Héctor Froylán Campos

De una bronquitis a otra

Gracias al Creador y al galeno Antonio Rodríguez Laura, acabó el forzado reposo. Ambos, son fieles amigos a los que en este trecho de la vida uno procura con menuda frecuencia por más mínimo que sea el agobio existencial o humano. En Aquel, apelamos a su misericordia y generosidad divina. Con el doctor encontramos el diagnóstico certero y la medicina indicada. En verdad que hacen un admirable binomio porque no es la primera vez que se funden el poder celestial y el talento profesional para aliviar una enfermedad a la que me han penado los excesos más comunes que mundanos; tentaciones optativas que por cierto están contenidas en el manual no escrito de un reportero. Mi gratitud perenne, al que todo lo sabe y todo lo puede; al que todo lo palpa y todo lo ausculta. Pero qué maravilloso tramo de la existencia terrenal nos ha tocado vivir y disfrutar antes de emprender la travesía a la “tierra no descubierta, desde la cual ningún caminante ha podido volver”, según pontificaba Shakespeare en su legendaria obra “La tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca”. Y es que, aún enroscado en las cobijas que apresan humores y sudores; entre fiebres que te hacen levitar y carrasperas que te vuelven a acomodar, es posible tomar el pulso al acontecer cotidiano en cualquier latitud del Orbe. Ya adivinó usted: la herramienta del Internet obsequia ahora –¡bendita hora!, postulo con irritada garganta— la facilidad de ser un convaleciente informado, documentado y entretenido en las adictivas redes sociales. Y si armado con un ordenador el incapacitado no presenta ninguna dificultad para hacer uso de sus facultades motrices, físicas y mentales, es dable pensar entonces que si le resta ánimo para debatir, discutir, opinar y hasta reportear, seguramente lo hará desde el lecho donde esté postrado. De la cama a la silla. Y de la silla a la cama. Seis días y sus noches. Con una áspera y aparatosa tosedera que me mantuvo intranquilo hasta que cesó la impotencia de no poder contener el estrépito que salía de la tráquea y retumbaba más allá de las paredes: mis vecinos tienen un niño recién nacido. Hace cosa de un mes que llegó al mundo e ingresó a su primera morada. No sé por qué razón apenas lo divisé en brazos de su señora madre y retomé la lectura de una estremecedora novela de Linda Gray Sexton: “Puntos de luz”. Devoré las páginas de esa obra hace unos quince años y terminé bañado en lágrimas. Es una historia que sacude las entrañas. Una prosa que atrapa. Conmueve. Un bello canto a la vida y a la alegría. Y en la enseñanza que deja este recomendable libro donde la autora descubre que “la muerte es un goce dolorido que conduce a la inmortalidad”, en eso cavilaba durante las horas previas al cónclave en Roma, mientras saboreaba la proeza de los culés y el hígado se me estrujaba al pasar revista un sermón del gobernador Guillermo Padrés. Antes, permítame confesar algo: si no se me hubieran averiado los bronquios, habría escrito algunas líneas para expresar la predicción personal en torno a la posibilidad de que el nuevo Vicario de Cristo fuese un cardenal del Continente Americano. Deveras. Con toda franqueza, siempre abrigué la intuición de que el sucesor de Ratzinger surgiría de entre los prelados de la jerarquía clerical latinoamericana. Desconozco cuántos creyentes más se habrán ocupado del tema o de haber tejido una cábala parecida. Ciertamente no fuimos tan acertados como esa alucinación adormilada del novio de la española Yolanda de Mena que en su cuenta de Twitter predijo el nombre del papa Francisco. El caso es que la elección del argentino Jorge Bergoglio como nuevo Sumo Pontífice ha endiosado a los feligreses de este hemisferio tanto como lo hizo su compatriota Lionel Messi cuando en la víspera encaminó con par de goles la derrota que echó al Milán de la competencia por la “orejona” de la Champions. Vamos: los italianos (léase los berlusconianos) perdieron sendas partidas: en el deporte y en la religión. De Bergoglio y Messi; del Papa jesuita y la pulga del barza, se habla en cualquier rincón del planeta. Me parece que los argentinos tienen dos poderosos motivos para andar más insoportables que de costumbre. Pero bueno, los teólogos, juristas en Derecho Canónico y expertos en los asuntos del Vaticano se han encargado de aportar luces para entender la trascendencia en la decisión del purpurado católico. Por un lado, la crisis política en la influyente y corrupta curia romana. Y por el otro, el imperativo de que la Iglesia recobre su liderazgo evangelizador en uno de los continentes “más católicos” del mundo. Los datos son reveladores y preocupantes: durante los últimos treinta años (más o menos el término que duró el papado en manos de los “extranjeros” europeos Juan Pablo II y Benedicto XVI), la