‘El Toro’ habla de sus
inicios, sus años de gloria
y el momento presente que
goza como comentarista de radio

Por Manuel Ramos S.
PURO BÉISBOL
HERMOSILLO.- Tal vez queden algunas cosas perdidas en mi mente, pero lo que sea, hay constancia de que Fernando Valenzuela se confesó frente a mí, hablando con sinceridad, con el corazón y otro más de sus millones de admiradores.
Jamás olvidará el mundo, pero ante todo los mexicanos, la “Fernandomanía”, porque sigue latente en el corazón de todos.
La etapa de Fernando Valenzuela, en el béisbol, fue como, despertar de un sueño a la realidad.
Pero todo fue real.
“Yo soñaba con muchas cosas, cuando era niño y luego cuando era más grande -me dice al mismo tiempo que aspira fuerte para no llorar-, pero jamás pensé que muchos de esos sueños se hicieran realidad.
“Jugar béisbol me divertía. Era feliz. No pensé en lo que Dios me tenía preparado. Viví tan rápido todo que jamás quise quedarme en el pasado. Ni tampoco me puse metas o retos para mí mismo.
Simplemente me dejé llevar por el camino que Dios me señalaba”.
Fernando es muy devoto. No va seguido a misa, pero reza, ora, cree y confía en Dios.
Recuerda sus años en la pelota amateur, jugando en torneos regionales, estatales y nacionales, siempre representando los colores de su pueblito querido y de Sonora, en especial.
El dinero no era lo más elemental para él, aunque sufría de muchas carencias.
Siempre pensaba en darle a sus padres, algo para que vivieran mejor.
“Cuando tuve dinero, lo primero que le hice a mis padres fue una casa, en el mismo lugar donde siempre vivimos. Eso era lo más importante para mí”.

VIVE DEL PRESENTE
A los 15 años, Fernando era un joven flaco. Le gustaba usar el pelo largo. Era y sigue siendo serio. Respeta mucho a sus mayores. Ama a los niños.
“Yo vivo el presente con optimismo. No tengo rencor, ni envidia.
Soy feliz con lo que hago y con lo que tengo”.
Su pasado lo recuerda poco, pero no lo olvida.
Ni lo bueno, ni lo mal. Habla con vehemencia de lo que el béisbol le ha dado.
“Me dio todo. Satisfacciones, felicidad, tal vez dinero, conocí, gracias al béisbol a mi esposa Linda. Y todo eso me lo dio el béisbol”.
De su futuro habla poco.
“Mi futuro es vivir cada hora, cada día, con alegría y con optimismo. Jamás pienso negativamente. No hago planes, ni tampoco quiero tener muchos compromisos”.
Fernando Valenzuela, no sabe muchas cosas, pero de lo que sí está seguro es que jamás será coach de un equipo, ni tampoco manager.
Y repite: “No tengo paciencia, por lo tanto no podría ser buen coach ni tampoco buen manager”.
--¿Has recibido ofertas para ser coach, instructor o manager?
“Muchas”.
--¿De todos los niveles? (Y cuando le hago la pregunta, me refiero a grandes ligas y al béisbol de casa).
“Una de las más recientes -recuerda-, fue en Mexicali. Dio quería que fuera coach de pitcheo con los Águilas. No acepté, como tampoco he aceptado otros, incluyendo la de los Dodgers”.
No sabe qué pasará cuando deje de comentar los juegos, por radio, de los Dodgers, porque no le gusta hacer planes.
En esta etapa de su vida, pasa horas con sus hijos, incluyendo las mujercitas. Le gusta descansar y jugar golf.
Estos días que pasó en esta ciudad, Fernando jamás los olvidará, porque le gente se le entregó de corazón.
Además su ingreso al Salón de la Fama del Caribe, fue algo que jamás pensó que iba a suceder.

