José Escobar Zavala
Cronista de la Ciudad

De plano hay veces en que no se puede poner la otra mejilla, y eso es lo que está ocurriendo en Sonora con el rechazo de la gran mayoría de la población sonorense a las cargas impositivas contenidas en la Ley de Ingresos 2013, entre ellas la de por si arbitraria Tenencia Vehicular. Ya hay mesas para atender y orientar gratuitamente a todo aquel ciudadano que quiera recurrir al amparo. Existe jurisprudencia al respecto.
Las efemérides sonorenses nos dicen que un día como hoy, pero del año 1910, llegó a Hermosillo por tren en plan de candidato a la Presidencia de la República, el licenciado Francisco I. Madero. Le acompañaba su esposa Sara Pérez de Madero, y unos cuantos miembros de su equipo de colaboradores.
Los habitantes de la capital del Estado le brindaron un cálido recibimiento, dicen las viejas crónicas periodísticas, a pesar de que se daba por hecho su derrota electoral ante el candidato oficial y Presidente de México, general Porfirio Díaz Mori, quien buscaba una reelección más. Al bajar del tren intentó Madero pronunciar un discurso para agradecer los aplausos y vivas de quienes fueron a darle la bienvenida.
Sin embargo, un grupo de individuos pagados obviamente por el Gobierno Estatal, nulificaron desde el inicio su discurso, con silbidos y golpeteo intermitente de recipientes de lámina. Las protestas de los ahí presentes fueron acallados por grupos de golpeadores a sueldo. Previamente había circulado la orden oficial entre los hoteleros, para que negaran alojamiento al candidato y su comitiva.
Entró al quite, haciendo derroche de valor civil, el fotógrafo Jesús H. Avitia, quien les dio hospedaje en su casa. Ahí fueron muchas las personas que visitaron al candidato, proveniente de todo el Estado, dado que el maderismo estaba creciendo desmesuradamente a causa precisamente de que las autoridades locales, para eternizarse en los cargos, consideraban que era su deber apoyar descaradamente a don Porfirio.
En ese tiempo, el tren sólo se detenía por espacio de unos cuantos minutos en Estación Bandera, para abastecerse de agua, ya que las locomotoras funcionaban con vapor, más tarde lo harían con diesel. Y también ya como pueblo, recibiría el nombre de Cajeme, el gran caudillo de la Tribu Yaqui, para finalmente, tras la muerte del general Álvaro Obregón, en 1928, tomar por consenso ciudadano el nombre de Ciudad Obregón, dejando el nombre de Cajeme para el Municipio.
Y como hoy es día de San Celso y San Julián, enviamos cordial felicitación para el gran musicólogo cajemense, Celso Aguilar. En el recuerdo, el notable periodista mazatleco, Celso Tirado Páez, que fuera en sus inicios director en los años treinta del periódico Heraldo del Yaqui.