Iglesia en América Latina perdió más de la cuarta parte de sus fieles. Creo que no hay necesidad de hurgar las causas de esta realidad en los alrededores de la sede pontificia. Por supuesto que tampoco pretendemos instalar una controversia al respecto. Pero si no puedo soslayar un detalle doméstico: desde hace algún tiempo a la fecha percibo a las puertas de mis aposentos una encarnizada pugna entre católicos y protestantes por llevar a esta descarriada oveja hasta al seno de sus templos religiosos. La propaganda de estos últimos no extraña. Me asombra y celebro que aquellos se hayan puesto las pilas. Un recuerdo de la infancia refrenda nuestra convicción en la fe cristiana: “Este hogar es católico, apostólico y romano”, rezaba un letrero en la puerta de mi casa y en muchas otras viviendas del bullicioso barrio de “La Comuripa”. Eran los tiempos en que, en efecto, a nadie se le negaba un vaso de agua porque había mucha y de la más alta calidad. No sólo en el Valle del Yaqui, sino en las demás regiones del Estado que actualmente sufren la escasez del recurso. Por eso uno no puede comulgar con el “cliché” que Padrés esgrime en su evangelio para defender el Acueducto Independencia. Incluso, mucho temo que la palabra de San Mateo, la nobleza y el buen corazón que caracteriza a los cajemenses han confrontado a la realidad con el principio filosófico-religioso de dar agua al sediento. Ahora se la venden. En muchas –no en todas— las instituciones públicas el agua ya no se bebe de la llave. Está embotellada. Envasada. En las colonias pobres la gente prefiere comprar el garrafón que tomar el líquido de la tubería, si es que acaso es apto para el consumo humano. Se ha vuelto todo un negocio que nos hizo dependientes de las empresas embotelladoras. Estimo que el argumento sensiblero que el gobernador Padrés machacó a lo largo de la semana, resulta extremadamente pobre y fútil para ir al encuentro de la verdad jurídica, técnica e histórica. Otra cosa: el Ejecutivo podrá decir misa y amacharse en su alegato, pero no será él quien determine si la obra del acueducto es legal o no. Hay que recordar que varios funcionarios de su administración involucrados en el desarrollo del proyecto hidráulico –Enrique Martínez Preciado, el titular de la CEA, es uno de ellos— están sujetos a un proceso penal por su presunta comisión en delitos de orden federal. Es decir: la legalidad de la magna obra está najo sospecha. Y a este podrido ingrediente añádale los juicios que se dirimen en la Corte. Por otra parte, pocos han cuestionado otro ángulo de la controversia: el gobierno de Hermosillo elevó más del 50% las tarifas de agua potable. A partir de enero los capitalinos están pagando por un servicio que ni siquiera tienen, mucho menos se brinda a cabalidad tal y como lo establece el contrato. Que ya viene. Que ya va a llegar. Que está a la vuelta de la esquina. Que esto. Que lo otro. Y es muy probable que sí se empiece a utilizar la tubería del acueducto para suministrar el recurso. ¿Será que acaso el Gobierno Federal ya le dio autorización a Padrés para abrir la llave en la Presa El Novillo? Lo dudo. Más bien me inclino a dar crédito a las declaraciones de un funcionario de la CEA que al término de una reunión en el Congreso dijo que ya tenían el recurso asegurado para cumplirle a la ciudadanía a partir de abril. Todo hace suponer que se trata de una batería de pozos que abrieron con carácter emergente en el sector oriente de la ciudad. Y cuando llegó el alivio, el gobernador Padrés recetaba retruécanos y cantinfladas a los Malnacidos. Otra vez ¡Dios mío qué mal me siento! Es cuanto.
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Tornado de Oklahoma 

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Tornado

Momentos en los que el tornado se mueve hacia los hogares de la localidad de Moore. See details

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Equipo de rescate

Los equipos de rescate buscan sobrevivientes entre los restos que dejó el tornado que asotó a la Ciudad de Oklahoma el pasado Lunes aplastando y destruyendo barrios enteros. See details

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Recorrido por vecindarios

Los rescatistas recorrían a pie los vecindarios donde el poderoso tornado arrasó el lunes casas una por una, atentos a cualquier voz que pudiera salir de entre los escombros. See details

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Buscan con ayuda aérea

Un helicóptero en lo alto lanzaba su haz de luz sobre las cuadrillas de rescatistas y trabajadores. See details

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Gene Tripp sobreviviente

Bomberos de Oklahoma observan el estado de Gene Tripp sentado en su mecedora, en el lugar donde una vez estuvo su casa después de ser destruida por el tornado que See details