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Carta a Enrique Flores López

Estimado arquitecto:
Recibí y agradezco su misiva del pasado 20 de noviembre. Me estimula saber que entre la verdadera militancia del PRI no decae el debate sobre la Revolución Mexicana y eso está muy bien.

La Revolución no es un recurso nostálgico, como a cada rato señalan los críticos. Coincido con la historiadora MacMillan cuando afirma que "cada generación tiene sus propias preocupaciones y obsesiones, y por tanto busca nuevas cosas en el pasado y se interroga sobre aspectos distintos"; y eso es lo verdaderamente positivo de la reflexión suya. Se vale recordar pero también se vale hacer autocrítica para no petrificar ideas.

El modelo político mexicano que surgió de la Revolución le dio estabilidad al País, resolvió los recurrentes pleitos por el relevo del poder que habían costado la muerte de tres presidentes en los inicios del siglo XX y salvó a México de caer en la inestabilidad de las dictaduras militares que tanto abundaron en América Latina hasta principios de los 90 del siglo pasado. Se dice fácil, pero eso se logró con sabiduría, experiencia y mucha visión.

Coincido con usted en que la Revolución Mexicana fue la gran transición vivida por nuestro País a principios del siglo XX y que sus aportaciones al cambio en el México moderno nadie en sus cinco sentidos puede negarlas.

Quienes interesadamente han sostenido las tesis contrarias como esa de los 70 años perdidos y que "la Revolución Mexicana nunca existió", sólo contaminan el debate y tratan de falsear uno de los hechos históricos más trascendentes de México y del mundo de principios del siglo XX. Ahí usted tiene razón: no hay que verlas demasiado en serio; pero tampoco hay que soslayarlas del todo, porque en ocasiones algunos de sus compañeros de partido se van con la finta y se vuelven más papistas que el papa.

Es la perniciosa política de salón. En la pereza del debate le apuestan más a la simplificación que a un esfuerzo serio y profundo sobre la historia. A decir de la misma autora: "A todos, poderosos o débiles por igual, la historia nos ayuda a definirnos y reivindicarnos".

También coincido con usted en que parte del lenguaje revolucionario se agotó, y de verdad se agotó por la simulación, el manoseo y la demagogia de un lenguaje político que a cada rato se contradecía con la realidad.

La pluralidad mexicana en su consolidación ayudó a separar el mito de los hechos y a disminuir el lenguaje cargado de simbolismo que no siempre coincidía con la cruda y compleja realidad mexicana. Nuevas ideas y visiones oxigenaron el sistema político y lo modernizaron en lugar de debilitarlo o agotarlo, como algunos con miopía sostienen.

Coincido también en que a muchos políticos les ha faltado actualizarse, estudiar, informarse y sintonizar con los nuevos tiempos. No para negar el pasado como lo hicieron los del PAN -que no les funcionó-, sino para disponer de más elementos para explicar el presente, en aras de entender mucho de lo que sucedió en el pasado. Eso no tiene vuelta de hoja.

Los principios enarbolados tanto por los precursores de la Revolución como por los actores principales de la misma, no se han agotado ni se agotarán. ?Quién en su sano juicio puede negar la lucha por las libertades, los derechos sociales, la justicia, la pluralidad, el mejoramiento cívico y material de la gente que todavía siguen vigentes, y que en el caso de la justicia todavía se ve como una estación lejana?

También le doy la razón cuando defiende usted la integridad de su militancia partidista y de sostenerse priísta a pesar de los recurrentes cambios, traiciones y desbandadas ante el avance de alternativas y opciones de participación brindadas por otras formaciones políticas. Aunque todavía está presente en el debate el desentrañar el misterio de si esos cambios se hicieron a nombre de convicciones, libertades u oportunismo, la libertad de participación o de concesiones materiales, de inconformidad política o de fenómenos de deslealtad como usted lo señala.

Y está bien que lo recuerde: 12 años de alternancia en lo federal y casi seis en lo estatal han puesto a prueba lealtades y convicciones en los políticos -o cuando menos los que así se autonombran-. En eso hemos visto de todo: bandazos, cobardía, oportunismo, pactos secretos, pero también gente de convicción, lealtad y con capacidad de recuperación.

Sí, es la miseria de la condición humana; pero también la autenticidad de los que nunca se rinden ni se dejan por el primer plato de lentejas. Y esto es lo estimulante de una militancia a prueba de fuego, como lo sostiene usted.

?Han hecho uso de sus libertades quienes se han ido por interés o por otras causas? ?Qué la memoria colectiva registra los casos más sonados como el de aquel que fue candidato primero por el PRI y después por el PAN?; así es, y corresponde a los partidos -a todos, no sólo al PRI- poner remedio a una desviación preocupante para que la política fortalezca su contenido ético y deje de ser vista como un contrato de compraventa al mejor postor.

Por eso, una militancia como la suya de casi seis décadas se debe reconocer y valorar en todo lo que significa, por el ánimo que no decae y, por supuesto, consciente de que la carrera política conlleva siempre riesgos, satisfacciones y sinsabores que moldean al verdadero político y lo hacen resistente, dependiendo de su carácter y pasión para defender sus ideas y principios sin claudicar.

