Sábado, 09 de Marzo de 2013 07:00
THE ASSOCIATED PRESS
WEST SÉNECA.- En el pasillo de una escuela primaria, una maestra conduce a la biblioteca a sus alumnos de segundo grado, en una escena que no tiene nada fuera de lo común hasta que se ve marchando junto a ellos un estilizado robot blanco con una pantalla de video que muestra el rostro gordinflón sonriente de otro niñito.
Las alergias mortíferas que padece Devon Carrow no le permiten asistir a la escuela. Pero el robot de 1,20 metro (4 pies) con un enlace inalámbrico de video le permite asistir a clases a la distancia, participar en ellas, caminar por los pasillos, dialogar en el recreo e incluso subir al escenario cuando se presenta algún programa artístico musical.
Lo que más llama la atención es la naturalidad con que esta maravilla tecnológica es aceptada por sus compañeros de clases. Estos niños de siete años criados con videojuegos, avatares y juguetes a control remoto no ven un robot, sino sencillamente a Devon.
Un día reciente, poco antes de ir a clases, una niña se acercó al robot para contarle a Devon una broma que circulaba entre los alumnos de la escuela primara de Winchester.
El hecho de que Devon no esté físicamente allí no significa que los demás no sientan su presencia. Cuando sus compañeritos le escribieron tarjetas de solidaridad el año pasado tras ser hospitalizado, todos lo dibujaron como un niño y no como un robot.
“En la clase los niños dicen ‘Devon, ven aquí, estamos jugando con legos. Muéstranos los tuyos’”, comenta la maestra Dawn Voelker.
El mismo Devon no sabe cual es el motivo de tanta alharaca entre los adultos. Maniobrar el robot de cuatro ruedas por la escuela y hacerlo girar para ver a los compañeros de clase equivale a un desafío más de tablero y ratón.
Durante un año, Devon ha asistido a clases utilizando “VGo”, el robot en forma de un peón de ajedrez, conocido por un aviso televisivo de Verizon que muestra el tipo de tecnología posible con la red inalámbrica de la compañía.