Martes, 22 de Enero de 2013 07:00
Verbo y estilo
Ayer por la mañana muy tempranito, antes de salir de la Casa Blanca, Obama escribió un tuit, firmado con sus iniciales en minúscula “bo”. El mensaje era muy claro: “Me honra y gratifica que tengamos una oportunidad de terminar lo que hemos empezado. Let’s go”, le sugirió a sus 24 millones de seguidores. Con ese mismo espíritu se dirigió hacia el Capitolio, acompañado de Michelle y sus dos hijas, donde, por segunda vez, rendiría protesta como Presidente de los Estados Unidos.
Como era de esperarse, su discurso fue hiperbrillante. Incluso David Gergen, analista político de CNN en inglés y asesor de varios ex presidentes de Estados Unidos, comentó que el discurso de la reelección de Obama había sido el mejor de todos pronunciado hasta ahora por el Presidente. En efecto, algo tienen los discursos de Obama que no nada más conmueven, sino que convencen y nos mueven a la reflexión: “Apoyaremos las democracias en todas partes, desde Asia hasta África, desde las Américas hasta el Medio Oriente, pues así nos inspiran nuestros intereses y nuestra consciencia para obrar a favor de aquellos que anhelan ser libres. Además, debemos ser fuente de esperanza para los pobres, los enfermos, los marginados, las víctimas del prejuicio, no solo por pura caridad, sino porque la paz en nuestro tiempo requiere el fomento constante de aquellos principios descritos por nuestra fe común: tolerancia y oportunidad, dignidad humana y justicia”. Sus conceptos son claros, comprensibles para todo el mundo. Aunque no seamos ciudadanos estadounidenses, nos invitan a poner en práctica valores fundamentales para cualquier democracia de cualquier País del mundo: unidad, libertad, igualdad, justicia, dignidad y tolerancia. “Juntos, juntos”, repitió varias veces en distingos fragmentos de su discurso: “Las posibilidades de los Estados Unidos no tienen límite, pues poseemos todas las cualidades que requiere este mundo sin límites: juventud e impulso; diversidad y transparencia; una capacidad inagotable para el riesgo y una facilidad para la reinvención. Mis compatriotas estadounidenses, estamos hechos para este momento, y lo aprovecharemos, siempre que lo aprovechemos todos juntos”.
El verbo, el estilo y el encanto natural y personal de Barack Obama son inconfundibles. Según el escritor francés del diario Liberation, Jean Philippe Domecq, Obama tiene un “charme international”, es decir, “el suyo, se ve y se comprende con toda una singularidad universal” (Liberation, 20 de enero 2013). El “estilo”, del que habla el periodista, no tiene que ver ni con la imagen, ni con la retórica; según Domecq, se nace con él, o nada más no se tiene. Tiene razón. La elegancia natural del lenguaje corporal de Obama es más que evidente: seduce tanto a hombres como a mujeres, tanto a los de derecha como a los de izquierda, tanto a niños como a ancianos, el caso es que a nadie deja indiferente el primer Presidente negro de los Estados Unidos. En su caso, todo cuenta: “el aspecto sobrio y estricto de su vestimenta, su camisa blanca, su corbata (ya hablaremos, de las extrañas corbatas de los priistas...) confirma que la elegancia siempre será mucho más elegante que el típico estilo del “dandy”, ya que el de Obama no busca evidenciarse, se distingue íntimamente, para todo aquel que lo ve”. Para el analista, esto resulta “altamente democrático”.
Es evidente que en los discursos de Obama todo está perfectamente calculado. Por ejemplo, en el de ayer, quería dirigirse a la comunidad gay y a los migrantes: “Ahora es el deber de nuestra generación continuar lo que empezaron esos pioneros. Porque nuestro recorrido no estará completo hasta que nuestras esposas, nuestras madres y nuestras hijas puedan ganarse la vida como corresponde a sus esfuerzos. Nuestro recorrido no estará completo hasta que a nuestros hermanos y hermanas gay se les trate igual que a todos los demás según la ley, porque, si nos han creado iguales de verdad, entonces el amor que profesamos debe ser también igual para todos. Nuestro recorrido no estará completo hasta que ya no se obligue a ningún ciudadano a esperar horas para poder ejercer su derecho al voto. Nuestro recorrido no estará completo hasta que encontremos una manera mejor de recibir a los inmigrantes esforzados y esperanzados que todavía ven a los Estados Unidos como el País de las oportunidades; hasta que los jóvenes estudiantes e ingenieros brillantes entren a formar parte de nuestra fuerza laboral en lugar de que se les expulse de nuestro País”.
En otro fragmento de su discurso, no fue casual que Obama recordara los lugares históricos en donde se luchó por los derechos civiles, como fue el caso de Stonewall, el bar de Nueva York, de donde fueron en 1969, reprimidos violentamente muchos militantes de la comunidad gay. Tampoco fue casual que el Presidente eligiera que hablara en su segunda toma de protesta el poeta gay de origen cubano Richard Blanco, quien por cierto evocó a Martin Luther King: he realizado el sueño, el cual continuamos soñando... Y por último, fue todavía menos casual, que Obama también eligiera para hablar al pastor Luis Leon, quien pidió se rezara: por los homosexuales y los heterosexuales... (Al mencionar lo anterior no podemos dejar de lamentar la división y áridas protestas que se han dado en Francia, contra el matrimonio del mismo sexo...).
Por último diremos que Obama es el primer Presidente de los Estados Unidos que no nada más se dirige a la comunidad gay, sino que aplaude con entusiasmo su gran banda que desfiló ayer en Washington. He allí un Presidente de los Estados Unidos, cuyo verbo, estilo (y luminosa sonrisa) serán recordados por muchas generaciones en todo el mundo.
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