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Por Carlos Loret de Mola


No vaya a ser...

El año de las reformas fue también el de la actuación de grupos que han decidido que no hay más camino para ellos que el de la vida al margen de las instituciones y la ley, al margen del sistema de competencia electoral.
Sin hacer analogías fáciles o totales, el ambiente de victoria que se respira hoy en el priísmo y el panismo evoca el que se vivía a finales de 1993 en vísperas de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio. La llegada al primer mundo estaba a la vuelta de la esquina y la irrupción del zapatismo chiapaneco fue el recordatorio de que para muchos sectores del País el reloj traía décadas de atraso.
Hay quienes festejan que el movimiento encabezado por López Obrador se haya desinflado frente a la que anunciaba como la madre de todas las batallas contra la apertura del sector energético.
En el ajedrez político de los que se mueven en la escena institucional se puede cantar una derrota estrepitosa de la izquierda. El problema es que podrían estar pasando por alto que un López Obrador vigoroso encabezando un movimiento contestatario, pero dentro de la vía institucional, ha servido también para canalizar el descontento de grupos más radicales.
Desdibujado el movimiento lopezobradorista por las razones que sean, por el estado de salud de su líder o por la cancelación del acceso amplio que tuvo durante años a recursos del erario, se abren mayores espacios para quienes apuestan a la vía armada.
Durante 2013 y desde el año anterior se ha presentado una actividad intensa de organizaciones convencidas de que la vía es la ruptura.
Se han entrelazado con la protesta de la izquierda política, tanto la perredista como la de Morena. El discurso de los grupos guerrilleros y el del lopezobradorismo tienen cada vez menos diferencias en lo que se refiere al diagnóstico de la situación nacional. La distinción sigue estando en las vías de la lucha.
La movilización de la CNTE, las guardias comunitarias --especialmente las de Guerrero-- y colectivos como los denominados anarquistas se han movido en esa línea discursiva en la que caben todos, pero sus tácticas de lucha la rebasan.
Para organizaciones como el Ejército Popular Revolucionario y sus escisiones, incluida la más reciente, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Liberación del Pueblo, las bases de la izquierda que se han instalado en la periferia del lopezobradorismo son un posible semillero de militantes.
El desdibujamiento del político tabasqueño, que pese a su discurso maniqueo sigue siendo eso, el líder de un movimiento político que planea seguir compitiendo en elecciones y ocupando cargos de Gobierno y legislativos, no necesariamente es una buena noticia para los bloques políticos que han sacado las reformas.
Hay quienes dan por cierto el discurso del atraco del siglo y la soberanía pisoteada, y quieren actuar en consecuencia.
El fin de 2013 y el inicio de 2014 podría entrañar sorpresas para la clase política que, en cualquiera de los bandos, cree que su puesta en escena en el Congreso es la vida real y ya se bajó el telón.

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