de múltiples demandas que se venían coagulando en diversos segmentos educativos. Es incorrecto decir que los miles de jóvenes que tomaron las calles y construyeron propuestas de distinta naturaleza fueron instrumentos de partidos o grupos de interés ajenos al movimiento. Repetir estos “análisis” no aporta elementos multidimensionales para comprender los alcances de los sentimientos y aspiraciones de las juventudes que decidieron organizarse por objetivos con los cuales se sentían identificados.
Pero además, insistir en que hay fuerzas políticas que “manipulan a los muchachos” es la vieja lógica que busca evadir las explicaciones multifactoriales que son resortes para realizar acciones callejeras y propuestas de rebeldía. Aún hay sociólogos de la superficialidad que difunden estas versiones. En el 68 y en movimientos subsecuentes expandieron estas supercherías.
Tampoco, en el otro extremo, se pueden realizar investigaciones sociales con variables “puristas”, que sólo fomentan el aislacionismo y el apartidismo. Por supuesto que los partidos buscan influir en el curso de los movimientos, lo cual es natural y justificable; pero de ahí a presentar a los estudiantes y jóvenes como simples entes manipulables y acríticos existe una abismal e inaceptable diferencia.
Los violentos sucesos acaecidos el 1o. de diciembre han sido aprovechados para, de nueva cuenta, colocar las movilizaciones en las coordenadas conspirativas, con el propósito evidente de eclipsar el origen sociopolítico de las acciones pacíficas que realizaban miles de jóvenes.
Por supuesto que hubo un bloque de provocadores que actuó en sentido distinto a los objetivos planteados por las organizaciones sociales convocantes plenamente identificadas y con actividades públicas. Ahora, la tarea central es disociar los dos sucesos y a sus protagonistas, puesto que se están aprovechando de los actos injustificables y destructivos para criminalizar y desprestigiar a quienes enarbolan demandas específicas y absolutamente coherentes.
La libertad de la mayoría de los detenidos pretendidamente vinculados a esas confrontaciones violentas corrobora dos cosas: en primer lugar, la ineficacia de las fuerzas policiales para actuar profesional y eficazmente y, en segundo lugar, la impunidad con la que actuaron quienes causaron los desmanes y no fueron detenidos; así se muestra que en un mismo día hubo dos motivaciones distintas para expresarse públicamente. El Movimiento #YoSoy132, con toda su desorganización, ratificó su carácter no violento y su intención de seguir promoviendo un pliego de demandas multi-institucionales y transdisciplinarias.
Sin embargo, los efectos que han provocado estos sucesos siguen latentes. La alarma social como método para atemorizar a la comunidad y deslegitimar movimientos está teniendo efectos y pueden dispararse para instrumentar paradigmas de “mano dura” y de restricción de libertades.
La lectura de la presencia de los movimientos juveniles y educativos que se expresaron este año requiere de un tratamiento alejado de la superficialidad y de la mentalidad meramente penalista. Importantes núcleos de jóvenes están irritados y descontentos con el mundo en que viven. Es preciso ver a las juventudes desde una meseta caleidoscópica; hacerlo así nos permite entender los cambios que han operado y los aprendizajes que han impactado en el nivel de las representaciones sociales. Los jóvenes están luchando de manera decidida y desigual; están poniendo por delante sus sueños y aspiraciones, lo hacen desde experiencias, apropiaciones ideológicas y culturales distintas.
La fetichización del mercado como única oferta para la desesperanza está actuando como catapulta hacia la incredulidad y la radicalización. Las juventudes oscilan entre las ofertas de las junglas urbanas y optan por lo que satisfaga lo inmediato. Pocos caminos estimulantes ofrecen un modelo de control que educa para incentivar el “darwinismo social”.
La geografía de la exclusión social en México no puede observarse con catalejos, es preciso acercarse a ella y comprenderla. Los tiempos violentos de la guerra contra el narcotráfico tienen atrapadas a las juventudes. La fiebre punitiva arrasa con todo, no hay métodos quirúrgicos, las tiene en medio de dos fuegos: por un lado, la delincuencia organizada los ve como suculentos manjares y, por el otro, la sed punitiva del aparato policiaco los usa para legitimarse.

nPedro José Peñalosa
El autor es profesor de criminología en la UNAM y autor del libro: “La juventud mexicana: una radiografía de su incertidumbre”
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Tornado de Oklahoma 

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Tornado

Momentos en los que el tornado se mueve hacia los hogares de la localidad de Moore. See details

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Los equipos de rescate buscan sobrevivientes entre los restos que dejó el tornado que asotó a la Ciudad de Oklahoma el pasado Lunes aplastando y destruyendo barrios enteros. See details

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Los rescatistas recorrían a pie los vecindarios donde el poderoso tornado arrasó el lunes casas una por una, atentos a cualquier voz que pudiera salir de entre los escombros. See details

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Bomberos de Oklahoma observan el estado de Gene Tripp sentado en su mecedora, en el lugar donde una vez estuvo su casa después de ser destruida por el tornado que See details