Sábado, 05 de Enero de 2013 07:00
Alejandro Espinosa Granados
Ciudades norteñas: calidad de vida y estampas de desolación
Hace unos días se publicó en los medios de comunicación una nota que ubicaba a la ciudad de Hermosillo como la mejor ciudad para vivir en México, en los términos de su calidad de vida. Dicho concepto ha sido objeto de importantes debates académicos, enfocados al modo en el cual pueden medirse los índices de calidad de vida y más aún las valoraciones subjetivas que a él subyacen.
Podría suponerse que la concentración de infraestructura, oportunidades educativas y laborales, actividades culturales, recreativas y de ocio dan ventaja a las grandes urbes en estos rubros. Sin embargo, la limpieza, el ambiente de convivencia y la seguridad se suman como otros aspectos importantes a considerar cuando se determinan los niveles de calidad de vida. Pese a todo, los indicadores pueden resultar contradictorios o confusos, tomando en cuenta la diversidad de criterios y metodologías empleadas en este tipo de mediciones.
En esta ocasión, el reporte de calidad de vida en ciudades mexicanas elaborado por la empresa GCE, no ha desarrollado sus indicadores a partir de estadísticas oficiales, sino que proceden de información proporcionada por los mismos habitantes de 41 ciudades de México, de modo que la evaluación procede de las propias percepciones de sus moradores. Las calificaciones combinan variables como movilidad, limpieza atmosférica, escuelas de calidad, vivienda, seguridad, lugares de esparcimiento, bellezas naturales y ambiente de convivencia.
Es resaltable que según los datos de esta encuesta el 86 por ciento de los habitantes de Hermosillo se muestran muy satisfechos con la calidad de vida en la capital sonorense, seguidos por los de Querétaro (83 por ciento), Mérida y Tijuana (80 por ciento cada uno). Sumados todos los indicadores, la “Ciudad del Sol” se ubica como la tercera mejor urbe para vivir en México, siendo el primer sitio para Querétaro y el segundo para Mérida.
Llama la atención que en este índice entre los diez primeros lugares aparezcan cinco ciudades del norte del País (Hermosillo, Saltillo, Mexicali, Chihuahua y Culiacán), las cuales suelen catalogarse por la opinión pública mexicana como inseguras y poco atractivas para vivir. Nuevamente, salta a la vista el carácter subjetivo del concepto de calidad de vida, que bien puede explicar las diferencias de opiniones entre los mexicanos.
Por otra parte, merece la pena detenernos en el papel de la seguridad en la calidad de vida en las ciudades en México. La cobertura mediática sobre el combate al crimen organizado ha causado la impresión en la opinión pública a nivel nacional e internacional, de que existen zonas del País peligrosas para vivir o vacacionar. Si bien existen ciertos casos que revelan patrones en este sentido –por ejemplo, los desplazamientos en Tamaulipas, o el descenso turístico en ciudades como Acapulco–, la inseguridad como un fenómeno ha englobado dentro de una sola categoría eventos disímiles, de forma que un enfrentamiento entre el ejército y los grupos del narcotráfico se equipara con la delincuencia común.
Hace unos días, una amiga obregonense recién mudada por cuestiones laborales a la Ciudad de México me comentaba que una vecina angustiada le preguntaba si acaso era una desplazada por la situación de inseguridad en el norte del País. Esta percepción es común entre los habitantes de otras zonas del País. Si bien, Sonora se ha destacado por sus índices de seguridad en comparación con el resto de las entidades norteñas, la imagen proyectada al exterior continúa siendo una estampa violenta.
Aunque en fechas recientes se han levantado voces en contra de las encuestas y dudas sobre la veracidad de su información, creo que en este caso, los datos sobre calidad de vida de los propios habitantes de la ciudad de Hermosillo y de otras ciudades norteñas, pueden ayudar a revertir su imagen de sitios inseguros, la cual repercute en los flujos de atracción turística y de inversiones.