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Por Gerardo Armenta Balderrama


+Abundancia de Sonantes
+Salir o no Salir en la Foto

En una elección celebrada el fin de semana, ¡16 candidatos! compitieron por la gubernatura (así le llaman en Japón) de una ciudad como Tokio. En un contexto político o electoral como el mexicano, llama la atención el abultado número de aspirantes a un cargo de elección como el descrito. Que se sepa, en México jamás han buscado una gubernatura (al igual que ningún otro cargo de representación popular) tantos prospectos como lo hicieron en la capital nipona.
Sin embargo, en nuestros medios políticos quienes sí suelen abundar son los interesados extraoficiales en hacerse de cargos de elección ciudadana. A menudo, como bien se sabe, y hoy mismo existe evidencia sobrada al respecto, posiciones como las alcaldías y las diputaciones locales son las que causan mayores sobresaltos entre quienes (hombres y mujeres) se sienten con la aptitud para desempeñarlas. Pero a lo mejor conviene aclarar que el hecho de que afloren intenciones de esta naturaleza, no implica necesariamente que sus protagonistas tengan consigo la gracia personal y política que se requiere para allanar el camino que es preciso recorrer en los menesteres que tienen que ver con la búsqueda del voto popular.
De esta suerte, en todo partido político que se respete existen hoy por hoy impresionantes listas con presumibles precandidatos y precandidatas para cargos como los descritos, es decir, presidencias municipales y diputaciones locales. El sur del estado es pródigo en lo que concierne a este ejercicio. Sin embargo, causa flojera asumir la extensa mención de quienes figuran en las listas de que se habla. Al final, se entiende que todavía no hay nada para nadie, porque simple y llanamente no es hora de que haya algo para alguien.
Una circunstancia como ésta no inhibe la expresión de nadie que suponga que dispone de las calificaciones suficientes para marcar presencia en la venidera contienda electoral. Lo cierto es que al final del examen que se practique con esa finalidad, no abundan en la región sureña en general los y las sonantes que impresionen por el tenor de sus antecedentes políticos y la certeza de su cabal vocación en la materia.
El problema, que de ninguna manera tendría que ser visto como menor, es que de esos conglomerados bien pueden surgir los candidatos y candidatas para importantes o decisivas representaciones ciudadanas. Por ello, se creería que los partidos políticos bien podrían batallar a la hora de definir a sus abanderados (as) para esas posiciones, las cuales, insístase, deben reconocerse como de primer orden, dicho sea en contra del ya muy acreditado conformismo por el que no falta quienes piensen que, si no logran la candidatura que buscan para una alcaldía determinada, no les irritará recibir la bendición del caso para lanzarse por una representación legislativa de carácter local.
Y viceversa. Lo importante, por lo visto, estriba en no quedar fuera de la jugada, ante lo que todo lo demás sale sobrando. Quizá haya en estas consideraciones un pecado o abuso rigorista en cuanto al modo en que se juzgan las pretensiones de aspirantes como los y las que se aluden en estos renglones. Se quiera o no aceptar, lo cierto es que todavía debe faltar un buen trecho para que las partes locales del proceso electoral que se avecina, como éste mismo, incluso, empiecen a ser despejadas.
Quién sabe si en la actualidad de la política a la mexicana tenga significado la máxima que postula que al que madruga Dios lo ayuda, sentencia que podría revertirse con la que indica que no por mucho madrugar amanece más temprano. El asunto tampoco concierne a dichos populares certeros o carentes de sustancia. Porque en estas alturas no se sabe bien a bien qué vigencia puede adjudicarse al gran dicho del señor Fidel Velázquez, quien en el esplendor de su sabiduría política, dijo en una legendaria ocasión que quien se mueve ante la cámara no sale en la foto.
Técnicamente hablando, eso siempre ha sido cierto. ¿Regirá hoy esa conducta en su acepción política y electoral?