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Por José Escobar Zavala
Cronista de la Ciudad


Hoy el calendario cívico reporta que en 1886 falleció en su hacienda de Bacanuchi el general Ignacio Pesqueira, quien cubrió más de veinte años de servicio militar, primero luchando contra brigadas de apaches y después contra invasores extranjeros de Estados Unidos y Francia, incluyendo combates contra sus enemigos políticos.
Este destacado caudillo sonorense nació en Arizpe el 16 de diciembre de 1820, hijo de padres criollos. Su muerte ocurrió cuando tenía varios años alejado de toda actividad política. En el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México hay una estatua de él y otra del general Jesús García Morales.
Por otra parte, este día celebran su onomástico quienes llevan los siguientes nombres: Marciano, Benita, Prisciliano y Aquilino. En el recuerdo, don Prisciliano Dueñas, comerciante pionero en el ramo de las joyerías, quien llegó con su familia procedente del vecino puerto de Guaymas. Guardó siempre estrecha amistad con don Rodolfo Elías Calles.
De paso al deporte, en relación con la temporada de gatos negros que acaban de sufrir los Yaquis de Ciudad Obregón, al ser eliminados para competir en las candentes series de playoffs, un aficionado que de béisbol sabe un resto, don Jesús Antonio Olea Samayoa, nos hizo el siguiente bien razonado comentario: "Dejando atrás la hazaña de ganar de manera consecutiva tres campeonatos, en esta ocasión se conjuntaron una serie de factores negativos que necesariamente condujeron al fracaso.
Estuvieron fuera de circulación, por lesiones, varios de los jugadores estelares, entre ellos Douglas Clark, Alfredo Amézaga, Albino Contreras, Agustín Murillo y el receptor Iker Franco. A esto hay que añadir la pésima temporada del segunda base "Chapis" Valencia, quien por querer pegar de cuadrangular cada vez que va al plato, termina por poncharse o batear rolas ideales para doble matanza. El cuarto bat, Bárbaro Cañizares estuvo fuera varias series con permiso y cuando volvió jugó bien, a secas, pero no al ritmo de batear acostumbrado.
Los lanzadores inicialistas tuvieron apenas un regular desempeño, con uno que otro chispazo, pero los intermedios y el cerrador tuvieron mala calificación. El coach de pitcheo tuvo muchas fallas, de las cuales mucha culpa tuvo el manejador Eddie Díaz, empecinado en mantener calentando, juego tras juego, por no decir diariamente, a tres relevistas, pidiéndole la bola en muchas ocasiones a quienes estaban lanzando a la perfección, solo porque quien venía en turno a batear era zurdo o derecho, así fuera el caso. En fin, si no hubo entrada de los Yaquis al playoffs, el más responsable fue el manejador, cuyas contracciones, exceptuando las de Robertson y un cerrador norteamericano, fueron un rotundo fracaso.