Por Benito Jiménez

AGENCIA REFORMA

CULIACÁN.- Los domicilios de Joaquín “El Chapo” Guzmán tenían tres cosas en común: cámaras de vigilancia, monitores en cada habitación y un túnel para escapar.

Por ese grado de resguardo, fuentes de la Marina y la Procuraduría General de la República coinciden en que el capo del Cártel de Sinaloa tenía paranoia.

“Tenía una paranoia por ver los monitores, una obsesión por saber que pasaba afuera, levantaba los muros de sus fachadas para que no fuera visto y colocaba en todas sus casas techos o lonas para evitar ser filmado vía aérea”, indicaron fuentes oficiales.

A ello se sumó el sistema de túneles que parten desde sus bañeras y que conectan al sistema de aguas negras de esta ciudad para escapar en caso necesario.

“Él no le apostaba a las armas sino al tiempo, empleó una fuerte cantidad de acero en sus puertas. La Marina cuenta con una herramienta especial para abrir una puerta y en general nos lleva de 3 a 5 segundos ingresar a un domicilio.

“Con estas puertas de acero nos llevó más de 8 minutos, lo que dio tiempo a ‘El Chapo’ para activar sus sistemas de escape”, dijo la fuente.

Uno de los domicilios se ubica en Constituyente Emiliano García y Constituyente Ciro Ceballos, frente a la Unidad Académica Preparatoria Augusto César Sandino, en la colonia Libertad.

Aquí, los marinos detectaron desde el 13 de febrero diversos movimientos de Guzmán.

La casa, de cuatro habitaciones, tenía una bañera equipada con sistema hidráulico para ser levantada en menos de cinco segundos.

Bajo ésta hay siete escalones que llevan a un túnel de 1.80 de alto y unos 90 centímetros de ancho.

Los primeros 15 metros del túnel tiene cubierta de madera y están iluminados. Después, hay una escotilla que da al drenaje de 1.50 de alto, donde no hay iluminación.

A tres kilómetros de este punto, en el que se tiene que caminar entre aguas negras, “El Chapo” tenía la opción de llegar a otro domicilio.

Este último se ubica en Constituyente Enrique Colunga 1825, en la misma colonia.

Como la casa anterior, tiene vigilancia de circuito cerrado y monitores en todas sus habitaciones.

En los túneles de ambos domicilios la Marina localizó cocaína y mariguana empaquetada en plátanos y pepinos de plástico.

La institución desconocía este sistema de conexiones. Lo descubrió hasta que el 17 de febrero lo ubicó en la casa de Río Humaya 130, colonia Guadalupe, donde los marinos ubicaban a Guzmán y de donde inexplicablemente desapareció.



‘Dejó un hilito...’

En cada casa tenía su cama tendida, ropa lista, alimentos, whisky y objetos personales como medicamentos, principalmente para el estómago y la gastritis, además de Notropil.

Lo que no faltaba era el tinte negro para cabello y bigote.

Guzmán Loera realizaba ejercicio todos los días en caminadoras. Además hacía ciclismo en una Body Crunch estática.

Luego de dejar el consumo de drogas, trató de llevar una alimentación sana a base de cereales, yogurt, licuados y verduras, coinciden ministeriales.

A la “Chapis”, su cocinera, le pedía su platillo favorito: Langosta y camarón, siempre con grandes porciones de mayonesa y tomate. También pedía chilorio y carne entomatada.

Cuando no estaba con sus hijas o su esposa Emma, el capo comía en una mesa junto a la cocina.

Eso sí, siempre observando el sistema de circuito cerrado cuyos monitores se encontraban en recámaras, cocinas, salas, patios y albercas.

Para su trabajo utilizaba dos casas. La ubicada en Constituyente Emiliano García y Constituyente Ciro Ceballos, que conecta con otra a tres kilómetros, en el mismo barrio, en la calle de Constituyente Enrique Colunga 1642.

En diversos operativos la Marina halló en ambos domicilios droga empaquetada en pepinos y plátanos. Pero del capo, sólo su rastro.

El segundo domicilio cuenta con un espacio para unos cuatro vehículos, tres habitaciones, sala, cocina y un pequeño patio con un asador de carne.

En este último domicilio “El Chapo” se alejó de todo lujo, en una calle sin pavimentar.

Un tercer domicilio fue la clave. Se localiza en Río Humaya 130, en plena zona céntrica. Era la “casa oficial”.

En este sitio dormía Guzmán Loera con su esposa; contaba con una recámara contigua donde dormía la nana y otra más con dos camas individuales para sus hijas.

La casa tiene alberca y cómodas salas con sillones de piel.

Abajo se localiza otra recámara con baño independiente y una bañera, que también cuenta con sistema hidráulico para ser levantada y que conecta con otro túnel que a su vez lleva al drenaje.

La mañana del 17 de febrero la Marina forzó la cochera en segundos, pero se atoró para abrir la puerta de la casa, con casi 10 centímetros de grosor.

Los golpes al acero alertaron a Guzmán Loera. Estaba en su alcoba. Bajó 18 escalones a la planta baja, se introdujo en la bañera, la levantó y descendió siete escalones para después desaparecer entre las aguas negras.

“Lo sentimos tan cerca, afortunadamente dejó un hilito donde jalar”, dijo un mando naval.

Cuando descubrieron la bañera todavía oyeron que alguien decía dentro: “Dele jefe, que lo van a agarrar”.

Esa fuga lo mantuvo libre otros cinco días.