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Por Federico Osorio Altúzar


Patricio Martínez García: La Memoria Histórica

En un ensayo dejado en el polvo del olvido, José Francisco Ruiz Massieu trazó el perfil del político y el estadista, haciendo ver que es privativo del primero la perspicacia y la diligencia en su calidad de dirigente, mientras que califica al segundo, al estadista, por su lucidez, acierto y eficacia en sus funciones de líder-conductor, en su papel de liderazgo.
Habría que sumar un rasgo distintivo para distinguir al político del estadista con el sello de lo que cada uno deja tras de sí. Es decir, mientras el político actúa, toma decisiones cotidianas y dictamina sobre la marcha, el estadista propone, plantea y resuelve cuestiones para el futuro inmediato y mediato. Podría decirse que por su formación, temperamento y alcances, el político procede al momento; hace y después medita sobre lo llevado a cabo. Entre tanto, el estadista se conduce con arreglo a hipótesis de trabajo como lo hace el ingeniero social. Su labor es prospectiva, sin dejar de lado que toda pausa ha de ser compensada por la certidumbre, el sano realismo y no sólo el éxito momentáneo. Hace camino al andar.
Abundan los políticos, no así los hombres de Estado. Resultan onerosos los primeros, por otra parte, en el corto y el lejano plazo, más que los segundos, quienes a la postre representan redituable inversión desde el punto de vista de la salud del Estado.
En Chihuahua, gobernó un hombre de acción, de palabra elocuente y resoluciones firmes. Había sido legislador en el Congreso federal y más tarde llevaría las riendas del municipio en la ciudad-capital, para luego obtener el voto ciudadano a fin de encabezar el Ejecutivo estatal, de 1998 a 2004. Concluido su Mandato, se retiró como aquellos líderes romanos con pudor y discreción, a fin de no alentar malentendidos que hubiesen obstruido la gestión de sus continuadores.
Ciertamente, no actuó en completa soledad. Lo acompañaron funcionarios eficaces y leales, entre otros: Antonio García Hernández (Comunicación Social); Víctor E. Anchondo Paredes (Secretaría de Gobierno); Miguel Zapién Ponce (Finanzas y Administración)
Se fraguó en su desempeño como hombre de Estado al que hoy, así, evocan sus coterráneos y le siguen, paso a paso, en su fragorosa labor en la LXII Legislatura federal.
Se le recuerda como promotor de la nueva frontera a través del acercamiento de los mandatarios del Sur de Estados Unidos y de la frontera del norte de México, en reuniones que fortalecieron las relaciones entre las dos naciones: en lo tecnológico, lo educativo y lo comercial. Asimismo en el área diplomática.
Inspiró vitalidad a la Conferencia Nacional de Gobernadores, ahora reconocido a partir de las reformas impulsadas por el Presidente Peña Nieto y dictaminadas positivamente en el Congreso de la Unión. Lideró la propuesta de Reforma Hacendaria y la relativa al nuevo federalismo, entre otras, encaminadas hacia la actual renovación institucional.
Hoy el senador Martínez García ocupa, de manera digna y responsable, su curul en el Senado, con discreta pero eficaz participación en las comisiones de Reforma del Estado, Relaciones Exteriores, Defensa Nacional, Recursos Hidráulicos. Además, integra el Comité de Fomento a la Competitividad, confirmando con ello su valiosa contribución en el estilo de legislar.
Este 17 de enero se cumplen 14 años del atentado del que, afortunadamente, resultó con vida. Los chihuahuenses, sus colegas y amigos hacemos respetuosa evocación de aquel doloroso percance. A la luz de su pasado y presente desempeño, de él se espera, a título de generoso complemento a su trayectoria, la edición de sus remembranzas (motivaciones, estímulos, propósitos) En pocas palabras, la divulgación de su gestión pública como un capítulo ejemplar y esclarecedor dentro de la memoria histórica del México contemporáneo.

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