Víctor Hugo Reyna García

La última edición impresa

Newsweek ha publicado su última edición impresa el lunes 31 de diciembre de 2012. En su portada, el cuerpo de editores encabezado por Tina Brown ha optado por hacer un contraste entre su pasado industrial y su futuro digital a través de una fotografía en blanco y negro de su mítico rascacielos y el numeral #LastPrintIssue.
Atinadamente, se trata de un diseño gráfico que prepara al lector para el viaje nostálgico de 60 cuartillas que le espera. Entre otras cuestiones, Brown y compañía han decidido resaltar las contribuciones realizadas por el semanario en materia de cobertura de conflictos bélicos, movimientos de derechos humanos e incluso el escándalo de Bill Clinton.
Por otra parte, el editorial firmado por Brown —que bien pudo haber llevado como título el numeral desplegado en portada— se lee como el enésimo intento de parte de los tomadores de decisiones de la industria periodística de Estados Unidos por encontrar una oportunidad en su crisis.
Sin embargo, lejos de la certidumbre que plantea Brown, para Newsweek se abre un nuevo capítulo de incertidumbre que puede prolongar su naufragio y eventualmente determinar su hundimiento. Esto es porque publicando sólo en línea enfrenta el difícil desafío de captar la atención de una audiencia fragmentada y acostumbrada al acceso libre de costo.
Hasta ahora, hemos leído las noticias sobre la ola de cierres y recortes de las publicaciones periódicas de Estados Unidos y el resto del mundo con cierta distancia. De alguna manera, apelando al excepcionalismo mexicano, hemos caracterizado a nuestro País como una zona protegida y nos hemos negado a percibir el carácter planetario de la crisis de los periódicos.
Contra esta idea, los resultados de las encuestas del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) nos indican que entre 2004 y 2010 ha disminuido de 16 a 10 por ciento el número de mexicanos que dice leer al menos un periódico al día mientras ha aumentado de 28 a 38 por ciento el índice de los que dicen nunca leer uno.
Además, los datos que maneja la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticias (WAN-IFRA) nos muestran que entre 1997 y 2012 ha decrecido de 17.4 a 10.3 por ciento la cuota del mercado de publicidad de los periódicos mexicanos. Y esto sin considerar que las cifras de Medios Masivos Mexicanos (MMM) dicen que oscila entre 5 y 7 por ciento.
Ante este panorama, nos preguntamos por qué seguimos sin pensar al periodismo como una institución en crisis. En diversas entrevistas, reporteros y editores nos han sugerido que la ausencia de noticias sobre cierres y recortes de la industria periodística nacional obedece —en gran medida— al amparo de la publicidad oficial.
Curiosamente, contra la idea que rechaza toda intervención del Estado en el periodismo, en Estados Unidos y Europa renombrados académicos lideran un movimiento de reforma que pide la intervención del Estado en el financiamiento del periodismo ahora que su modelo de negocios se agota, argumentando que su contribución a la vida pública así lo merece.
En síntesis, sus propuestas pugnan por: a) el reconocimiento del periodismo como un bien público, b) el cambio de la figura legal de las organizaciones que comercialicen menos del 25 por ciento de sus espacios para eximirlas de impuestos y permitirles recibir subvenciones y c) el redireccionamiento de los ingresos recaudados de la explotación del espectro radioeléctrico.
Por supuesto, estas propuestas de políticas públicas están orientadas a estimular y nunca a coartar las funciones democráticas del periodismo, por lo que de principio a fin insisten en que sean transparentes. Así, además dotarían al periodismo de una transparencia que suele reclamar pero no cumplir.
Aunque parezcan distantes, no debemos descartar estas ideas. Por el contrario, antes de que la crisis irrumpa con violencia, debemos pensar en mantener y mejorar el periodismo que tenemos. En este proceso, si no queremos lamentar el fin de nuestros “Newsweeks”, docentes, estudiantes, periodistas y propietarios debemos ir de la mano.

Maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora.
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