Lunes, 04 de Febrero de 2013 07:00
Para Jorge Espada Trapero: empresario justo y político honesto, ¿qué más? Descanse en paz.
Es tal la insistencia del Gobierno de Sonora por remacharnos sus “slogans” publicitarios, que a fuerza de tanto repetirlos ha terminado por aburrir a una buena parte de la población que ya no siente lo duro sino lo tupido. Lo que antes era novedad ahora es visto como derroche, y lo que antes era visto con sorpresa, ahora se ve con escepticismo y enfado.
Los muy publicitados logros del Gobierno han sido magros y limitados, dígalo quien lo diga. La excesiva publicidad acerca de la cuantificación de algunos indicadores en materia de empleo, educación o niveles de vida que el Gobierno a cada rato presume, no son otra cosa que el fruto del empuje que Sonora ha tenido históricamente en materia productiva con independencia -y a pesar- de las acciones de sus gobiernos.
Sonora siempre se ha distinguido por tener los primeros lugares en minería, pesca y en algunos productos agrícolas; esto ha sido parte de la historia y la cultura de trabajo del sonorense. Acompañada, eso sí, con el apoyo también histórico de los gobiernos federales y estatales a través de la gestión; ha influido también el compartir la frontera con Estados Unidos y la coordinación con los municipios para fortalecer las políticas de desarrollo económico y creación de empleos. Hasta ahí. En materia educativa, los logros nacionales de Sonora empezaron a delinearse desde la creación de la Universidad en 1942 y los altos presupuestos de los gobiernos en los programas educativos iniciando con la alfabetización.
Pero de ahí, a que exista -como lo promueven- un Nuevo Sonora producto del Gobierno actual, no deja de ser una exageración publicitaria y un gran mito para consumo de sus promotores. Nos quieren vender la idea de que el Gobierno del PAN nos ha traído una nueva realidad y con una frivolidad fuera de serie se ostentan como los inventores del Sonora moderno. ¡Por favor!
Esa falsa percepción oficial ha dado origen a una tesis plena de soberbia y de la reiterada cantaleta de solicitar que -¿en todos los indicadores?- “se les compare” con los gobiernos anteriores, como tratando de decir que a ellos se les debe reconocer la originalidad y las novedades en beneficio de la gente y -según ellos- lo que se hizo antes por Sonora no le llega ni a los talones a lo logrado en casi cuatro años de Gobierno del PAN.
Falacia o presunción, la tesis no resiste el menor análisis y cae por sí sola, porque no tiene base. Ni la historia de Sonora es lineal ni los gobiernos estatales han enfrentado circunstancias similares. Cada quien su historia, cada quien su obra, cada quien su gestión y las comparaciones sólo valen hasta el final de los sexenios con sus claroscuros. Nada antes.
¿De dónde sale tanta megalomanía gubernamental para sentirse elegidos y únicos en materia de Administración pública, política y estilo de Gobierno? A estas alturas se ve que al actual Gobierno no lo guía la política ni los principios, sólo se orienta por la mercadotecnia y el pragmatismo político.
Así han hecho política: sin principios, sin un marco ideológico propio, sin un compromiso social que busque cambiar la realidad. Parches y más parches para tapar aquí, ajustar allá, soltar por acá y sellar más allá.
Si estuviésemos tan bien, no nos sentiríamos tan mal. Ahí están las protestas y la irritación social a todo volumen contra el Gobierno Estatal que en lugar de reducirse han crecido.
Si necesitan comprar aliados temporales o reciclados, los compran; si se hace necesario invertirle a medios para que hablen bien de ellos... pues faltaba más. Si es necesario mentir y simular con la gente... pues también.
Lo han hecho sin pudor alguno y le han invertido. En estos casi cuatro años han provocado varias crisis de los “raitings”, es decir, la de aquellos medios de comunicación que al ser demasiado oficialistas y entregados a los dictados del poder para vender su verdad y golpear disidentes, han entrado en crisis y ya nadie cree en ellos; ni su audiencia ni sus clientes. Algunos terminaron por hartar ciudadanos, cerraron y terminaron por sacarlos del aire. Les pasó lo mismo con el “monumento al tubo” y con la cacareada Ley de Participación Ciudadana, que fueron flor de un día.
Los llamados comentócratas, para tratar de justificarse se escudan en pretextos aventureros y no en principios. “Es que con el anterior me fue muy mal hermano, y por eso cambié”. ¿Y de cuándo acá los principios y la honestidad intelectual dependen de los vaivenes políticos?
Han improvisado y saturado medios con defensores de la verdad oficial al por mayor sin ton ni son, algo así como aquellos “Chocolates sin cacao”, como los llamaba el legendario periodista José Pagés Llergo, porque les falta sustancia: aparentan que son verdaderos, pero carecen de autenticidad; tienen oficio, pero no credibilidad; y son demasiado obvios a la hora de las definiciones porque han privilegiado un nuevo tipo de dogmatismo oficioso que a cada rato choca con la realidad. No se sostienen.
