Domingo, 03 de Febrero de 2013 07:00
Fue acompañada por las manos expertas del pianista francés Laurent Philippe
Staff de Redacción
EL INFORMADOR DEL MAYO
ÁLAMOS.- La sexta noche de gala de la edición 29 del Festival Cultural Alfonso Ortiz Tirado. Al igual que hace unos días con motivo de la tercera noche de gala, el Festival propuso un recital puro y cristalino de música vocal en su modalidad de una voz y piano. La voz, la de la soprano estadounidense Ellie Dehn; el piano, en las expertas manos del francés Laurent Philippe.
Uno de los atractivos principales de este recital fue lo ecléctico (y en cierta forma, atrevido) de su programación. No es usual, por ejemplo, la presencia de la música sacra en este tipo de recitales, lo que no impidió a Ellie Dehn iniciar su actuación con un fragmento de la portentosa Gran Misa en Do menor de Wolfgang Amadeus Mozart. Cantó esta pieza con voz potente y cristalina, pero con un toque dramático un poco más tendiente a la ópera que a la música litúrgica.
Muy bienvenida resultó también en este recital vocal la inclusión de un aria de la ópera Susannah, del estadounidense Carlisle Floyd. A pesar de que es la segunda obra más representada del catálogo operístico de ese País (después de Porgy y Bess, de Gershwin), es muy poco lo que se sabe de ella o de su compositor en nuestro medio. Ellie Dehn cantó la pieza de Floyd con soltura y conocimiento de la materia y, por coincidencia feliz, al final de su programa incluyó la inmortal Summertime, el número más conocido de Porgy y Bess.
Y si de repertorio inesperado se trata, hay que aplaudir a la soprano estadounidense el haber recordado al público de Álamos que Franz Liszt tiene en su catálogo, además de su sorprendente y numerosa obra para piano, composiciones vocales que bien vale la pena escuchar. Aquí, transitó con corrección por esa mezcla de lo francés y lo alemán que caracteriza a mucha música de Liszt, y aplicó especial profundidad a la canción Die Lorelei, de legendario y misterioso texto.
Punto culminante de la presentación de Ellie Dehn, su interpretación de las cinco melodías populares griegas de Maurice Ravel. Sí, abordó con gusto los giros sutilmente mediterráneos escritos por Ravel en su partitura, pero sin caer en destellos de folclorismo fácil. Gran refinamiento, en suma, en esta interpretación suya de Ravel.
De registros estilísticos y expresivos diametralmente opuestos resultaron, como debe ser, las versiones de la soprano a sendos números de la ópera Benvenuto Cellini de Héctor Berlioz, y de la opereta El murciélago de Johann Strauss II. En Strauss, especialmente, articuló bien la falsa gitanería inventada por el compositor, en la que hay fugaces (y humorísticas) imitaciones de las músicas húngaras de Franz Liszt.
Para redondear la bienvenida aparición de estas novedades en el programa de su recital, Ellie Dehn ofreció algunas piezas fundamentales del repertorio: Ah!, je suis seule, de Thaïs, de Jules Massenet; O mio babbino caro, del Gianni Schicchi de Giacomo Puccini; Quando m’en vo de La bohemia, también de Puccini; y esa retadora declaración de principios de una típica heroína de Giuseppe Verdi, el Sempre libera de La Traviata. En la parte italiana de esta región del repertorio destacó, por ejemplo, la dulzura con que cantó el final de O mio babbino caro, la picardía de su interpretación de Quando m’en vo (el famoso Vals de Musetta) y la energía retadora de la famosa rebelión de Violetta en La Traviata.
Buena presencia escénica, buenas aproximaciones actorales en algunas de las piezas y, sobre todo, una voz poderosa, afinada y de fuerza homogénea a lo largo de todo su registro, fueron las cualidades apreciables en este satisfactorio recital de Ellie Dehn, quien tuvo en Laurent Philippe a un auténtico cómplice, quien además de acompañarla expertamente en el piano, la ayudó con algunas labores teatrales hacia el final de su programa.