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Por Guadalupe Loaeza


Serrat, el nostálgico

De que se me hizo un nudo en la garganta, se me hizo. Y de que me puse "chinita", así me puse cuando escuché cantar a Joan Manuel Serrat, el lunes en Bellas Artes, Un mundo raro, de José Alfredo. Era la primera vez que lo escuchaba en persona. Me gustó que saliera en escena, con un aire tan desenfadado, vestido en blue jeans, camisa blanca y un saco azul. Me gustó su auténtica cercanía con el público, el que es suyo desde hace 45 años, cuando llegó a México y se presentó, ya famoso en España, en el Palacio de Bellas Artes. La ocasión la recuerda perfecto: "Era un día de muertos y teníamos frescas las lágrimas del 68. En aquella época era el Necaxa. El Metro estaba recién inaugurado, la Zona Rosa era de verdad rosa. Gustavo Díaz Ordaz era el Presidente y nada; fue así como me enamoré de este País, en un día de muertos". Su nostalgia también era la nuestra. Al cabo de muchos años, sus canciones las hicimos nuestras. Cada una de ellas nos recuerda una etapa de nuestra vida, tal vez triste o quizá feliz, pero siempre acompañados por la voz tan característica de este catalán tan enamoradizo. Este "vagabundo" que ha ido por la vida, harto ya de estar harto, cansado por preguntarle al mundo por qué y por qué. Serrat no se siente extranjero en ninguna parte del mundo, y menos en México, País que quiere tanto: "La verdad es que uno sólo tiene gratitud para ustedes y que me permite hacer esto que tanto me divierte, que me deja viajar, conocer gente y encima me pagan. Por ustedes, ya no digo armario, sino 'clóset'; al pavo, le llamo 'guajolote', y al guardaespalda, 'guarura'. Abróchense los ligueros, los bragueteros y los cinturones de seguridad porque vamos a viajar en el tiempo y la nostalgia", advirtió el Serrat, quien hace 10 años luchó contra un cáncer de vejiga. En 2010 se sometió a una nueva intervención quirúrgica para extraerle un tumor pulmonar.
¿Cómo olvidar a Serrat de los primeros sesenta con sus ojos grandes, sumamente pestañudos; con su sonrisa generosa, de pelo largo y patillas anchas? ¿Cómo olvidar la canción inspirada en el poema de Antonio Machado (1969): caminante, no hay camino,/ se hace camino al andar/ golpe a golpe, verso a verso...? O bien, La mujer que yo quiero (1976): La mujer que yo quiero no necesita/bañarse cada noche con agua bendita/ tiene muchos defectos, dice mi madre/ y demasiados huesos, dice mi padre/pero ella es más verdad que el pan y la tierra/mi amor es un amor de antes de la guerra/para saberlo/la mujer que yo quiero/ no necesita deshojar cada noche una margarita...
Joan Manuel Serrat, nacido en medio de una familia republicana, tiene 70 años, es padre de tres hijos, "todos buenas personas", y es abuelo de Luna, quien naciera en 1996. Serrat, que siempre le ha cantado a la libertad, nunca ha olvidado quién fue y quién es. Su padre, Josep Serrat, anarquista, afiliado a CNT, fue el primero en regalarle a los 12 años una guitarra. Desde entonces, no la ha soltado. Su abuela, en lugar de comprarle chocolate, le compraba cancioneros, los cuales dejó muy pronto, para componer sus propias canciones. Dicen que se puso a cantar para "acercarse a las chicas". Bueno, eso dicen. En 1964, canta por primera vez en la radio. Muy poco tiempo después graba su primer disco. Pero en esa época el Franquismo impuso en toda España el castellano como idioma oficial. Serrat sigue cantando en catalán, el idioma de su tierra. Se involucra al movimiento político Pro-Catalunya y se incorpora a un grupo que defiende el derecho de cantar catalán. Las autoridades hacen todo lo posible por evitárselo. No lo logran y lo sacan de la radio. Serrat se va a Francia, no puede volver a España. Es vetado a lo largo de 10 años por la televisión española. Serrat continúa cantando, pero ahora lo hace en castellano y sus amigos catalanes le reprochan su "traición". Viaja a Chile, donde lo adoran. Se entusiasma con la elección de Allende, pero después de su muerte la dictadura le prohíbe entrar al País. Se exilia en México, pero no la pasa bien, siente que el tiempo no pasa. En 1976, gracias a la amnistía del Rey, regresa a España y desde entonces ha cantado en la lengua en la que mejor se expresa, en la que le prohibían hacerlo.
Si quieren ustedes escuchar a este Quijote catalán, con sus maravillosos músicos y sus canciones de antaño con arreglos más modernos, vayan a Bellas Artes; hoy, el sábado 19:30 (en la explanada se instalará una enorme pantalla) y el domingo 17:00 horas. Perderse este espectáculo es perder la posibilidad de "viajar en el tiempo y la nostalgia".

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