SU SALIDA DE LOS DODGERS
Con Fernando Valenzuela también abordamos el tema sobre su “salida” de la organización Dodgers de Los Ángeles con miras a la temporada 1991.
El tema es interesante, porque Fernando no siente ya, ni coraje, ni rencor, mucho menos odio, en contra de quién o de quienes tomaron la decisión.
“Ellos -se refiere a los dirigentes, que por cierto ya no están en la organización-, consideraron que ya no podía ayudar al equipo y por eso me sacaron de la jugada”.
--¿Sentías que en verdad, tu brazo ya estaba “exprimido” o tus lanzamientos ya no hacían daño?
“Yo me sentía bien. Sabía que podía seguir lanzando en Grandes Ligas. De estar mal, no hubiese jugado con siete equipos más”.
Por fortuna, Fernando se repuso de ese sabor amargo, en poco tiempo.
Su esposa fue factor determinante para que no se diera por vencido.
“Se equivocaron, pero lo interesante es que esa gente ya no está con la organización, ni siquiera los que entonces eran los dueños”.
--¿Por qué regresas, ahora como comentarista de radio?
No lo piensa dos veces, para contestarme.
“Los nuevos directivos -aclara-, me pedían que fuera instructor o coach de pitcheo. No acepté, ni aceptaré, porque no tengo paciencia para ello, menos para dirigir. Entonces fue cuando surgió la idea de que hiciera comentarios en los juegos de casa y que fuera con el equipo a San Diego y San Francisco”.
Fernando reconoce que ahora le gusta esta nueva fase de su vida y de su carrera en el béisbol.
Agradece el apoyo y ayuda de sus amigos Jaime Jarrin y el joven Íñiguez.
Y como no abriga coraje, rencor, ni amargura en su corazón, ya perdonó a quienes le hicieron daño.
El chico aquel que conmocionó y emocionó al mundo entero, con su carisma, imagen y su forma de lanzar, dominando a bateadores, con su famoso “tornillo”, jamás soñó lo que le deparaba el destino.
Era un jovencito, salido de la nada y de una cuna humilde, que de pronto se ve en un mundo raro para él.
No perdió entonces el piso. Menos ahora.
--¿Qué es lo que te molesta, Fernando?
“Que digan -responde-, mentiras de mí o que inventen cosas. Yo siempre soy el mismo. Lo que pasa es que algunos periodistas se quejan por las entrevistas, pero uno, el jugador, tiene que aprovechar sus espacios.
“No niego entrevistas, pero -insiste-, las doy en el momento adecuado, para que yo me sienta bien y ellos, los periodistas, se sientan satisfechos.
“Pese a todo -añade-, jamás he tenido un problema o un altercado con algún periodista. Al contrario admiro su trabajo y reconozco su esfuerzo”.
Fernando ha logrado hazañas jamás soñados por él.
Novato del Año y ganador del Cy Young en 1981.
La Serie Mundial que ganó el equipo frente a los Yanquis y un juego sin hit ni carrera.
Hazañas y triunfos que suavizan los golpes que da la vida.

LA MUERTE DE SUS PADRES
“Eso fue un golpe duro, para mí y toda la familia -expresa con voz cortada y casi con lágrimas en los ojos-, porque mis padres fueron mi inspiración siempre. En todo. Éramos una familia grande, pero muy unida. Sufrimos muchas carencias, pero el amor en casa nunca faltó”.
Algún día alguien habrá de escribir la vida de Fernando. O filmar una película.
Lo merece.
Banner

Tribuna Radio


Banner

Tornado de Oklahoma 

http://tribuna.info/components/com_gk3_photoslide/thumbs_big/510308foto6.jpg

Tornado

Momentos en los que el tornado se mueve hacia los hogares de la localidad de Moore. See details

http://tribuna.info/components/com_gk3_photoslide/thumbs_big/193620foto3.jpg

Equipo de rescate

Los equipos de rescate buscan sobrevivientes entre los restos que dejó el tornado que asotó a la Ciudad de Oklahoma el pasado Lunes aplastando y destruyendo barrios enteros. See details

http://tribuna.info/components/com_gk3_photoslide/thumbs_big/822674foto4.jpg

Recorrido por vecindarios

Los rescatistas recorrían a pie los vecindarios donde el poderoso tornado arrasó el lunes casas una por una, atentos a cualquier voz que pudiera salir de entre los escombros. See details

http://tribuna.info/components/com_gk3_photoslide/thumbs_big/212821foto5.jpg

Buscan con ayuda aérea

Un helicóptero en lo alto lanzaba su haz de luz sobre las cuadrillas de rescatistas y trabajadores. See details

http://tribuna.info/components/com_gk3_photoslide/thumbs_big/449170foto1.jpg

Gene Tripp sobreviviente

Bomberos de Oklahoma observan el estado de Gene Tripp sentado en su mecedora, en el lugar donde una vez estuvo su casa después de ser destruida por el tornado que See details