Y van en consecuencia porque la nueva y dispersa clase en el poder está hecha de boletines oficiales, de caras sonrientes, desplegados que se pierden en la cursilería, y de fotos de ocasión muy estudiadas para tratar de impactar. Su realidad es muy superficial y light. No tienen proyecto social, no tienen formación cultural y su estilo es la mera contemplación, la sorpresa de una realidad en apariencia desconocida, así como la recurrente receta de autoayuda. No hacen política, hacen relaciones públicas con frases huecas y desgastadas: “No hay impuesto que por bien no venga”, “El agua es de todos”, “medidas dolorosas pero necesarias”, etc.
Gradualmente, se han ido librando de los compromisos políticos adquiridos en 2009, cuando para llegar al poder al precio que fuera, provocaron en el PRI y en las izquierdas el más alto nivel de transfugusimo político que se recuerde. Los tránsfugas trataron de justificar su cambio de última hora echándole la culpa al Gobierno que se iba. Pienso que por su origen nunca les dieron nada relevante, nada más los usaron. Puros cargos medianos y pequeños de tercera categoría para asegurarles sobrevivir.
Según el Gobierno y el PAN, a ellos ya les terminaron de pagar y ahora a esos que a cada rato homenajeaban por “su valor político y civil” los excluyen y los sacan, buscando cerrar pinzas para el 2015, y también preparando el terreno para la vuelta a la realidad que habrán de experimentar con más de un centenar de funcionarios federales panistas que del 2000 a la fecha saturaron las delegaciones del Gobierno Federal en el Estado. Y eso que todavía les quedan pendientes del 2012.
A la mitad del camino y con el regreso del PRI a la Presidencia, aquellos que juraban y gritaban que el PRI desaparecería del mapa político for ever and ever y pensaban que el PAN había llegado para quedarse por más de tres sexenios, como pleno de optimismo lo declarara un alto funcionario del gobierno, ahora buscan por todos los medios hacerse oír para regresar al PRI y al Gobierno Federal. “Tú sabes mi hermano que a mí me trataron mal y por eso me fui, pero ya los conocí muy bien y ahora quiero regresar porque éstos no tienen remedio”. Se justifican y tratan de avanzar ¿Convencerán?
En el discurso del llamado Nuevo Sonora no tiene cabida el concepto de moral pública... y mucho menos el de la privada. No hay una idea clara de los significados, y la práctica política y administrativa del Gobierno de la alternancia no lo contempla en su publicidad, quizá conscientes de que no podrían sostenerse en la práctica. Porque a pesar de las denuncias y las evidencias de corrupción pública y privada, nadie hasta hoy del nuevo gobierno ha sido sancionado públicamente, a pesar de los constantes y efectistas ofrecimientos de cárcel para el que se porte mal de parte del Ejecutivo, que no ha pasado de ser una burla más.
Porque tiene muy arraigada la idea de que las irregularidades señaladas, más que reales obedecen a los ataques de sus adversarios. Con mucho sigilo y en silencio total han apartado del servicio a los funcionarios que les dejaron de ser útiles porque se probaron sus actos de corrupción.
A cada denuncia de corrupción, el Ejecutivo contraataca exigiendo las “pruebas”, recordándonos aquel famoso debate entre Luis Cabrera y Luis N. Morones cuando el primero le espetara al segundo: “Te estoy acusando de ladrón, no de pen...”.
Nadie se ocupa de darle seguimiento a las miles de observaciones del ISAF (Instituto Superior de Auditoría y Fiscalización) sobre las irregularidades estatales y municipales, y el organismo sigue estancado en la falta de mecanismos operativos -dientes- para sancionar directamente a los responsables, dejándole todo a la libre voluntad de los órganos internos de control de cada dependencia, y sin que en ningún caso, por más grave que sea, se llegue hasta las últimas consecuencias.
Hasta ahora no ha pasado nada con los casos de los ex alcaldes del PAN inhabilitados en sus municipios. En el Gobierno Estatal se ríen de los procedimientos y los implicados se festejan de las decisiones de los contralores municipales. Han utilizado tanto políticamente y a conveniencia el caso de dos ex funcionarias de Hacienda Estatal, que la gente ha dejado de creerles y ahora las ve como las víctimas inocentes del sexenio.
El riesgo del Gobierno de la alternancia es que ya se le acabaron los chivos expiatorios del pasado y la gente ya les pide acciones contra los que en estos tres años han acumulado fortunas escandalosas al amparo del poder. Ejemplos abundan.
El juicio del tiempo y la verdad política han terminado por imponerse. A eso ha contribuido notablemente la ausencia de autocrítica, el no reconocimiento de los propios errores y los enormes titubeos en la conformación del gabinete, que ha dejado al Gobierno sin operadores políticos capaces y confiables. Para colmo, la gente que antes apoyó a Padrés y al PAN terminó por hartarse de tanta simulación, corrupción y abusos, y ahora sus verdaderos adversarios políticos ya cuentan con una ventana abierta en el Gobierno Federal -de la que carecieron por 12 años consecutivos-. Ya lo decía Churchill: “Al final, la verdad es tan poderosa que termina por imponerse”. Nada menos. Nada más.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla