Gerardo Armenta
+Los Traidores Priístas
+Documentar la Acción

A diferencia de otros lugares del sur sonorense donde el asunto nada más se debatió sin llegar a ningún lado, con el añadido de que se ha vuelto a plantear su discusión en municipios de esta parte de la Entidad, en Huatabampo el PRI, más allá de las palabras, sí asumió realmente el año pasado la expulsión de cuatro militantes suyos bajo el cargo de traición a la causa. En los demás lugares a que se alude, como Navojoa, Etchojoa, Benito Juárez y Álamos, todo quedó en una artificial controversia entre priístas que, como se apunta, hoy se quiere retomar.

Al calor de la contienda electoral reciente, algunos ánimos priístas se caldearon, por lo que tomó relativa fuerza un movimiento sureño para correr del partido tricolor a quienes (el número siempre se antojó considerable) portaban sospecha de aliarse con fórmulas panistas y perredistas para doblegar a diversos candidatos del PRI. No parecería que exista mayor duda en cuanto a que esa traición priísta sí ocurrió en los hechos.

El problema, empero, fue cuando se trató de documentarla en papeles para exhibirla ante las instancias del PRI que se ocupan de contingencias de esta naturaleza. En ese propósito naufragó el ánimo de hacer que los judas priístas pagaran su muda ideológica con el bochorno público de la expulsión. De esta suerte, la mayoría libró ese lance, aunque algunos debieron afrontarlo de una u otra forma. El dirigente priísta de la Tierra de los Generales se ocupó recientemente del tema.

En este sentido, Jesús Manuel Osuna Durán calificó como buena la medida de llevar al pleno nacional de su partido la propuesta de tornar más ágiles las solicitudes de expulsión a los traidores y "chapulines" que niegan los principios priístas. Lo planteó así en una asamblea distrital organizada como preámbulo de las de carácter estatal y nacional que se llevarán a cabo. En otros municipios del sur, donde realizaron eventos iguales al que se describe, surgió la misma inquietud.

Osuna Durán expresó en una declaración periodística: "Los 'chapulines' y traidores al partido (PRI) hacen mucho daño a la política y a la ciudadanía. Los estatutos partidistas están bien. Pero se requiere hacerlos más expeditos y aplicarlos sin doble discurso, como ya se hizo en este lugar (Huatabampo) con militantes a los que se comprobó su adhesión a otros colores partidistas". El dirigente priísta de la Tierra de los Generales no titubeó para citar a esos militantes por sus particulares nombres: Carlos Ruiz Love, Nora Luz Mendívil Obregón, Salvador Cañedo Quintero y Luz Elena Gastélum Fox.

En su momento, los hechos fueron como los describió Osuna Durán. Pero después de recrearlos esta vez se produjo una réplica a cargo de uno de los mencionados en la lista anterior. Carlos Ruiz Love, ex diputado local priísta, descalificó totalmente las expresiones suscritas por Osuna Durán al juzgar que no tiene calidad moral ni liderazgo partidista para suscribirlas. No paró allí, porque atribuyó las palabras del dirigente priísta local a una interpósita persona a la que acusó de no dar la cara.

Queda en claro a partir de todo lo anterior que el tema de los traidores al PRI sigue siendo sensible en el ámbito de ese partido y en el particular de la opinión pública. Convendrá por simple precaución objetiva decir que las acusaciones contra casi todos los judas priístas sureños fueron dictadas por razones contundentes e irrebatibles. El problema es que formalmente no se procedió contra nadie, excepto los cuatro de Huatabampo aludidos. El contrasentido resultó más que notorio.

De suyo, no se tilda a nadie en un partido político con el grave calificativo de traidor y se le deja sin modificar abruptamente su condición de militante. Por supuesto que también es dable aceptar que nadie puede ser juzgado y condenado a priori, es decir, antes de examinar pruebas y formular un veredicto. Sin embargo, parecería que en el PRI sureño nunca debieron batallar para encontrar las evidencias que probaran fehacientemente la deslealtad de quienes quedaron en presunción (manifiesta, vale decirlo) de que en efecto se dieron vuelo haciendo campaña para otros partidos políticos, pero sin dejar a su partido original.

Debe ser hasta cierto punto lógico que una buena parte de esos desleales partidistas que negaron al PRI, ya no se consideren personalmente como activos tricolores, en el entendido de que todo mundo sabe lo que hicieron. Aparte, tampoco deben estar muy interesados o interesados en que se les haga participar en un juicio oral o escrito que termine por poner las cosas en claro, suponiendo que un deslinde de esta naturaleza resultara necesario. El caso es que en estas alturas es muy probable que algunos priístas sureños hayan decidido dejar de serlo, antes de someterse al engorroso trámite de un juicio partidista que sólo podrían enfrentar quienes tengan la conciencia tranquila, a pesar de que sus acciones les delaten.

En fin, no pasará mucho sin que se sepa lo que ocurrirá con esta telenovela de los priístas que en el Sur del Estado traicionaron a su partido. Una asamblea de carácter nacional podría encargarse de someter el asunto a discusión. Pero acaso sea posible anticipar que las cosas no llegarán a tal extremo, como sería preciso e ineludible que llegaran para revindicar de ese modo a los verdaderos y honrosos priístas que están con su partido en las buenas y en las malas, sin buscar otros horizontes a la menor provocación.