Justifico su preocupación y agudas críticas sobre las generaciones de políticos que no duran, que prefieren la mercadotecnia y la imagen a las ideas y los proyectos y que sólo buscan subir en el escalafón político antes que el compromiso y el verdadero servicio a la gente o el fortalecimiento del partido. ?Qué hacer ante eso? Estimular una mayor participación de militantes jóvenes que provengan de la diversidad social y política, para que el partido recupere lo que fue en sus orígenes: un partido de clases, no de clase. Un partido con lucha de ideas, programas, proyectos y no de intereses. Un partido que combata los cacicazgos y las deformaciones en el uso del poder e impulse una mayor democracia interna, donde se reconozcan los méritos y no los apellidos, los padrinazgos o las meras recomendaciones que conducen al influyentismo nefasto.

No queremos -dice usted- una clase de políticos "con más padrinazgos que ideas", y tiene razón al sugerir que ese debe ser parte de un debate a estimularse en el mediano plazo hacia el interior del partido. Ojalá.

Le asiste la verdad cuando expresa que al parecer se ha hecho más lenta la movilidad política. Aquí estimado don Enrique, más que en el PRI, deberíamos enfatizar lo que ha sucedido en partidos como el PAN y las izquierdas, que han saturado con parientes y socios las principales posiciones partidistas y de Gobierno.

Por eso -entre otras- se ha debilitado la representación proporcional. En las Cámaras federales, locales y ayuntamientos entra el esposo y sale la esposa; llega el hermano y sale la hermana; entra el padre y sale la hija; sale el primo y entra el cuñado, y a veces el suegro. Un burdo negocio familiar a nombre de la política y los partidos. Que pena ?no cree?

Las izquierdas, sin embargo se oponen a toda iniciativa de desaparición del exagerado número de representantes que arriban vía la representación proporcional. Tantas no tienen ya razón de ser, ante la disminución gradual de las condiciones de inequidad en la participación electoral. Además existe la coincidencia generalizada de que "no representan a nadie", más que al interés familiar, al de sus propios partidos y que los mismos de siempre, sean los propuestos entre una y otra posición.

Para el caso de Sonora usted se interroga sobre el método de selección de candidatos en el PRI ante condiciones muy diferentes al 2003 y al 2009 (cuando el PRI no tuvo Presidente de la República) y se interrumpió un método de selección donde el llamado "fiel de la balanza" operaba para garantizar mediación y equilibrio político en el partido en los estados. ?Cuál irá a ser el método empleado -se pregunta usted- por el PRI para seleccionar candidaturas que lo unan y le garanticen una buena competencia?

Creo coincidir en que ante la tempranera decisión -sin pudor alguno y sin los mecanismos democráticos elementales, ?faltaba más!- del PAN por sus principales candidaturas para el 2015 en Sonora, el PRI tendrá que presentar a la consideración de los electores candidaturas verdaderamente competitivas y unificadoras, si es que quiere dar una buena batalla electoral y ganar la principal posición de las 101 en disputa.

Coincido con usted de que la principal candidatura tendrá que ser avalada por sondeos y encuestas, y por una mínima garantía de entendimiento entre las diversas corrientes políticas reales, para no dividir al partido y que el Presidente Enrique Peña Nieto en su momento, al opinar sobre Sonora lo hará sobre la base de una información realista sobre la candidatura más competitiva y con posibilidades reales de triunfo. Lo demás no deja de ser simple marrullería y ganas de confundir a la militancia.

Me parece correcto lo que usted señala a cerca de quienes cantan ya una victoria anticipada del PRI por culpa de los errores y los malos resultados de la alternancia. No será tan fácil una victoria para el PRI si acaso llegara a la elección con una candidatura que dividiera.

Hasta el momento la mayoría de las encuestas coinciden en una ventaja para el PRI en intención de voto por partido, y en no más de tres de sus aspirantes, como competidores realmente viables.

Es cierto que hay condiciones para que el PRI recupere el Gobierno Estatal en el 2015, pero se ha perdido un tiempo valioso, como usted acertadamente señala. A todos urge un trabajo más intenso que vea por el partido y por Sonora, y no por el interés individual o su futuro político, en particular en aquellos que todos los días piensan en lo que sigue para "ellos" en lugar de lo que siga "para el PRI o para Sonora."

En sus palabras, la justa electoral es sorda, violenta y el adversario a enfrentar en año y medio seguramente pondrá en juego toda la experiencia acumulada en estos años en compra de lealtades y de votos, la utilización de los aparatos de seguridad y la corrupción. También la distracción de recursos públicos dedicados a las elecciones y ante eso, mi estimado arquitecto, sólo queda el estar alerta y que los adversarios de un Gobierno convertido en partido (y no un partido convertido en Gobierno) no actúen con ingenuidad o con estrategias tardías, o al contrario, que por errar en el diagnóstico al final apliquen remedios equivocados. Sería suicida e imperdonable.

Por falta de espacio me queda pendiente su observación sobre "los que siempre ganan" con el PAN o con el PRI por sus compromisos ocultos. Será en otra ocasión, porque el tema vale la pena.

Le agradezco sus ideas y atenciones. Su carta la valoro en el contexto de que proviene de un militante de 77 años con una intensa vida política de fidelidad y lealtad a su partido y que a pesar de las adversidades y altibajos de la acción política -tan propias de una actividad tan apasionante- no ha claudicado ni en las peores épocas, y eso a mi juicio... no es poca cosa.



Lo saludo con afecto. Atentamente.