Por Any Cárdenas Rojas

Colaborador / TRIBUNA

Hace unos años la gente decía: Juan Pablo II está muy grande ya debería renunciar. Hoy dicen: Benedicto XVI no debería renunciar, ahí tienen a Juan Pablo II”. Así de contradictorios podemos llegar a ser católicos y no católicos. El Papa renunció. Así amanecieron muchos de los periódicos en estos días. Así amaneció el día para muchos, para la mayoría, así de rápido perdieron la fe unos cuantos y otros muchos la reforzaron... y que renunciara, es de esas cosas, que no se entienden por muchos, por ignorancia o desinformación. ¡El Papa Benedicto XVI ha renunciado! La Iglesia y el mundo se entristece porque va a dejar de tener la guía de un hombre que ha vivido 85 años al servicio de Dios y de la humanidad. Al mismo tiempo se regocijan porque la renuncia del Papa nos muestra a un hombre que no se aferra al poder, sino que se rinde en la medida que reconoce que su misión ante Dios y ante la humanidad, ha sido cumplida. El Papa Benedicto XVI da una gran lección a todos aquellos que tienen poder y que les cuesta trabajo dejarlo. En su caso propio, lo dejará en manos de ese que promete continuar el legado encomendado por el mismo Jesucristo a Pedro y a sus 264 sucesores. Es conocimiento público que el Papa Benedicto XVI, siendo en aquel entonces el Cardenal Joseph Ratzinger, al concluir la edad en la que los obispos deben de presentar su renuncia, pidió al Papa Juan Pablo II que le permitiera retirarse a Bavaria, su tierra natal, para dedicarse a la escritura y la oración. El Papa le negó su deseo por considerarlo un hombre demasiado valioso para la iglesia. En obediencia, el Cardenal Ratzinger aceptó continuar prestando sus servicios. Más tarde al ser elegido Papa, nuevamente en obediencia aceptó. En la actualidad su salud se ha deteriorado demasiado y en este tiempo de paz de la iglesia, siente que ya es hora, de que nueva sangre, con nuevos brillos y entusiasmo, circule en la persona del nuevo Papa. Somos católicos... de paso, si queremos o porque de niños nos llevaban a misa nuestros padres, somos unos de tantos, algunos banales, uno de muchos... Sí... pero católicos al fin. Pero así sea un doctor en teología, o un analfabeta de las escrituras (de esos que hay millones), lo que todo mundo sabemos es que el Papa es el Papa. Odiado, amado, objeto de burlas y oraciones, el Papa es el Papa, y el Papa se muere siendo Papa. Por eso estos días cuando nos enteramos de la noticia... nos preguntamos ¿porqué?. ¿Porqué renuncia señor Ratzinger?. ¿Le entró el miedo?, ¿se lo comió la edad?, ¿perdió la fe?, ¿la ganó?. Y hoy, unos días después, creo que encontramos la respuesta: ¡El señor Ratzinger, ha renunciado toda su vida!... así de sencillo. El Papa renunció a una vida normal. Renunció a tener una esposa. Renunció a tener hijos. Renunció a ganar un sueldo. Renunció a la mediocridad. Renunció a las horas de sueño, por las horas de estudio. Renunció a ser un cura más, pero también renunció a ser un cura especial. Renunció a llenar su cabeza de Mozart, para llenarla de teología. Renunció a llorar en los brazos de sus padres. Renunció a teniendo 85 años, estar jubilado, disfrutando a sus nietos en la comodidad de su hogar y el calor de una fogata. Renunció a disfrutar su País. Renunció a tomarse días libres. Renunció a su vanidad. Renunció a defenderse contra los que lo atacaban. Nos queda claro, que el Papa es una persona apegado a la renuncia. Y hoy por hoy, lo vuelve a demostrar. Un Papa que renuncia a su pontificado cuando sabe que la iglesia no está en sus manos, sino en Alguien mayor, me parece un Papa sabio. Nadie es más grande que la iglesia. Ni el Papa, ni sus sacerdotes, ni sus laicos, ni los casos de pederastia, ni los casos de misericordia. Nadie es más que ella. Pero ser Papa a estas alturas del mundo, es un acto de heroísmo (de esos que se hacen a diario y nadie nota). Nos viene a la memoria sin duda, la historia del primer Papa... un tal Pedro...¿Cómo murió? Si, en una cruz, crucificado igual que a su maestro, pero de cabeza. Hoy en día, Ratzinger se despide igual. Crucificado por los medios de comunicación, crucificado por la opinión pública y crucificado por sus mismos hermanos católicos. Crucificado a la sombra de alguien más carismático. Crucificado en la humildad, esa que duele tanto entender. Es un mártir contemporáneo, de esos a los que se les pueden inventar historias, a esos de los que se les puede calumniar, a esos de los que se les puede acusar y no responde. Y cuando responde, lo único que hace es pedir perdón. “Pido perdón por mis defectos”. Ni más, ni menos. ¡Que pantalones!, que clase de ser humano. Podríamos ser mormones, ateos, homosexuales, abortistas, pero ver a un hombre del que se dicen tantas cosas, del que se burla tanta gente, que lo juzgan (sin saber en la mayoría de los casos) y que responda así..