Viernes, 08 de Febrero de 2013 07:00
Gerardo Armenta B.
+Francia y España
+Caso en Acapulco
Cuando quedó más o menos zanjado (dando por supuesto que resulte dable describir su finiquito con estas palabras) el problema suscitado con Francia y su ciudadana Florence Cassez, el País entró de lleno a otra zona de eventual choque diplomático, ahora con España. La reciente violación de seis mujeres españolas en Acapulco generó un resonante problema que no ayuda en nada a la imagen mexicana en el exterior.
El alcalde de ese puerto guerrerense empeoró sobremanera las cosas cuando tuvo la infortunada ocurrencia de afirmar que en todas partes se producen violaciones de mujeres, palabras más, palabras menos, como una torpe manera de justificar lo ocurrido en ese lugar. Luis Walton, presidente municipal de Acapulco, nunca debió decir lo que dijo. Pero lo dijo, obviamente sin saber que un problema jamás se podrá sofocar rociándole más combustible.
Por su lado, y para no ser menos, el gobernador de Guerrero prometió aplicar todo el peso de la ley para resolver el grave caso de las turistas españolas. “Estamos profundamente consternados”, dijo Ángel Aguirre Rivero. Expresó que las violaciones de que se habla no quedarán impunes, al confiar que él y su Gobierno entregarán resultados muy pronto. Esto es lo que todo mundo espera tanto en México como en España.
Y lo que son las cosas: precisamente el mismo Gobierno español advirtió desde el 26 de diciembre de 2012 que Acapulco no era un destino seguro para viajeros. Aclaró que en general las zonas turísticas de México son seguras, salvo ese puerto. En suma, pidió a sus nacionales extremar la prudencia. No es que seis mujeres de esa nacionalidad hayan desoído las recomendaciones del Gobierno español. Debe ser más pertinente asumir que en Acapulco la violencia en general rebasa ya las medidas convencionales en la materia.
El asunto que se comenta es grave y puede complicarse de suyo todavía más. Los violadores de las mujeres españolas pudieron ser tanto delincuentes comunes como integrantes del crimen organizado. Sin embargo, tan reprochable es que hayan sido unos como otros. En España no quitarán el dedo del renglón y de una u otra manera no se detendrán para poner en duda la existencia de un verdadero clima de tranquilidad pública en un País como México por el embate de bandas delictivas de muy diversa catadura.
No mentirán si esgrimen tal argumento. Prueba de ello es que la Comisión Nacional de Derechos Humanos inició lo que en su lenguaje se identifica como una queja de oficio por la violación de las seis turistas que llegaron de España. Esta comisión investigará realmente no sólo el ataque sexual sufrido por las mujeres. También se ocupará en general de la agresión que sufrió todo el grupo de vacacionistas del que formaban parte. El grupo estuvo formado por siete hombres, las mujeres españolas y una chica mexicana que curiosamente no sufrió mayor ultraje corporal, porque se le respetó, presumiblemente por la nacionalidad que ostenta.
El problema, sin embargo, es que si ya se sabe que la CNDH tomó cartas en el asunto, lo que procede esperar es que las investigaciones no prosperen mayormente. Este organismo terminó por resultar casi una nulidad total en el desarrollo de sus obligaciones. Entonces, no cabe esperar que por su lado se produzca alguna pesquisa que sirva para esclarecer el episodio de las españolas sometidas a violación en Acapulco.
La investigación tendrán que ejercerla las autoridades en la materia, sean éstas las que sean, porque a veces, para ser franco, no se sabe quien es quien. El caso de la francesa Cassez (muy distinto al que se comenta hoy) necesitó siete años para más o menos arribar a una solución, por más controvertida que haya sido ésta, como evidentemente lo fue. Por lo visto, entonces, a un País como el nuestro cuando no le llueve le llovizna, dicho sea sin afán de jocosidad. Porque no sólo podría hablarse de conflictos con Francia y España.
Quizá haya que esperar otro más con Estados Unidos. Podría ser así porque en San Miguel Allende, Guanajuato, una ciudadana norteamericana fue asesinada de 30 puñaladas en su propia vivienda. El hecho se produjo el fin de semana anterior, pero apenas fue confirmado el jueves reciente. La muerte de extranjeros en un País determinado puede generarse por razones diversas. A la hora de la hora, empero, las truculencias diplomáticas parecería que buscan por fuerza hacer valer razones que no vienen al caso para explicar decesos de esa naturaleza.
Por desgracia, en el México actual existe evidencia de sobra para suponer que la violencia delictiva que se ha generalizado bien puede estar en la base de una buena parte de los hechos en que resultan perjudicadas personas que ni la deben ni la temen. De aquí la necesidad de que no se pierdan eficiencia y objetividad al investigar hechos que de una u otra forma lesionan a extranjeros durante su paso o estancia en México.