GERARDO ARMENTA BALDERRAMA

wEntendimiento general
wLa elección de un Papa

Desde un antaño remotísimo se ha creído que la voz popular es la voz de Dios. Si el enunciado de este principio se asume tal como es, entonces, al gobierno mexicano no le quedará otra más que seguir practicando detenciones como la que recién ejerció en contra de Elba Esther Gordillo. Bien podría decirse que la esperanza en este sentido representa una especie de clamor nacional.
En los días de hoy destaca sobremanera no sólo la reiterada y voluminosa convicción de los ciudadanos en cuanto a que acciones como la dirigida contra la hoy ex lideresa del SNTE, se multipliquen con la misma oportunidad y eficiencia en tratándose de personajes que merezcan igual suerte. Existe un entendimiento generalizado que postula con un impresionante beneplácito que, por ejemplo, en el ámbito sindical del País se deben emprender capturas como la que el martes pasado se llevó a cabo en el Aeropuerto de Toluca.
Es tanta la certeza de que las cosas tienen que hacerse de ese modo, que la misma opinión pública nacional definió ya quién debe ser el próximo reo notable que vaya tras las rejas, aludiendo a un muy conocido líder gremial del ramo petrolero. No se sabe bien a bien por qué este caballero fue rápidamente ubicado como el siguiente de los personajes públicos que debería ser llamado a cuentas por la justicia en esta particular hora. De ninguna manera resulta ocioso reiterar la curiosa o sintomática unanimidad pública que se ha venido expresando para que las cosas se produzcan de esa manera.
Una actitud como la descrita realmente lo que hace es poner de manifiesto el hartazgo ciudadano que a lo largo de los años se ha venido incubando por la indiferencia justiciera ante ciertas personalidades y ciertos hechos propios que en la sospecha o certeza pública deberían ser objeto de persecución. La súbita aprehensión de la maestra Gordillo generó precisamente un estado de ánimo como el descrito. No parece que a nadie le haya bastado con la única reclusión carcelaria de la ex poderosa profesora.
En cualquier plática de sobremesa salen a relucir opiniones que postulan la necesidad de que no decaiga la política que le tocó sufrir a quien tomó casi en propiedad al SNTE y sus impresionantes cuentas bancarias, en la presunción de que liderazgos de ese tenor abundan en las estructura del sindicalismo mexicano. Por lo menos ésta es una impresión generalizadamente comprobable que surgió en el contexto de la secuela del llamado caso Gordillo. Un conglomerado al que de momento se le gratifica con una monumental acción como fue la emprendida contra la Maestra, agradecerá por igual su puesta en curso y la pertinencia de que haya otras más con igual resonancia.
La caída política de la maestra Gordillo se empalmó con los pormenores de la abdicación del Papa Benedicto XVI, si bien resulta obvio que se trató de dos hechos radicalmente distintos en naturaleza e implicaciones. Joseph Ratzinger sorprendió al mundo entero (no sólo al de filiación católica) con su decisión de renunciar al pontificado por el que sucedió a Juan Pablo II.
Las razones de su dimisión papal debieron ser muy propias o particulares, si bien la que definió como el cansancio que le asiste se advierte razonablemente comprensible. Aun así, esa justificación no convenció a muchos observadores, los que realzaron el hecho de que Benedicto XVI fue el primer Papa que dimite en por lo menos 600 años. Más temprano que tarde alguien tendría que haber renunciado al liderazgo católico, por más que la norma al respecto haya señalado u obligado que sólo se deja de ser Pontífice con la muerte propia.
Sin embargo, no se advierte en lo inmediato que la renuncia de Ratzinger haya afectado decisivamente la actual situación de la Iglesia. Su problemática tendrá que ser atendida por el sucesor que elegirá el cónclave de Cardenales que inicia mañana. Tres prelados mexicanos figurarán en ese significativo evento para el catolicismo. Se trata de Norberto Rivera Carrera (Arzobispo Primado de México), Francisco Robles Ortega (Arzobispo de Guadalajara) y Juan Sandoval Iñiguez (Arzobispo emérito de la capital tapatía).
Debe ser cuestión de días entonces para que haya un nuevo Papa. No se espera una elección que vaya más allá de complicaciones entendibles. En su condición milenaria, la Iglesia Católica sabe cómo resolver trámites que le conciernen directamente. El arribo de un Papa es siempre un acontecimiento que despierta el interés general. Esta vez no será la excepción.

nGERARDO ARMENTA BALDERRAMA
Licenciado en Periodismo por la UNAM.
Ha sido editorialista de Periódicos Sonorenses por más de una década.
Director de ‘El Informador del Mayo’
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