GERARDO ARMENTA BALDERRAMA

wCongreso paralizado
wAsuntos pendientes

Un Congreso paralizado. Así está el de Sonora. “Los hechos hablan por sí solos: falta movilidad y urge que agilicemos los asuntos que tenemos pendientes”. Esta revelación fue hecha el miércoles anterior por el diputado Próspero Ibarra Otero, presidente de la Comisión Permanente de la actual legislatura sonorense. Deploró que el trabajo en ese ámbito esté detenido por falta de voluntad política.
Ibarra Otero abogó por una orden del día que faculte para convocar a una reunión extraordinaria del Congreso para discutir la permanencia o derogación del impuesto etiquetado con las letras COMUN. Esa orden sólo puede obsequiarla la Comisión de Régimen Interno y Concertación Política, donde están los líderes de las diferentes bancadas partidistas existentes en la legislatura. Pero ni sus luces de tal comisión y sus integrantes. El legislador huatabampense reconoció que ignora por que el titular de la comisión mencionada (CRICP), Javier Neblina Vega, no se ha reunido con los demás integrantes de ese organismo.
Debe ser en tal omisión donde aflora lo que Ibarra Otero calificó como falta de voluntad política para asumir los riesgos de la sesión extraordinaria del Congreso que está todavía sin definirse y que seguramente su realización tardará más tiempo del que pudiera estimarse como prudente. Como queda de manifiesto, nada de lo descrito hasta ahora a lo largo de estos renglones entraña buenas nuevas para la sociedad sonorense en su conjunto. De este modo, por más que uno le busca no alcanza a comprender como es posible que en una legislatura local como la de Sonora de pronto se genera una sospechosa falta de voluntad política para cumplir con sus tareas.
Bien se sabe que en todas partes los procedimientos legislativos suelen representar verdaderos embrollos que se explican precisamente por la justificada motivación de sus protagonistas para obtener el mayor número de triunfos sobre sus adversarios políticos. Pero el problema parece que radica singularmente en eso, es decir, cuando se pretende dar por cierto que los intereses en juego son los de un partido político y no los de la ciudadanía. Imposible no advertir que las inquietudes que se manifiestan hoy en Sonora son propias de un estado de ánimo de la población que exige ser escuchada con el añadido automático e impostergable de que se le tome en cuenta.
Dos aspiraciones ciudadanas como las descritas tendrían que ser atendidas de inmediato en y por una instancia de representación popular como es un congreso local. Sin embargo, en Sonora no solamente no ocurre así, ya que en el colmo del extremo queda como evidencia real que en su respectiva legislatura no hay voluntad política para asumir el desahogo de tareas de su estricta competencia y por añadidura provistas de una sentida preocupación social, al grado de que no se justifica ninguna dilación para abordarlas a título inmediato. La porción panista de la legislatura sonorense tiene mucho que explicar al respecto.
Al final, resulta obvio entender que si un Congreso local no dispone de la movilidad política que debe exigírsele una y otra vez para el buen desahogo de sus labores, podrá ser todo lo que se quiera y mande, pero nunca el gran escenario social donde se discuten los grandes asuntos que incumben a la ciudadanía. Acaso se vea un tanto dramático plantear los hechos de esta manera. Pero ciertamente no hay otra forma a la mano de examinarlos en esta particular coyuntura.
Debe ser propio esperar que el Congreso sonorense reasuma el ejercicio de las importantes responsabilidades que le conciernen como uno de los poderes constitucionales que es. Paralizado como está no le sirve a nada ni a nadie, excepto a quienes idearon la trama de inmovilizarlo con la gana quizá de que una especie de cansancio colectivo borre de la agenda popular los temas que es preciso sean discutidos en el pleno de la legislatura.
Condenable e inadmisible, un propósito de esa naturaleza no puede acreditarse del todo. Más temprano que tarde en el Congreso local tendrá que asumirse la convicción inequívoca de que la peor forma de resolver los problemas radica en eludirlos o paralizando las formas a través de las cuales es propio y obligatorio enfrentarlos. Este mecanismo se advierte elemental en su descripción.
En la práctica, sin embargo, no ha sido fácil acreditarlo en el contexto legislativo de la Entidad. A ver hasta cuando…

nGERARDO ARMENTA BALDERRAMA
Licenciado en Periodismo por la UNAM.
Ha sido editorialista de Periódicos Sonorenses por más de una década.
Director de ‘El Informador del Mayo’
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