¡ese tipo de personas, ya no se ven en nuestro mundo!. No faltan las comparaciones: Cuando Juan Pablo II se sintió cansado y enfermo, siguió adelante, “sin bajarse de la cruz”. Benedicto XVI, en cambio, ha decidido retirarse y dejar el lugar a otro físicamente más capaz. No se debe comparar una decisión con otra. Las circunstancias son diferentes. Debemos estar seguros de que las dos fueron bien intencionadas y las dos fueron inspiradas por el Espíritu Santo. Tal vez Benedicto XVI ha notado que en el momento actual la presencia física del Santo Padre es muy importante y él ya se siente incapaz de cumplir con ese requisito, aunque intelectual y espiritualmente su presencia sigue siendo insuperable. Es la perspectiva de un hombre que sabe mucho más que nosotros y tiene mucha más capacidad de análisis. No se debe jamás temer que la falta de un Papa vaya a traer problemas o a significar una pérdida para la iglesia. Dios siempre manda el Papa que se necesita en ese momento. Creo que hasta los Papas que consideramos más malos, tal vez por su conducta personal o por falta de capacidad, han sido el Papa que se necesitaba en ese momento y sus decisiones fueron las que la iglesia necesitaba en ese momento. Nadie pensó que Juan Pablo II pudiera ser reemplazable y, sin embargo, Benedicto XVI llenó el hueco perfectamente. Hay que considerar que lo que hace bueno a un Papa no es su personalidad o su capacidad, sino la inspiración de Dios que Jesús prometió a Pedro. Un hombre tan carismático como Juan Pablo II o tan inteligente como Benedicto XVI no habrían sido lo que fueron si no hubiera sido por la inspiración de Dios. El Papa que venga después, tal vez no será tan carismático como Juan Pablo II ni tan inteligente y tan buen teólogo como Benedicto, pero seguramente será, una vez más, el hombre que Dios necesita en este momento. Juan Pablo II nos dio un ejemplo de valor al seguir adelante a pesar de su debilidad. Benedicto XVI nos da un ejemplo de humildad, tan importante para el mundo actual como lo es el valor. Cada uno aportó un buen ejemplo, seguramente el que más necesitaba el mundo. Entre los enemigos de Dios (incluso los mismos católicos) ya empezaron a surgir los comentarios tontos: que si Benedicto estaba demasiado sometido a presiones, que si su papado fue un fracaso, que si el número de católicos ha descendido notablemente en los últimos tiempos, que si fue presionado por una mafia dentro del Vaticano... Todos esos son, ni más ni menos, inventos del enemigo. Pero claro, vivimos en un mundo donde con mucha ignorancia y poca inteligencia acusamos al Papa y nos burlamos de él... pero es “pecado mortal” burlarse de un homosexual (y además ser tachado de paso como homofóbico e intolerante). Vivimos en un mundo donde la hipocresía alimenta las almas de todos nosotros, donde podemos juzgar a un hombre de 85 años que quiere lo mejor para la Institución que representa, pero le damos con todo porque “¿con qué derecho renuncia?”. Claro, porque en el mundo nadie renuncia a nada. A nadie le da flojera ir a la escuela. A nadie le da flojera ir a trabajar. Vivimos en un mundo donde todos los señores de 85 años están activos y trabajando (sin ganar dinero) y ayudan a las masas. Pues ahora sé Señor Ratzinger, vivimos en un mundo que lo va a extrañar. En un mundo que no leyó sus libros, ni sus encíclicas, pero que en 50 años recordará cómo, con un simple gesto de humildad, un hombre fue Papa, y cuando vio que había algo mejor en el horizonte, decidió apartarse por amor a su iglesia. Va a morir tranquilo monseñor Ratzinger. Sin homenajes pomposos, sin un cuerpo exhibido en San Pedro, sin miles llorándole aguardando a que la luz de su cuarto sea apagada. Va a morir, como vivió aún siendo Papa: humilde. Por sabio, por santo, por valiente, por divulgar el mensaje siempre nuevo de Cristo, por entrar en Twitter, por abrir las puertas del Año de la Fe, por impulsar la nueva Evangelización. ¡Gracias, Santo Padre, Gracias!

La Iglesia Universal continúa su Misión: “Y yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Valoremos la riqueza de ser Católicos, agradezcamos con amor a Dios por el Papa Benedicto XVI, que ha conducido a la iglesia con mano firme en medio de las tormentas y confiemos que el Señor nos dará un pastor según su corazón. No nos dejemos engañar por las novedades y las doctrinas extrañas a la fe. La gracia de Dios es un buen medio para fortalecer la vida interior. No contemos con otros alimentos de los que nadie sacó provecho. Nosotros tenemos una mesa sagrada en la cual no pueden sentarse los que todavía sirven en el Templo.

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